La Revolución de las Cacerolas
Alejandro Bodart - Dirigente del MST e Izquierda Unida
Nada será igual en Argentina tras las jornadas revolucionarias
del 19 y 20 de diciembre de 2001. Estas fe-chas quedarán grabadas
en la memoria colectiva como el inicio de un cambio histórico.
Su importancia tras-ciende nuestras fronteras. Comenzó una revolución
sin precedentes. Millones de trabajadores, desocupados, jóvenes,
pequeños comerciantes y productores han confluido y ganado las
calles. Su fuerza se volvió impara-ble. En días, barrieron
a varios presidentes. Tumbaron el modelo económico que hundió
el país. Le dieron un golpe mortal al régimen político,
construido en base a la alternancia de los viejos partidos burgueses
y el control del movimiento de masas por las distintas alas de la burocracia
sindical. Están decididos a ir por más y siguen movilizándose.
Tomaron conciencia de que su fuerza puede vencer cualquier obstáculo.
Saben quiénes son los responsables del desastre. Comienzan a
elaborar un programa para que la crisis la paguen los de arriba. Pe-lean
por recuperar el nivel de vida digno que merecen. Se organizan en los
barrios y lugares de trabajo. Empie-zan a visualizar en la izquierda
la nueva dirección política y sindical que se necesita.
Sacar las principales con-clusiones de esta gesta histórica es
de vital importancia para los que luchamos por una sociedad distinta,
sin hambre ni explotación, libre de toda dominación imperialista,
realmente democrática, socialista. Porque concre-tarla puede
depender de lo que hagamos los revolucionarios durante los próximos
meses.
Nada será igual en Argentina tras las jornadas revolucionarias
del 19 y 20 de diciembre de 2001. Estas fe-chas quedarán grabadas
en la memoria colectiva como el inicio de un cambio histórico.
Su importancia tras-ciende nuestras fronteras. Comenzó una revolución
sin precedentes. Millones de trabajadores, desocupados, jóvenes,
pequeños comerciantes y productores han confluido y ganado las
calles. Su fuerza se volvió impara-ble. En días, barrieron
a varios presidentes. Tumbaron el modelo económico que hundió
el país. Le dieron un golpe mortal al régimen político,
construido en base a la alternancia de los viejos partidos burgueses
y el control del movimiento de masas por las distintas alas de la burocracia
sindical. Están decididos a ir por más y siguen movilizándose.
Tomaron conciencia de que su fuerza puede vencer cualquier obstáculo.
Saben quiénes son los responsables del desastre. Comienzan a
elaborar un programa para que la crisis la paguen los de arriba. Pe-lean
por recuperar el nivel de vida digno que merecen. Se organizan en los
barrios y lugares de trabajo. Empie-zan a visualizar en la izquierda
la nueva dirección política y sindical que se necesita.
Sacar las principales con-clusiones de esta gesta histórica es
de vital importancia para los que luchamos por una sociedad distinta,
sin hambre ni explotación, libre de toda dominación imperialista,
realmente democrática, socialista. Porque concre-tarla puede
depender de lo que hagamos los revolucionarios durante los próximos
meses.
En la mañana del 19/12, los saqueos a supermercados que habían
comenzado el fin de semana en varias provincias se generalizan a todos
los municipios del Gran Buenos Aires, Rosario y Capital. En Córdoba
y La Plata varios gremios se movilizan y chocan con la policía.
En las primeras horas de la tarde, empieza a circular el rumor de que
trabajadores y vecinos de distintos lugares se organizan para marchar
hacia Plaza de Mayo. Llegan noticias sobre los primeros muertos. Por
la noche, el presidente anuncia el estado de sitio. El PJ apoya. La
bronca estalla y suenan las cacerolas. Espontáneamente, sin que
nadie convoque, desde cada barrio de la Capital y las barriadas obreras
y populares del conurbano bonaerense se inicia la marcha hacia Plaza
de Mayo. A la una de la madrugada la Plaza está colmada, igual
que el Congreso y las principales arterias céntricas. Pero una
marea humana sigue llegando. Al rato, la represión. La gente
no cede y la enfrenta. Arden barricadas. De-cenas de miles avanzan y
retroceden hasta que desbordan a la policía. Otra vez se recupera
la Plaza. A las tres se anuncia que cayó Cavallo. Pero la decisión
es seguir hasta que se vaya De la Rúa.
Cientos de jóvenes pasan la noche en Plaza de Mayo. El 20, desde
temprano, vienen más, muchos desde el GBA. A mediodía
son varios miles. Se suman trabajadores de los bancos y comercios cercanos.
A las dos de la tarde ya son varias decenas de miles. Se reinicia la
represión. Pero los luchadores tienen la firme decisión
de enfrentarla, aun a costa de la vida. Durante horas arrecian los combates.
Hay barricadas en varias cuadras a la redonda. La columna móvil
del sindicato de motoqueros va y viene con información, comunicando
los frentes de batalla. Llueven las piedras y todo elemento es útil
para contener los embates represivos. Los grupos de elite y la Gendarmería
no pueden salir de Plaza de Mayo. De la Rúa se niega a renunciar
y llama al PJ a sumarse al gobierno. Pero su suerte ya está echada
desde la noche anterior y nadie de quienes lo apoyaron hasta horas antes
del levantamiento quiere hundirse con él. A las 19 horas renuncia.
Su huída en helicóptero desde los te-chos de la Casa de
Gobierno, imagen clásica de toda gran victoria popular, recorre
el país y el mundo.
Argentinazo triunfante
El 19 y 20 se produjo una insurrección revolucionaria espontánea,
sin dirección, obrera y popular, multitudi-naria y nacional,
aunque su epicentro indiscutido fue la Capital y el GBA, que barrió
al gobierno, destruyó el plan económico e hirió
de muerte al régimen democrático-burgués1.
Una característica destacada de este proceso revolucionario es
que se dio contra todas las direcciones polí-ticas y sindicales
tradicionales. Nada lo grafica mejor que algunas de las consignas más
cantadas desde esos días a hoy en cada movilización: "sin
peronistas, sin radicales, vamo' a vivir mejor", "adónde
está, que no se ve, esa traidora CGT", "que se vayan
todos, que no quede ni uno solo". Esto demuestra que se produjo
una ruptura histórica con los viejos partidos y dirigentes sindicales
que por décadas contuvieron a la clase obrera y el pue-blo. Esta
nueva realidad, junto al hecho de que todavía no haya surgido
ninguna dirección alternativa con peso de masas o hegemónica
en la vanguardia -pese a la simpatía creciente de franjas enteras
con la izquierda-, ha provocado una situación de vacío
político como pocas veces, o ninguna, se vio en el mundo.
Aunque no hay cifras oficiales confiables sobre el número de
participantes en estas gloriosas jornadas, los datos parciales indican
que se movilizaron millones. A nivel nacional, cientos de miles tomaron
parte en los saqueos. Se calcula en 600.000 los participantes de las
acciones que culminaron en Plaza de Mayo el 19. El sector más
combativo, el 20, abarcó unos 30 ó 40.000 jóvenes.
Cientos de miles más organizaron piquetes armados en los barrios
humildes de Capital y el GBA durante el 21, 22 y 23/12, ante el rumor
de saqueos a sus viviendas.
Si bien la insurrección tuvo su epicentro en el conurbano bonaerense
y la Capital, no hay que perder de vista que la movilización
fue nacional y hubo otros lugares muy activos, como Rosario. Así
lo atestiguan los más de 40 muertos y miles de heridos y detenidos,
muchos de ellos del interior.
El rol de la clase obrera y la traición de la burocracia
Por la importancia que tiene en este proceso el vuelco masivo de los
sectores medios, hay quienes -por con-fusión o mala intención-
intentan transmitir a la opinión pública que las acciones
revolucionarias del 19 y 20 en esencia fueron protagonizadas por la
clase media y que la clase obrera estuvo ausente. En realidad, el peso
de los trabajadores fue determinante y aportaron el mayor caudal de
participantes en esas jornadas, como así también los muertos,
heridos y detenidos. Esto explica la contundencia de las acciones.
No obstante, esto no puede hacernos perder de vista que por responsabilidad
de los dirigentes de las distin-tas alas de la burocracia sindical,
los trabajadores ocupados y desocupados no participaron organizadamente,
sino en forma individual y espontánea.
La CGT de Daer y la de Moyano se borraron completamente y no abrieron
la boca durante los dos días de enfrentamientos. Recién
hablaron cuando todo había terminado, para llamar a un paro "dominguero"
el 21 -que después también levantaron- con el objetivo
reaccionario de sacar a la gente de las calles. La CTA, junto al Frenapo,
nuevo movimiento político de centroizquierda que intenta armar
con el ARI y el Polo Social, tomó una actitud pérfida.
El 19 trabajaron intensamente para desmovilizar a los trabajadores estatales,
de la educación y la salud, que comenzaban a organizarse para
ir a Plaza de Mayo. Como maniobra para evitar que sus afiliados fueran,
la CTA llamó a una reunión en la sede del Frenapo, que
después levantó, dejando a muchos compañe-ros desorientados.
Más lamentable aún fue el rol de la CCC, por ser la corriente
sindical de una organización que se dice de iz-quierda. En vez
de ponerse a la cabeza de la movilización con la organización
de piqueteros que dirige junto a la CTA, acordó con ésta
levantar la marcha llamada para el 20 desde más de una semana
antes. El resto de la izquierda, en cambio, jugó un rol activo.
La crisis revolucionaria
Hay un debate entre muchos luchadores sobre cuál de las dos jornadas
fue la decisiva para voltear al go-bierno. Algunos opinan que fue la
movilización de masas del 19, otros el enfrentamiento de una
enorme van-guardia con las fuerzas represivas el 20. En verdad, las
dos fechas fueron fundamentales para lograr tan con-tundente triunfo.
Sin el cacerolazo masivo del 19 difícilmente hubiera caído
el gobierno. Pero sin la respuesta contundente de esa vanguardia de
masas el 20, posiblemente De la Rúa hubiera prolongado su agonía
varios días.
La movilización fue tan fuerte que desde un primer momento paralizó
al gobierno y a todas las instituciones del régimen, incluidas
las FF.AA. Desde que comenzó se abrió un vacío
de poder absoluto que duró casi cinco días y recién
empezó a cerrarse el 23, cuando la Asamblea Legislativa votó
como presidente a Rodríguez Saá. En este período
nadie gobernó el país. Entre la burguesía y los
partidos patronales reinó el pánico y quedaron en estado
de shock. Tardaron días en reponerse, asimilar lo que había
sucedido y buscar una salida de emer-gencia.
Las imágenes de TV mostraron cómo las fuerzas represivas
provinciales y la Policía Federal fueron sobre-pasadas por los
hechos y casi no tuvieron intervención contra los saqueos. La
acción de masas abrió una dis-cusión al interior
de las fuerzas represivas que las paralizó. Se debate en comisarías
e incluso cuarteles qué hacer ante semejante situación.
Debido a esto, al odio del pueblo hacia las FF.AA. y el temor a echar
más leña al fuego, los altos mandos emiten un comunicado
informando que no van a salir a la calle a menos que el Par-lamento
lo vote por unanimidad, algo totalmente imposible. Sólo las fuerzas
especiales de la Federal y la Gen-darmería reprimieron con saña
algunos saqueos y garantizaron que las masas no tomen por asalto la
Casa Rosada y el Congreso.
Esta situación de derrumbe del gobierno y parálisis institucional,
que llevó a que por días nadie gobernara, es lo que llamamos
crisis revolucionaria. Cuando la burguesía empieza a reponerse
del tremendo golpe recibi-do, apela al PJ y al Parlamento: actuaron
lo más rápido que pudieron para llenar así sea
en parte el vacío y designaron de apuro al justicialista Rodríguez
Saá.
Ascenso y caída de Rodríguez Saá
Saá asume en medio de un ascenso revolucionario colosal, como
nunca se vio en Argentina. Es un gobierno extremadamente débil2.
Su propia designación es fruto de una improvisación total
por parte del Congreso, co-rrido por el apuro de poner a alguien, no
importa quién, para intentar cubrir el tremendo vacío
creado.
Tratando de desmontar el proceso revolucionario, Rodríguez Saá
apeló a un discurso populista y desde el primer día promete
de todo: no pagar más la deuda externa, un millón de planes
Trabajar (subsidio al desem-pleo), aumentar el salario mínimo,
anular el recorte del 13% a los jubilados y la reforma laboral... No
dice cuán-do devolverá la plata a los ahorristas y se
normalizará el pago de sueldos y jubilaciones.
Ante sus declaraciones, recibe el apoyo entusiasta de cuanto oportunista
anda suelto. Lo visitan Daer y Mo-yano, De Genaro; Alderete (CCC) y
D'Elía (CTA) acompañados por Pitrola (Polo Obrero) en
nombre de la Mesa Piquetera. Hasta Hebe de Bonafini y las Madres volvieron
a entrar a la Casa de Gobierno después de años. Todos
ellos hacen declaraciones públicas esperanzadoras, tratando de
abrir expectativas en el nuevo gobierno.
Pero si Saá se vio obligado a prometer tanto, es porque se lo
impuso la movilización popular. No había que tenerle ninguna
confianza y seguir en las calles para que cumpla con sus promesas, devuelva
la plata de los bancos y todo lo que nos sacaron durante años.
Si nos desmovilizábamos, Saá volvería a aplicar
un plan al servicio de los ricos y el FMI como el que ya estaba diseñando
para llevar la inflación a las nubes mediante la emisión
descontrolada de una nueva moneda.
Envalentonado con estas muestras de apoyo, Rodríguez Saá
se desubica. Busca anular el llamado a elec-ciones que el Parlamento
había votado para el 3/3, a fin de quedarse dos años en
el poder. Se rodea de perso-najes corruptos, como Grosso, y en aras
de su proyecto se fotografía con Menem y los nefastos dirigentes
de la CGT...
Olvidó que la revolución seguía y el movimiento
de masas ya no confiaba en los viejos dirigentes que él re-presentaba.
El 28/12, a cinco días de asumir, un estruendoso cacerolazo y
marcha multitudinaria a Plaza de Mayo lo hacen renunciar. Se abre así
una nueva crisis revolucionaria, mucho más profunda que la anterior.
Otra vez nadie gobierna. Hasta el presidente del Senado, que sigue en
la línea sucesoria constitucional, ni siquiera acepta asumir
hasta que se reúna el Parlamento. Esta crisis durará cuatro
días, hasta que el Congreso nombra a otro presidente justicialista:
Duhalde.
¿Quién tiró a Rodríguez Saá?
Desde algunas organizaciones que se dicen de izquierda, se ha querido
mostrar la caída de Saá como un operativo montado por
el imperialismo, sectores de la burguesía y la derecha del PJ.
La CCC y el PTP llevaron más a fondo esta definición y
llegaron a insinuar que este gobierno era el de la famosa "unidad
popular" por la cual ellos luchan desde hace años. Su dirigente,
el Perro Santillán, incluso llamó públicamente
a defender a Saá de los ataques... de la derecha.
La realidad es que a Saá lo volteó el nuevo levantamiento
popular del 28/12. Ese día por la mañana los fe-rroviarios,
dirigidos por la nueva dirección combativa del ex ramal Sarmiento,
paran por sus sueldos adeudados. Se suman los usuarios, con el incendio
de varios trenes y destruyendo la estación Once, muy cercana
al Con-greso. A la noche, decenas de miles salen a la calle. Mas de
100.000 llenan Plaza de Mayo y un grupo fuerza las puertas de la Casa
Rosada. Los dispersa la policía. Van al Congreso, entran y prenden
fuego. Los une un mismo canto: "que se vayan todos..."
Tener claro esto es central para entender la magnitud del proceso abierto.
Estamos viviendo la revolución más grande de la historia
argentina. Frente al gobierno y el régimen ha surgido otro poder.
La reacción popular el 28 mostró que desde la semiinsurrección
del 19 se desarrolla un poder alternativo por parte del movimiento de
masas. Es un doble poder en las calles, espontáneo, no organizado
y capitaneado por la nueva vanguardia de masas. Esto se manifiesta a
través de la irrupción masiva de decenas de miles de trabajadores,
jóvenes, desocupados y sectores medios hacia los centros del
poder para reclamar por sus demandas y hacer conocer su negativa a cada
acto del gobierno y el Congreso.
A partir de este marco imprescindible, podemos considerar otros factores
que contribuyeron a la caída de Saá. Sus anuncios populistas
preocuparon al imperialismo y sectores patronales. No porque lo creyeran
antiim-pe-rialista (en sólo cinco días pagó casi
u$s 400 millones al FMI), sino porque prometía cosas imposibles
que podían echar más leña al fuego. También
actuó la nueva crisis abierta en el PJ, cuando insinuó
romper el pacto para llamar a elecciones que habían alcanzado
en la Asamblea Legislativa. Esto provocó que Saá quedara
bastante aislado y nadie se jugara a defenderlo. Pero todo podría
haberse arreglado y negociado al interior del régimen si el pueblo
no salía a la calle y le daba un golpe mortal como el que sufrió
el 28.
El turno de Duhalde
Al nuevo gobierno de Duhalde también podemos definirlo como kerenskista.
Surge de manera menos impro-visada que el de Saá y fruto de una
discusión más a fondo con el imperialismo, la burguesía
y el conjunto de los partidos patronales del país, incluida la
centroizquierda. Su gobierno responde a los sectores más influyentes
del PJ, mientras que el anterior era apoyado sobre todo por los gobernadores
de las provincias chicas y los restos del menemismo. La UCR y el Frepaso
integran su gabinete. Toda la burocracia sindical -CGTs y CTA- se sumó
a la concertación. La ONU lo respalda. Y hasta la Iglesia, a
riesgo de un alto costo, actúa públicamente a su lado
como pocas veces en la historia.
A todos los privilegiados los unió el espanto. Saben que deben
desmontar ese doble poder instalado en las calles antes de que se termine
institucio-nalizando y pueda dar lugar al fortalecimiento de una dirección
revolu-cionaria que les dispute el poder. Esta unidad burguesa hace
que debamos prepararnos para un gobierno que intentará pelear
mucho más que el de Saá para evitar caer. Apelará
a medidas cada vez más represivas y a la patota.
Sin embargo, esto no debe confundir y creer que es un gobierno fuerte.
El gobierno de Duhalde es ultra-débil y eso se irá acentuando,
ya que por la crisis no puede solucionar ninguno de los problemas de
fondo del movi-miento obrero y popular. Eso le impedirá ganar
una base social de apoyo. No puede devolver la plata a los aho-rristas,
pagar los salarios y jubilaciones, crear empleo y otorgar un seguro
digno a los millones de desemplea-dos. Tampoco evitar que se descontrole
la inflación y por esa vía que aumenten aun más
las penurias popula-res. Para hacer todo eso, tendría que romper
definitivamente con el FMI, expropiar a los bancos y multinaciona-les
de las cuales él y todos los partidos que lo acompañan
son testaferros y empleados.
Duhalde es tan débil que no pudo legitimarse mediante una elección,
porque tenían miedo de perderla. Tampoco puede impulsar una reforma
política a fondo para lavarse la cara, porque tiene pánico
de llamar a elecciones a una Asamblea Constituyente. Por eso seguirá
profundizándose el odio que ya existe contra el PJ y todos los
partidos de la burguesía, contra el Parlamento, la Justicia y
demás instituciones que siguen al frente del Estado. Por otro
lado, tampoco puede seguir garantizándoles las mismas ganancias
a los bancos y privati-zadas, ni el pago de la deuda al FMI. Para eso
necesitaría derrotar al movimiento de masas, cuando hoy está
a punto de que sean ellas quienes lo derroten a él. Esta situación,
con presiones por todos lados, crisis y roces en las alturas, lo paralizan
y agudizan todavía más la crisis general.
Se viene otro estallido
Esta revolución sigue su curso y no descansa ni los días
feriados. Duhalde fue repudiado por un nuevo cace-rolazo y marcha a
Congreso y Plaza de Mayo, de entre 30 y 50.000 personas, el mismo día
que asumió. Esta movilización, el 1°/1, fue protagonizada
mayormente por trabajadores y sectores medios de Capital, que expre-saron
así el rechazo a su designación. Se cantó "yo
no lo voté" y "elecciones". Una vez más,
se vio que el doble poder en las calles sigue vivo.
Otra expresión contundente y superior se dio el 10/1, cuando
más de 100.000 personas marcharon -¡otra vez!- a Plaza
de Mayo. Esta vez el principal reclamo fue la entrega inmediata del
dinero que se robaron los bancos y que Duhalde se vaya. Desde entonces
se producen protestas muy fuertes y violentas a diario. No sólo
en Capital y provincia de Buenos Aires, sino también en pueblos
y ciudades del interior. Pelean estatales y mu-nicipales por el pago
de sus sueldos. Hay huelgas de obreros y empleados de empresas privadas
contra los despidos y puebladas que terminan destrozando los bancos,
haciendo renunciar funcionarios y obligando a los intendentes a cumplir
sus demandas, siguen organizándose los desocupados para cortar
rutas reclamando subsidios, por todos lados hay cacerolazos, marchas
de miles para que renuncie la Corte Suprema...
Lo nuevo es que a la par que avanza la movilización comienza
a ganar mucha fuerza la autoorganización. En casi todos los barrios
porteños surgen asambleas de vecinos que votan programas, forman
diversas comi-siones, organizan marchas y se coordinan con otros barrios,
indicando que ese doble poder en las calles inició un proceso
de institucionalización. Este fenómeno se está
extendiendo al GBA e interior del país. Más lento, también
comenzó a reorganizarse el movimiento piquetero después
de la agachada de sus dirigentes y en al-gunos gremios estatales surgen
organismos autoconvocados y coordinadoras. Otro proceso decisivo en
desa-rrollo es el de nuevas direcciones combativas en el movimiento
obrero (como ferroviarios, docentes, ceramis-tas) y estudiantil, dentro
del cual se destaca el triunfo de la izquierda y los independientes
en la Federación Universitaria de Buenos Aires.
Las luchas en curso y este proceso incipiente de organización
preanuncian lo que se viene. Nuevas movili-zaciones de masas se están
gestando y pueden producirse en cualquier momento, lo que hace prever
que nue-vas crisis revolucionarias a corto o mediano plazo son la perspectiva
más probable. Para eso hay que preparar-se. Se hará más
aguda la necesidad de una alternativa política para disputar
el gobierno, y por eso es preciso avanzar en la construcción
de un partido sólidamente organizado.
El carácter de la revolución en curso
El hecho de que la revolución que estamos transitando se haya
producido sin ninguna dirección (reformista o revolucionaria)
al frente y sin ningún tipo de organización (nuevos organismos)
por parte del movimiento de masas, ha desorientado a casi toda la izquierda.
Como no entienden lo que está pasando y nada parece enca-jar
en sus esquemas, algunos llegan al absurdo de negar la realidad. ¿Cómo
podemos hablar de revolución si el PJ se quedó con el
gobierno?, nos contestan. Aunque no llegan a decirlo abiertamente muchos
de estos sec-tores minimizan la acción del movimiento de masas
y tienden a darle peso determinante a caracterizaciones maquiavélicas
sobre supuestas maniobras de la derecha del PJ para quedarse con el
poder. Esta visión equi-vocada les impide sacar las principales
lecciones de lo que está sucediendo y actuar en consecuencia.
No sólo estamos en medio de una revolución, sino que esta
es la más trascendente de toda la historia ar-gentina. Por lo
que ya logró y porque sigue avanzando de una manera cada vez
más revolucionaria. Es supe-rior, por ejemplo, a la revolución
que tiró a la dictadura, porque a continuación el movimiento
de masas depositó su confianza en la "democracia" tramposa
de la burguesía. También al estallido que terminó
con el gobierno de Alfonsín, porque el peronismo y el régimen
no estaban tan desgastados.
Esta vez, el movimiento de masas se ha levantado no sólo contra
un gobierno sino contra el régimen en su conjunto3, cuestionando
cada día con más fuerzas al propio sistema capitalista
argentino. Salió primero contra De la Rúa, pero la siguió
contra Rodríguez Saá y ahora va por Duhalde, porque se
ha producido una ruptura histórica con los viejos partidos patronales.
Repudia a los dirigentes sindicales burocráticos, sin importar
de qué central o agrupamiento sean. Quiere terminar con la máxima
instancia de la justicia de los ricos: la Corte Su-prema. Odia al Parlamento
y por eso toda movilización termina en sus escalinatas y crecen
los escraches a diputados y senadores. Con la misma bronca ve a los
gobernadores, intendentes, legislaturas y consejos deli-berantes. Pero
no busca ni piensa que los militares o la derecha son una salida, sino
que por el contrario los repudia y se moviliza para que sus crímenes
no queden impunes. Pelea por una serie de reivindicaciones pero se ha
hecho consciente de que hay que sacarle la plata a los ricos. Por eso
va contra los bancos, contra las grandes empresas privatizadas y no
quiere que se pague un peso más al FMI. De esta forma, todavía
sin saber-lo y de manera inconsciente, la movilización permanente
que han iniciado los está llevando a tomar en sus ma-nos gran
parte del programa por el cual los socialistas revolucionarios venimos
luchando desde hace casi un siglo4.
Es cierto que todo comenzó con un estallido espontáneo,
sin ningún tipo de organización. Pero desde el pri-mer
día fue tomando fuerza un poder alternativo (en las calles) al
del gobierno y el conjunto de las instituciones del régimen,
que es lo que explica lo que fue sucediendo posteriormente. Ahora ese
doble poder ha comenzado a organizarse. Primero surgieron asambleas
en cada barrio de la Capital y ahora se ha dado el salto cualitativo
de coordinar entre todas ellas, al punto que gana fuerza un nuevo organismo
que agrupa a la mayoría de los barrios porteños y representa
a decenas de miles de vecinos. Este proceso está siendo imitado
en zonas del Gran Buenos Aires, en muchas ciudades del interior y en
cualquier momento puede pegar el gran salto de plan-tearse la coordinación
nacional. La revolución tiene tanta fuerza, que ya está
gestando sus primeras institucio-nes obreras y populares.
Unir a la izquierda y también a los revolucionarios
También es parte de la realidad que las jornadas revolucionarias
que se están produciendo no tienen una di-rección reconocida
al frente. A un grado tal que nunca en nuestro país se había
visto una situación donde el vacío de dirección
sea tan absoluto. Pero decir sólo esto es quedarse a mitad de
camino, si a continuación no se dice que se ha producido también
una revolución en la cabeza como nunca antes había sucedido.
Y que parte de este nuevo proceso es la creciente simpatía que
está ganando la izquierda, mientras la centroizquier-da y las
corrientes oportunistas se desdibujan y tienden a desaparecer. Esto
plantea objetivamente la posibili-dad presente de construir un partido
revolucionario con influencia de masas.
Encarar con fuerza y rápidamente esta tarea es el desafío
más importante que está planteado. El movimien-to de masas
ya se ha decidido a poner todo su ímpetu revolucionario al servicio
de imponer los cambios de fondo que se necesitan. Su empuje tiene la
fuerza necesaria como para derribar todo lo que se le cruza en el camino.
Pero está demostrado que sin un gran partido revolucionario es
imposible que los trabajadores y el pueblo logremos nuestro propio gobierno
y los cambios de fondo por los que estamos peleando.
Los luchadores tenemos que hacer todos los esfuerzos que sean necesarios
para construir esta herramienta fundamental. Nuestro partido, el MST
(integrante de Izquierda Unida) ya ha asumido este compromiso. Nos hemos
jugado activamente y con todas nuestras fuerzas en las acciones revolucionarias
que se vienen reali-zando. Hicimos propuestas políticas para
responder a las necesidades de cada momento. Seguimos defen-diendo la
continuidad de la movilización y somos fanáticos impulsores
de la autoorganización de los vecinos y de las nuevas direcciones
que están surgiendo en el movimiento obrero, en desocupados y
el estudiantado. Invitamos a todos los compañeros que nos conocen
a sumarse y hacer grande a nuestra organización. Al mis-mo tiempo
y sin ningún tipo de sectarismo, impulsamos la más amplia
unidad posible.
Desde hace un tiempo se ha transformado en una necesidad el impulso
y la concreción de la unidad de toda la izquierda. Incluso con
organizaciones de izquierda reformistas. Porque todavía nadie
tiene la suficiente fuerza como para postularse solo para ocupar el
tremendo vacío existente. Por eso venimos construyendo Izquierda
Unida junto a otras corrientes y peleamos por una unidad mayor. La unidad
de la izquierda es clave para impul-sar la movilización contra
los gobiernos de turno; un programa de emergencia para que la crisis
la paguen los ricos y el FMI; la autoorga-nización en los barrios
y el surgimiento de nuevas direcciones en los sindicatos, en desocupados
y la juventud. También para presentar una opción fuerte
en el terreno electoral que pueda dispu-tarle con éxito amplias
franjas de masas a los viejos partidos.
Pero lo nuevo que nos plantean los cambios que estamos viviendo es que
junto con la unidad de toda la iz-quierda, se hace más necesario
que nunca impulsar una unidad más estratégica: la unidad
de los revoluciona-rios5. La unidad de todos aquellos que peleamos no
sólo por tirar gobiernos, sino que creemos que la salida para
los problemas que nos agobian es tomar el poder e imponer un gobierno
de los que nunca gobernaron, de los de abajo, de los trabajadores y
el pueblo. La unidad de los que queremos que se vayan todos y tirar
este régimen corrupto, pero además imponer un régimen
distinto, basado en la democracia más absoluta y donde los que
decidan todo sean los vecinos y trabajadores autoorganizados. La unidad
de los que queremos barrer a todos los dirigentes vendidos de los sindicatos
para impulsar la más amplia democracia obrera. De los que no
sólo queremos que los bancos y las grandes empresas nos devuelvan
la plata, sino que estamos convencidos de que la única salida
para que no nos roben más es expropiar a los banqueros y grandes
empresarios, sociali-zar los recursos de la economía y ponerlos
al servicio de todos. De los que queremos dejar de pagar la deuda y
también romper definitivamente con el imperialismo y extender
la revolución a toda América Latina y el mundo.
La unidad de los que tenemos conciencia de que el gran partido que hace
falta debe ser el más democrático de todos los existentes,
sin diluir la necesidad imperiosa de poder actuar centralizadamente
cuando la situación así lo impone. Para construir esta
herramienta es necesario abrir una discusión entre las organizaciones
de izquierda revolucionarias que ya existen, especialmente con aquellas
que tenemos en común ser parte del mo-vimiento trotskista. Pero
el aporte fundamental solamente lo pueden dar los miles y miles de luchadores
que han salido a la calle durante todas estas jornadas. Es por eso que
a todos ellos queremos invitarlos francamen-te a que nos acompañen
para dar pasos firmes en esta perspectiva. No nos interesa si son independientes
o provienen de alguna experiencia de izquierda, si han sido del Frepaso,
el radicalismo o el peronismo. Lo esen-cial es que crean que otra sociedad
es posible y que vale la pena seguir luchando hasta alcanzarla.
1 Aunque hablemos de estallido o insurrección en términos
periodísticos, la definición científica de lo ocurri-do
es semiinsurrección. Nuestra corriente ha insistido en llamar
así a los estallidos espontáneos y sin dirección,
para que no se confundan con aquellas movi-lizaciones revolucionarias
que con una dirección al frente y de manera planificada tienen
como objetivo tomar el poder político del Estado.
2 Nuestra corriente ha acuñado una definición para los
gobiernos patronales tan extremadamente débiles como este, que
asumen en medio de una revolución. Los llamamos kerenskistas,
por las similitudes con el go-bierno que surgió en Rusia después
de que la Revolución de Febrero del 17 tirara abajo al zarismo.
3 La movilización ha sido tan grande que no solo ha golpeado
al régimen democrático burgués, sino que ha logrado
imponer cambios en el mismo. Han perdido peso y se han debilitado todas
sus instituciones, a la par que comienza a tomar forma otro poder que
está dando sus primeros pasos para institucionalizarse (asambleas
barriales). Por eso debemos definir que hay fuertes elementos de régimen
kerenskista.
4 Por todo esto es que podemos definir la revolución en curso
como socialista inconsciente o de febrero, en el sentido de que toma
tareas socialistas sin una dirección revolucionaria al frente.
Es nuevamente una analogía con la revolución que precedió
a la de Octubre del 17 en Rusia (la única que fue dirigida por
un partido revolu-cionario).
5 Esta política, que nuestra corriente ha denominado frente único
revolucionario (FUR), es exploratoria e im-plica confluir con sectores
que avancen a posiciones revolucionarias y se planteen la construcción
de un partido revolucionario con influencia de masas.
Declaración de la UIT-CI
La revolución argentina conmueve al mundo
El movimiento obrero y los pueblos del mundo siguen a diario, y con
entusiasmo, los sucesos revolucionarios de Argentina. Los trabajadores
y el pueblo argentino han demostrado, una vez más, que el poder
de la movilización de las masas es colosal y que se puede derrotar
a los gobiernos títeres del imperialismo y del FMI. La implantación
del estado de sitio y la represión desatada, que provocó
29 muertos, no pudo detener el torrente de la movilización.
La insurrección obrera y popular de los días 19 y 20 de
diciembre, quedará en la historia como el "Argentinazo"
que barrió al gobierno proyanky de Fernando De la Rúa
y Domingo Cavallo. El 19 la rebelión popular comenzó,
por la mañana, con saqueos masivos a los supermercados del Gran
Buenos Aires, Rosario y de los barrios más populosos de la ciudad
de Buenos Aires. También a la mañana hubo marchas y choques
con la policía de docentes y estatales en las ciudades de La
Plata y Córdoba. En el ambiente de las masas flotaba las ganas
de ir a Plaza de Mayo. Al mediodía el MST y grupos de Izquierda
Unida convocaron y concurrieron a la Plaza, pero no se masificó.
El detonante fue el discurso de De la Rúa que, a las 22 horas,
decreta el estado de sitio y llama a la "calma". A partir
de allí en todos los barrios de Buenos Aires y el Gran Buenos
Aires, la gente empezó a salir con cacerolas, platos de metal,
tambores, pitos, latas y todo lo que tuvieran a mano que sirviera para
hacer ruido y empezaron a caminar hacia la Plaza. Sin que nadie hubiera
convocado. A la una de la mañana la Plaza estaba llena. El grito
central era ¡"Que se vayan"!. Y la gente no dejó
de llegar. También se fue llenando la plaza frente al Congreso.
A las una y media se supo que había renunciado Cavallo. Lo que
se festejó como si Argentina hubiera ganado un campeonato mundial
de fútbol. ¡Ahora que se vaya de la Rúa!, fue la
respuesta. A las dos de la mañana empezó la represión
con gases y disparos de balas de goma. La gente se replegó pero
volvió a la carga, ya con piedras, instalando barricadas y fogatas
para contrarrestar a los gases. Escenas parecidas se repetían
en el Congreso. La pelea duró hasta las cuatro de la mañana
y finalmente la policía se replegó. Se calcula que llegaron
a salir a la calle cerca de 600 mil personas. El 20 fue decisivo para
terminar de tumbar al gobierno. La gente empezó a concentrase
desde la media mañana en Plaza de Mayo. La policía arremetió
con todo. Hasta con la caballería. Todo terminó en un
duro combate en las calles y avenidas que desembocan en la histórica
plaza. Fue una batalla campal que duró casi todo el día.
Miles de jóvenes devolvían cada arremetida de la policía,
que no pudo salir de los cien metros a la redonda de la Plaza. Unos
seis jóvenes cayeron asesinados por la policía. Finalmente
De la Rúa cayó.
La revolución triunfa echando a patadas a ese gobierno. Y asume
el efímero gobierno del PJ de Rodríguez Saá. El
nuevo gobierno batió el récord: duró siete días.
El 28 de diciembre un nuevo "cacerolazo" de miles de manifestantes
llena la Plaza de Mayo enfrentando otra vez a la represión y
barre al nuevo gobierno. Esta vez las masas fueron más allá.
Un sector intentó quemar el Congreso Nacional. Otros llegaron
a las puertas de la Casa Rosada(sede del gobierno) y pintaron sus paredes.
Las masas en la calle salieron a reclamar contra una nueva estafa política
y a repudiar al gobierno de Saá que pretendía seguir robando
los sueldos y los ahorros del pueblo. "Que se vayan todos",
coreaba la multitud, junto a: "Sin peronistas y sin radicales,
vamos a vivir mejor". Esas fueron dos de las consignas centrales
de miles y miles de trabajadores, amas de casas, jóvenes, jubilados,
empleados, pequeños comerciantes, profesionales que salieron
en masa a la calle. De esa manera expresaban el odio generalizado hacia
los partidos y políticos que vienen gobernando Argentina para
saquearla al servicio del FMI, la banca y las multinacionales. Las masas
pasaron por arriba, incluso, de todas las direcciones sindicales del
movimiento obrero argentino, que estaban "debajo de la cama"
mientras las masas salían a la calle ignorando el estado de sitio
que había decretado De la Rúa. Por otro lado, la izquierda
empezó a ser vista como una alternativa política para
una amplia franjas de masas.
La caída de De la Rúa y Rodríguez Saá fue
el resultado de un largo proceso de lucha de los dos últimos
años que se manifestó en siete huelgas generales, huelgas
de docentes, estatales y de otros gremios; cortes de rutas de los desocupados
y todo tipo de movilización popular.
La revolución obrera y popular ha logrado un triunfo tras otro.
Por eso millones en el mundo ven que el pueblo trabajador argentino
está marcando un camino y un ejemplo a seguir. Para el imperialismo
y los de arriba ha significado un mazazo. Y más cuando el imperialismo
norteamericano y sus aliados de la Unión Europea querían
mostrar, con su criminal agresión al pueblo de Afganistán,
que ellos son imbatibles. En Argentina han sufrido un duro golpe. En
Latinoamérica estuvieron los antecedentes del Caracazo, las caídas
por la movilización revolucionaria de Collor de Mello en Brasil;
de Bucaram y Mahud en Ecuador y de Fujimori en Perú. Pero en
Argentina el golpe es más duro porque era el país-modelo
del imperialismo y del FMI era el ejemplo de "reformas estructurales",
del "éxito" del modelo privatizador y del supuesto
"crecimiento" económico.
Hoy ellos mismo reconocen que Argentina está quebrada. Con una
de las deudas externas más altas del mundo, con millones de desocupados
y hambrientos. Pero los trabajadores y el pueblo argentino dijeron ¡Basta!
y salieron por centenares de miles a hacer cacerolazos, huelgas, cortes
de ruta y los hambrientos saquearon los supermercados.
El gobierno de Duhalde, ex-vicepresidente de Menem, va a intentar frenar
la movilización revolucionaria. Para eso trata de ser un gobierno
de unidad nacional burguesa, no solo del PJ. Por ello suma a ministros
de la Alianza ( UCR y la centroizquierda del Frepaso) y cuenta con el
aval del imperialismo y de gobiernos como el de Cardoso de Brasil. Pero
las nuevas medidas del gobierno son repudiadas por las masas, surgen
las asambleas barriales y empiezan a prepararse nuevos cacerolazos.
El imperialismo y sus gobiernos títeres del mundo tiemblan de
solo pensar que otros pueblos sigan el mismo camino de esa rebelión
de masas. Pero su temor más grande es que la revolución
argentina, objetivamente anticapitalista, no sea derrotada y se encamine
hacia una dura lucha en donde esté planteada la cuestión
del poder de los trabajadores y el pueblo. Para ello se necesita bregar
por el surgimiento de nuevas organizaciones obreras y populares de lucha
y de una dirección revolucionaria en Argentina.
En esas tareas está empeñada nuestra sección argentina,
el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), miembro de Izquierda
Unida, que propone la unidad de la izquierda y de los revolucionarios
y un gobierno de los trabajadores y la izquierda. El MST tuvo un rol
muy destacado en la rebelión popular. Desde hacia semanas levantaba
la necesidad de ganar las calles para hacer un Argentinazo. Sus militantes
fueron parte activa, desde los barrios, de los "cacerolazos".
Uno de los primeros grupos en llegar a la Plaza el 19 fue del MST, encabezado
por sus dirigentes Juan Carlos Giordano y la diputada Vilma Ripoll.
En esas jornadas revolucionarias, la sede central, ubicada en una vieja
y amplia casona del barrio de San Telmo (muy cerca de la Plaza), se
convirtió en un bullicio de centenares de trabajadores y jóvenes
que iban y venían en medio de los "cacerolazos" y los
enfrentamientos. Varios de sus militantes fueron víctimas de
la brutal represión.
También se necesita de la solidaridad internacional de los trabajadores
y los pueblos para rodear de apoyo al movimiento obrero y popular de
Argentina para que sostengan este primer triunfo revolucionario, frente
a cualquier intento de maniobra del imperialismo y para avanzar hacia
los cambios de fondo que reclaman los trabajadores y el pueblo.
Desde la UIT-CI y sus organizaciones llamamos a la más amplia
unidad de acción a las organizaciones que se reclaman antiimperialistas,
de la izquierda, sindicales, estudiantiles, campesinas y populares a
impulsar el apoyo y la solidaridad con la lucha del pueblo argentino
contra el gobierno de Duhalde, el FMI y el imperialismo. Proponemos
la unidad para convocar a los pueblos del mundo y en especial a los
de Latinoamérica para que sigan el ejemplo de Argentina y que
se preparen para salir a las calles, a hacer cacerolazos, huelgas generales,
movilizaciones masivas para enfrentar y derrotar a los gobierno títeres
del imperialismo y del FMI. Todos los pueblos latinoamericanos están
enfrentando al mismo enemigo: los planes de hambre y entrega al imperialismo
y FMI, la deuda externa y el intento de imponer el ALCA. Hay que apoyar
y defender que la suspensión de la deuda externa en Argentina,
que se impuso por la movilización revolucionaria, se extienda
por tiempo indeterminado. Que no se repita la farsa de Ecuador, que
después de suspender sus pagos el gobierno rápidamente
volvió a pactar con el FMI. Lo mismo prepara el gobierno de Duhalde.
Llamamos a los gobiernos de Cuba y Venezuela a que impulsen un movimiento
continental contra el pago de la deuda y el ALCA y que convoquen a conformar
un Frente de países deudores para no pagar y dar comida y trabajo
digno a los pueblos. Proponemos la más amplia unidad también
para reclamar por la investigación y castigo a los culpables
de los 29 manifestantes asesinados por la represión.
Una de las grandes oportunidades para crear este movimiento solidario
con la revolución obrera y popular argentina, en el camino de
enfrentar al imperialismo y a la globalización capitalista, es
la reunión del Foro Social Mundial de Porto Alegre de fines de
enero. Llamamos a todas las organizaciones convocantes y participantes,
al PT y a los Sin Tierra del Brasil, a las centrales sindicales, campesinas
y estudiantiles, a coordinar un plan de acción internacional
de apoyo a la lucha de los trabajadores y el pueblo argentino contra
el imperialismo y el FMI.
¡Viva la revolución obrera y popular de Argentina!
¡ En defensa del no pago de la deuda argentina!
¡Por un Frente de países deudores por el no pago!
¡Por el castigo a los que ordenaron asesinar a 29 manifestantes!
¡ Por la Segunda y definitiva Independencia Latinoamericana!
Secretariado Internacional de la UIT-CI 5 de enero de 2002
El MST y su política
Carlos Miranda
Como todas las revoluciones, el Argentinazo puso a prueba la intervención
y la política de los partidos revolucionarios, la izquierda y
las direcciones del movimiento obrero y popular. En otros artículos
reseñamos cómo actuaron las centrales obreras, en especial
la CTA (página 11) y cómo lo hizo la CCC (página
9), corriente sindical de peso entre los desocupados, orientada por
el PCR/PTP.
Aquí nos queremos detener en la intervención y política
del MST en las jornadas más intensas.
El Argentinazo colocó en primer lugar la necesidad de responder
con una política revolucionaria al problema del poder, del gobierno.
El vacío político generado por la caída de De la
Rúa primero y Rodríguez Saá después abrió,
en dos oportunidades, en el lapso de apenas una semana, el desafío
de plantearle al pueblo trabajador movilizado, una salida clara y revolucionaria
de gobierno. Había que responder también a otras cuestiones:
con qué plan se solucionarían los graves problemas populares,
cómo se reorganizaba un país expoliado por décadas
de penetración imperialista. Pero sobre todo, quién debía
gobernar en concreto. Esta es, en última instancia, la prueba
de fuego para una política revolucionaria.
Otra clave es la intervención en el proceso, vivo, real, del
movimiento de masas. Los cacerolazos fueron la síntesis, pero
el movimiento revolucionario, tuvo múltiples manifestaciones,
enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, piquetes armados en los
barrios, principalmente en el Gran Buenos Aires, saqueos a supermercados
y una larga lista de etcéteras. También las asambleas
barriales que empiezan a desarrollarse y se van extendiendo de la Capital
a la provincia y que tienden a coordinarse.
La importancia de estar preparados
Desde tiempo atrás el MST venía analizando que se había
abierto una situación revolucionaria. Una situación en
la que se podían producir revoluciones. Este análisis
se fue ajustando a medida que el gobierno de De la Rúa iba perdiendo
legitimidad. Así cuando con López Murphy se intenta implementar
un superajustazo se definió que se acercaba la crisis revolucionaria,
que estaba planteada la caída del gobierno. Luego, cuando fueron
fracasando todos los ajustes de Cavallo, justamente por la respuesta
del movimiento de masas, y se llegó al punto de la expropiación
de los ahorros, salarios y jubilaciones se plantea que la perspectiva
de un salto en las luchas podría poner de nuevo a la orden del
día la caída del gobierno.
De la Rúa sólo se sostenía con el apoyo del PJ
que votaba todas sus leyes en el Parlamento, y sobre todo por la tregua
que los dirigentes de todas las centrales sindicales le venían
dando.
Pero la participación en las luchas obreras, de los desocupados,
estudiantiles y populares en primer lugar, el alto grado de inserción
en el movimiento de masas en segundo término y el excelente resultado
de Izquierda Unida en las elecciones por último, nos iban permitiendo
medir y percibir los cambios que se estaban operando entre los trabajadores
y el pueblo. Toda ésta intervención fue la que nos permitió
ver como se aceleraba el proceso de ruptura política con el gobierno
y los viejos partidos del régimen, la UCR y el PJ y la bronca
creciente contra los dirigentes tradicionales de los partidos y los
sindicatos.
Esta realidad iba demostrando que se podía producir un desborde
al freno que ponían los dirigentes traidores. Se imponían
entonces como centro las consignas negativas y de lucha cómo
las de Fuera Cavallo y De la Rúa, ganar las calles e ir por un
Argentinazo. Al mismo tiempo se planteaba la necesidad de un plan de
emergencia y un gobierno de los trabajadores y la izquierda.
Nuestras propuestas
Pero una vez producida la crisis que volteó al gobierno, las
consignas centrales eran las positivas. Lo mismo valdría para
cuando ocurrió la caída de Rodríguez Saá
y sigue siendo útil ahora. La principal de todas era encontrar
una propuesta de gobierno concreta para el pueblo trabajador, que a
esa altura ya empalmaba con gran parte del programa alternativo para
salir de la crisis, como el no pago de la deuda y la reestatización
de las privatizadas y que avanzó hasta el punto de plantearse
la nacionalización de la banca. Al no existir nuevos organismos
democráticos del movimiento de masas y al estar directamente
traicionando las centrales sindicales, había que utilizar lo
existente. Y la institución que estaba por decidir quien iba
a gobernar era la Asamblea Legislativa. Más allá de la
ilegitimidad de ese engendró parlamentario, presentaba la oportunidad
de hacer una propuesta que fuera vista y entendida por millones. Frente
a que el PJ era más de lo mismo que la UCR, nuestro planteo de
gobierno arrancaba de que gobernara un diputado de izquierda con un
gabinete de trabajadores. Ya en la segunda asamblea legislativa lo hicimos
más preciso y planteamos la fórmula Zamora Walsh para
el gobierno. Por su puesto mantuvimos la propuesta de plan económico
alternativo y se le dio mucha importancia a una consigna democrática:
Asamblea Constituyente Libre y Soberana para que fuera el pueblo el
que decidiera todo. Desde que tipo de gobierno quiere, hasta que hacer
con los bancos, las privatizadas, la justicia, las fuerzas armadas y
como reorganizar el país.
Nuestra propuesta logró instalarse y ganar simpatía entre
un sector de los trabajadores y el pueblo. Tanto fue el efecto de esa
política que para el día de la asunción de Duhalde,
una patota del PJ intentó atacar a una columna de la izquierda
pero fueron contundente-mente rechazados (Ver foto que ilustra este
artículo).
En la primera línea
Toda la política del MST en la crisis fue acompañada
por una fuerte intervención. El MST estuvo en la Plaza de Mayo
desde las primeras horas de la tarde del 19 y marcho por el centro de
la ciudad desafiando el estado de sitio. Tuvimos una intervención
destacada el 20 y en los distintos procesos de lucha y autoorganización
que se vienen desarrollando desde entonces.
El resto de la izquierda
Con varias corrientes de izquierda hemos estado en las mismas trincheras
en estas jornadas. Sin embargo queremos dicutir con ellos la polìtica
que llevaron adelante y que a nuestro modo de ver fue muy equivocada.
El Partido Obrero, que desde hacía un año levantaba la
consigna de Fuera De la Rúa, no atinó a encontrar una
formulación de clase y concreta de gobierno. Sólo propuso
por la positiva una consigna democrática: Asamblea Constituyente.
Desconociendo la realidad y que el peso de la izquierda y los diputados
que los representan eran una monumental palanca para ganar hacía
una política de independencia de clase a vastos sectores del
movimiento de masas.
El Partido Comunista por su parte, argumentaba que era incorrecto el
planteo de Fuera el Gobierno, ya que vendría un nuevo gobierno
peronista. Una verdad de perogrullo, que lo alejó de proponer
una alternativa frente a la crisis. También se negaba a levantar
la consigna de huelga general porque no estaban dadas las condiciones.
No tuvo ninguna propuesta de gobierno alternativa al PJ. Ni abstracta
ni concreta. Su política se centró sólo en el llamado
a elecciones generales.
Este debate no pretende ser académico. Debemos hacerlo porque
rapidamente vamos a estar ante desafios similares que volverán
a plantear agudamente el problema del poder y la necesidad de dar una
salida alternativa al PJ y la UCR por parte de los trabajadores y la
izquierda.