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Unidad Internacional
de los Trabajadores

NO pagar la deuda al FMI

La Revolución de las Cacerolas


Alejandro Bodart - Dirigente del MST e Izquierda Unida
Nada será igual en Argentina tras las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre de 2001. Estas fe-chas quedarán grabadas en la memoria colectiva como el inicio de un cambio histórico. Su importancia tras-ciende nuestras fronteras. Comenzó una revolución sin precedentes. Millones de trabajadores, desocupados, jóvenes, pequeños comerciantes y productores han confluido y ganado las calles. Su fuerza se volvió impara-ble. En días, barrieron a varios presidentes. Tumbaron el modelo económico que hundió el país. Le dieron un golpe mortal al régimen político, construido en base a la alternancia de los viejos partidos burgueses y el control del movimiento de masas por las distintas alas de la burocracia sindical. Están decididos a ir por más y siguen movilizándose. Tomaron conciencia de que su fuerza puede vencer cualquier obstáculo. Saben quiénes son los responsables del desastre. Comienzan a elaborar un programa para que la crisis la paguen los de arriba. Pe-lean por recuperar el nivel de vida digno que merecen. Se organizan en los barrios y lugares de trabajo. Empie-zan a visualizar en la izquierda la nueva dirección política y sindical que se necesita. Sacar las principales con-clusiones de esta gesta histórica es de vital importancia para los que luchamos por una sociedad distinta, sin hambre ni explotación, libre de toda dominación imperialista, realmente democrática, socialista. Porque concre-tarla puede depender de lo que hagamos los revolucionarios durante los próximos meses.
Nada será igual en Argentina tras las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre de 2001. Estas fe-chas quedarán grabadas en la memoria colectiva como el inicio de un cambio histórico. Su importancia tras-ciende nuestras fronteras. Comenzó una revolución sin precedentes. Millones de trabajadores, desocupados, jóvenes, pequeños comerciantes y productores han confluido y ganado las calles. Su fuerza se volvió impara-ble. En días, barrieron a varios presidentes. Tumbaron el modelo económico que hundió el país. Le dieron un golpe mortal al régimen político, construido en base a la alternancia de los viejos partidos burgueses y el control del movimiento de masas por las distintas alas de la burocracia sindical. Están decididos a ir por más y siguen movilizándose. Tomaron conciencia de que su fuerza puede vencer cualquier obstáculo. Saben quiénes son los responsables del desastre. Comienzan a elaborar un programa para que la crisis la paguen los de arriba. Pe-lean por recuperar el nivel de vida digno que merecen. Se organizan en los barrios y lugares de trabajo. Empie-zan a visualizar en la izquierda la nueva dirección política y sindical que se necesita. Sacar las principales con-clusiones de esta gesta histórica es de vital importancia para los que luchamos por una sociedad distinta, sin hambre ni explotación, libre de toda dominación imperialista, realmente democrática, socialista. Porque concre-tarla puede depender de lo que hagamos los revolucionarios durante los próximos meses.
En la mañana del 19/12, los saqueos a supermercados que habían comenzado el fin de semana en varias provincias se generalizan a todos los municipios del Gran Buenos Aires, Rosario y Capital. En Córdoba y La Plata varios gremios se movilizan y chocan con la policía. En las primeras horas de la tarde, empieza a circular el rumor de que trabajadores y vecinos de distintos lugares se organizan para marchar hacia Plaza de Mayo. Llegan noticias sobre los primeros muertos. Por la noche, el presidente anuncia el estado de sitio. El PJ apoya. La bronca estalla y suenan las cacerolas. Espontáneamente, sin que nadie convoque, desde cada barrio de la Capital y las barriadas obreras y populares del conurbano bonaerense se inicia la marcha hacia Plaza de Mayo. A la una de la madrugada la Plaza está colmada, igual que el Congreso y las principales arterias céntricas. Pero una marea humana sigue llegando. Al rato, la represión. La gente no cede y la enfrenta. Arden barricadas. De-cenas de miles avanzan y retroceden hasta que desbordan a la policía. Otra vez se recupera la Plaza. A las tres se anuncia que cayó Cavallo. Pero la decisión es seguir hasta que se vaya De la Rúa.
Cientos de jóvenes pasan la noche en Plaza de Mayo. El 20, desde temprano, vienen más, muchos desde el GBA. A mediodía son varios miles. Se suman trabajadores de los bancos y comercios cercanos. A las dos de la tarde ya son varias decenas de miles. Se reinicia la represión. Pero los luchadores tienen la firme decisión de enfrentarla, aun a costa de la vida. Durante horas arrecian los combates. Hay barricadas en varias cuadras a la redonda. La columna móvil del sindicato de motoqueros va y viene con información, comunicando los frentes de batalla. Llueven las piedras y todo elemento es útil para contener los embates represivos. Los grupos de elite y la Gendarmería no pueden salir de Plaza de Mayo. De la Rúa se niega a renunciar y llama al PJ a sumarse al gobierno. Pero su suerte ya está echada desde la noche anterior y nadie de quienes lo apoyaron hasta horas antes del levantamiento quiere hundirse con él. A las 19 horas renuncia. Su huída en helicóptero desde los te-chos de la Casa de Gobierno, imagen clásica de toda gran victoria popular, recorre el país y el mundo.

Argentinazo triunfante

El 19 y 20 se produjo una insurrección revolucionaria espontánea, sin dirección, obrera y popular, multitudi-naria y nacional, aunque su epicentro indiscutido fue la Capital y el GBA, que barrió al gobierno, destruyó el plan económico e hirió de muerte al régimen democrático-burgués1.
Una característica destacada de este proceso revolucionario es que se dio contra todas las direcciones polí-ticas y sindicales tradicionales. Nada lo grafica mejor que algunas de las consignas más cantadas desde esos días a hoy en cada movilización: "sin peronistas, sin radicales, vamo' a vivir mejor", "adónde está, que no se ve, esa traidora CGT", "que se vayan todos, que no quede ni uno solo". Esto demuestra que se produjo una ruptura histórica con los viejos partidos y dirigentes sindicales que por décadas contuvieron a la clase obrera y el pue-blo. Esta nueva realidad, junto al hecho de que todavía no haya surgido ninguna dirección alternativa con peso de masas o hegemónica en la vanguardia -pese a la simpatía creciente de franjas enteras con la izquierda-, ha provocado una situación de vacío político como pocas veces, o ninguna, se vio en el mundo.
Aunque no hay cifras oficiales confiables sobre el número de participantes en estas gloriosas jornadas, los datos parciales indican que se movilizaron millones. A nivel nacional, cientos de miles tomaron parte en los saqueos. Se calcula en 600.000 los participantes de las acciones que culminaron en Plaza de Mayo el 19. El sector más combativo, el 20, abarcó unos 30 ó 40.000 jóvenes. Cientos de miles más organizaron piquetes armados en los barrios humildes de Capital y el GBA durante el 21, 22 y 23/12, ante el rumor de saqueos a sus viviendas.
Si bien la insurrección tuvo su epicentro en el conurbano bonaerense y la Capital, no hay que perder de vista que la movilización fue nacional y hubo otros lugares muy activos, como Rosario. Así lo atestiguan los más de 40 muertos y miles de heridos y detenidos, muchos de ellos del interior.

El rol de la clase obrera y la traición de la burocracia

Por la importancia que tiene en este proceso el vuelco masivo de los sectores medios, hay quienes -por con-fusión o mala intención- intentan transmitir a la opinión pública que las acciones revolucionarias del 19 y 20 en esencia fueron protagonizadas por la clase media y que la clase obrera estuvo ausente. En realidad, el peso de los trabajadores fue determinante y aportaron el mayor caudal de participantes en esas jornadas, como así también los muertos, heridos y detenidos. Esto explica la contundencia de las acciones.
No obstante, esto no puede hacernos perder de vista que por responsabilidad de los dirigentes de las distin-tas alas de la burocracia sindical, los trabajadores ocupados y desocupados no participaron organizadamente, sino en forma individual y espontánea.
La CGT de Daer y la de Moyano se borraron completamente y no abrieron la boca durante los dos días de enfrentamientos. Recién hablaron cuando todo había terminado, para llamar a un paro "dominguero" el 21 -que después también levantaron- con el objetivo reaccionario de sacar a la gente de las calles. La CTA, junto al Frenapo, nuevo movimiento político de centroizquierda que intenta armar con el ARI y el Polo Social, tomó una actitud pérfida. El 19 trabajaron intensamente para desmovilizar a los trabajadores estatales, de la educación y la salud, que comenzaban a organizarse para ir a Plaza de Mayo. Como maniobra para evitar que sus afiliados fueran, la CTA llamó a una reunión en la sede del Frenapo, que después levantó, dejando a muchos compañe-ros desorientados.
Más lamentable aún fue el rol de la CCC, por ser la corriente sindical de una organización que se dice de iz-quierda. En vez de ponerse a la cabeza de la movilización con la organización de piqueteros que dirige junto a la CTA, acordó con ésta levantar la marcha llamada para el 20 desde más de una semana antes. El resto de la izquierda, en cambio, jugó un rol activo.

La crisis revolucionaria
Hay un debate entre muchos luchadores sobre cuál de las dos jornadas fue la decisiva para voltear al go-bierno. Algunos opinan que fue la movilización de masas del 19, otros el enfrentamiento de una enorme van-guardia con las fuerzas represivas el 20. En verdad, las dos fechas fueron fundamentales para lograr tan con-tundente triunfo. Sin el cacerolazo masivo del 19 difícilmente hubiera caído el gobierno. Pero sin la respuesta contundente de esa vanguardia de masas el 20, posiblemente De la Rúa hubiera prolongado su agonía varios días.
La movilización fue tan fuerte que desde un primer momento paralizó al gobierno y a todas las instituciones del régimen, incluidas las FF.AA. Desde que comenzó se abrió un vacío de poder absoluto que duró casi cinco días y recién empezó a cerrarse el 23, cuando la Asamblea Legislativa votó como presidente a Rodríguez Saá. En este período nadie gobernó el país. Entre la burguesía y los partidos patronales reinó el pánico y quedaron en estado de shock. Tardaron días en reponerse, asimilar lo que había sucedido y buscar una salida de emer-gencia.
Las imágenes de TV mostraron cómo las fuerzas represivas provinciales y la Policía Federal fueron sobre-pasadas por los hechos y casi no tuvieron intervención contra los saqueos. La acción de masas abrió una dis-cusión al interior de las fuerzas represivas que las paralizó. Se debate en comisarías e incluso cuarteles qué hacer ante semejante situación. Debido a esto, al odio del pueblo hacia las FF.AA. y el temor a echar más leña al fuego, los altos mandos emiten un comunicado informando que no van a salir a la calle a menos que el Par-lamento lo vote por unanimidad, algo totalmente imposible. Sólo las fuerzas especiales de la Federal y la Gen-darmería reprimieron con saña algunos saqueos y garantizaron que las masas no tomen por asalto la Casa Rosada y el Congreso.
Esta situación de derrumbe del gobierno y parálisis institucional, que llevó a que por días nadie gobernara, es lo que llamamos crisis revolucionaria. Cuando la burguesía empieza a reponerse del tremendo golpe recibi-do, apela al PJ y al Parlamento: actuaron lo más rápido que pudieron para llenar así sea en parte el vacío y designaron de apuro al justicialista Rodríguez Saá.

Ascenso y caída de Rodríguez Saá
Saá asume en medio de un ascenso revolucionario colosal, como nunca se vio en Argentina. Es un gobierno extremadamente débil2. Su propia designación es fruto de una improvisación total por parte del Congreso, co-rrido por el apuro de poner a alguien, no importa quién, para intentar cubrir el tremendo vacío creado.
Tratando de desmontar el proceso revolucionario, Rodríguez Saá apeló a un discurso populista y desde el primer día promete de todo: no pagar más la deuda externa, un millón de planes Trabajar (subsidio al desem-pleo), aumentar el salario mínimo, anular el recorte del 13% a los jubilados y la reforma laboral... No dice cuán-do devolverá la plata a los ahorristas y se normalizará el pago de sueldos y jubilaciones.
Ante sus declaraciones, recibe el apoyo entusiasta de cuanto oportunista anda suelto. Lo visitan Daer y Mo-yano, De Genaro; Alderete (CCC) y D'Elía (CTA) acompañados por Pitrola (Polo Obrero) en nombre de la Mesa Piquetera. Hasta Hebe de Bonafini y las Madres volvieron a entrar a la Casa de Gobierno después de años. Todos ellos hacen declaraciones públicas esperanzadoras, tratando de abrir expectativas en el nuevo gobierno.
Pero si Saá se vio obligado a prometer tanto, es porque se lo impuso la movilización popular. No había que tenerle ninguna confianza y seguir en las calles para que cumpla con sus promesas, devuelva la plata de los bancos y todo lo que nos sacaron durante años. Si nos desmovilizábamos, Saá volvería a aplicar un plan al servicio de los ricos y el FMI como el que ya estaba diseñando para llevar la inflación a las nubes mediante la emisión descontrolada de una nueva moneda.
Envalentonado con estas muestras de apoyo, Rodríguez Saá se desubica. Busca anular el llamado a elec-ciones que el Parlamento había votado para el 3/3, a fin de quedarse dos años en el poder. Se rodea de perso-najes corruptos, como Grosso, y en aras de su proyecto se fotografía con Menem y los nefastos dirigentes de la CGT...
Olvidó que la revolución seguía y el movimiento de masas ya no confiaba en los viejos dirigentes que él re-presentaba. El 28/12, a cinco días de asumir, un estruendoso cacerolazo y marcha multitudinaria a Plaza de Mayo lo hacen renunciar. Se abre así una nueva crisis revolucionaria, mucho más profunda que la anterior. Otra vez nadie gobierna. Hasta el presidente del Senado, que sigue en la línea sucesoria constitucional, ni siquiera acepta asumir hasta que se reúna el Parlamento. Esta crisis durará cuatro días, hasta que el Congreso nombra a otro presidente justicialista: Duhalde.
¿Quién tiró a Rodríguez Saá?
Desde algunas organizaciones que se dicen de izquierda, se ha querido mostrar la caída de Saá como un operativo montado por el imperialismo, sectores de la burguesía y la derecha del PJ. La CCC y el PTP llevaron más a fondo esta definición y llegaron a insinuar que este gobierno era el de la famosa "unidad popular" por la cual ellos luchan desde hace años. Su dirigente, el Perro Santillán, incluso llamó públicamente a defender a Saá de los ataques... de la derecha.
La realidad es que a Saá lo volteó el nuevo levantamiento popular del 28/12. Ese día por la mañana los fe-rroviarios, dirigidos por la nueva dirección combativa del ex ramal Sarmiento, paran por sus sueldos adeudados. Se suman los usuarios, con el incendio de varios trenes y destruyendo la estación Once, muy cercana al Con-greso. A la noche, decenas de miles salen a la calle. Mas de 100.000 llenan Plaza de Mayo y un grupo fuerza las puertas de la Casa Rosada. Los dispersa la policía. Van al Congreso, entran y prenden fuego. Los une un mismo canto: "que se vayan todos..."
Tener claro esto es central para entender la magnitud del proceso abierto. Estamos viviendo la revolución más grande de la historia argentina. Frente al gobierno y el régimen ha surgido otro poder. La reacción popular el 28 mostró que desde la semiinsurrección del 19 se desarrolla un poder alternativo por parte del movimiento de masas. Es un doble poder en las calles, espontáneo, no organizado y capitaneado por la nueva vanguardia de masas. Esto se manifiesta a través de la irrupción masiva de decenas de miles de trabajadores, jóvenes, desocupados y sectores medios hacia los centros del poder para reclamar por sus demandas y hacer conocer su negativa a cada acto del gobierno y el Congreso.
A partir de este marco imprescindible, podemos considerar otros factores que contribuyeron a la caída de Saá. Sus anuncios populistas preocuparon al imperialismo y sectores patronales. No porque lo creyeran antiim-pe-rialista (en sólo cinco días pagó casi u$s 400 millones al FMI), sino porque prometía cosas imposibles que podían echar más leña al fuego. También actuó la nueva crisis abierta en el PJ, cuando insinuó romper el pacto para llamar a elecciones que habían alcanzado en la Asamblea Legislativa. Esto provocó que Saá quedara bastante aislado y nadie se jugara a defenderlo. Pero todo podría haberse arreglado y negociado al interior del régimen si el pueblo no salía a la calle y le daba un golpe mortal como el que sufrió el 28.

El turno de Duhalde
Al nuevo gobierno de Duhalde también podemos definirlo como kerenskista. Surge de manera menos impro-visada que el de Saá y fruto de una discusión más a fondo con el imperialismo, la burguesía y el conjunto de los partidos patronales del país, incluida la centroizquierda. Su gobierno responde a los sectores más influyentes del PJ, mientras que el anterior era apoyado sobre todo por los gobernadores de las provincias chicas y los restos del menemismo. La UCR y el Frepaso integran su gabinete. Toda la burocracia sindical -CGTs y CTA- se sumó a la concertación. La ONU lo respalda. Y hasta la Iglesia, a riesgo de un alto costo, actúa públicamente a su lado como pocas veces en la historia.
A todos los privilegiados los unió el espanto. Saben que deben desmontar ese doble poder instalado en las calles antes de que se termine institucio-nalizando y pueda dar lugar al fortalecimiento de una dirección revolu-cionaria que les dispute el poder. Esta unidad burguesa hace que debamos prepararnos para un gobierno que intentará pelear mucho más que el de Saá para evitar caer. Apelará a medidas cada vez más represivas y a la patota.
Sin embargo, esto no debe confundir y creer que es un gobierno fuerte. El gobierno de Duhalde es ultra-débil y eso se irá acentuando, ya que por la crisis no puede solucionar ninguno de los problemas de fondo del movi-miento obrero y popular. Eso le impedirá ganar una base social de apoyo. No puede devolver la plata a los aho-rristas, pagar los salarios y jubilaciones, crear empleo y otorgar un seguro digno a los millones de desemplea-dos. Tampoco evitar que se descontrole la inflación y por esa vía que aumenten aun más las penurias popula-res. Para hacer todo eso, tendría que romper definitivamente con el FMI, expropiar a los bancos y multinaciona-les de las cuales él y todos los partidos que lo acompañan son testaferros y empleados.
Duhalde es tan débil que no pudo legitimarse mediante una elección, porque tenían miedo de perderla. Tampoco puede impulsar una reforma política a fondo para lavarse la cara, porque tiene pánico de llamar a elecciones a una Asamblea Constituyente. Por eso seguirá profundizándose el odio que ya existe contra el PJ y todos los partidos de la burguesía, contra el Parlamento, la Justicia y demás instituciones que siguen al frente del Estado. Por otro lado, tampoco puede seguir garantizándoles las mismas ganancias a los bancos y privati-zadas, ni el pago de la deuda al FMI. Para eso necesitaría derrotar al movimiento de masas, cuando hoy está a punto de que sean ellas quienes lo derroten a él. Esta situación, con presiones por todos lados, crisis y roces en las alturas, lo paralizan y agudizan todavía más la crisis general.

Se viene otro estallido
Esta revolución sigue su curso y no descansa ni los días feriados. Duhalde fue repudiado por un nuevo cace-rolazo y marcha a Congreso y Plaza de Mayo, de entre 30 y 50.000 personas, el mismo día que asumió. Esta movilización, el 1°/1, fue protagonizada mayormente por trabajadores y sectores medios de Capital, que expre-saron así el rechazo a su designación. Se cantó "yo no lo voté" y "elecciones". Una vez más, se vio que el doble poder en las calles sigue vivo.
Otra expresión contundente y superior se dio el 10/1, cuando más de 100.000 personas marcharon -¡otra vez!- a Plaza de Mayo. Esta vez el principal reclamo fue la entrega inmediata del dinero que se robaron los bancos y que Duhalde se vaya. Desde entonces se producen protestas muy fuertes y violentas a diario. No sólo en Capital y provincia de Buenos Aires, sino también en pueblos y ciudades del interior. Pelean estatales y mu-nicipales por el pago de sus sueldos. Hay huelgas de obreros y empleados de empresas privadas contra los despidos y puebladas que terminan destrozando los bancos, haciendo renunciar funcionarios y obligando a los intendentes a cumplir sus demandas, siguen organizándose los desocupados para cortar rutas reclamando subsidios, por todos lados hay cacerolazos, marchas de miles para que renuncie la Corte Suprema...
Lo nuevo es que a la par que avanza la movilización comienza a ganar mucha fuerza la autoorganización. En casi todos los barrios porteños surgen asambleas de vecinos que votan programas, forman diversas comi-siones, organizan marchas y se coordinan con otros barrios, indicando que ese doble poder en las calles inició un proceso de institucionalización. Este fenómeno se está extendiendo al GBA e interior del país. Más lento, también comenzó a reorganizarse el movimiento piquetero después de la agachada de sus dirigentes y en al-gunos gremios estatales surgen organismos autoconvocados y coordinadoras. Otro proceso decisivo en desa-rrollo es el de nuevas direcciones combativas en el movimiento obrero (como ferroviarios, docentes, ceramis-tas) y estudiantil, dentro del cual se destaca el triunfo de la izquierda y los independientes en la Federación Universitaria de Buenos Aires.
Las luchas en curso y este proceso incipiente de organización preanuncian lo que se viene. Nuevas movili-zaciones de masas se están gestando y pueden producirse en cualquier momento, lo que hace prever que nue-vas crisis revolucionarias a corto o mediano plazo son la perspectiva más probable. Para eso hay que preparar-se. Se hará más aguda la necesidad de una alternativa política para disputar el gobierno, y por eso es preciso avanzar en la construcción de un partido sólidamente organizado.

El carácter de la revolución en curso
El hecho de que la revolución que estamos transitando se haya producido sin ninguna dirección (reformista o revolucionaria) al frente y sin ningún tipo de organización (nuevos organismos) por parte del movimiento de masas, ha desorientado a casi toda la izquierda. Como no entienden lo que está pasando y nada parece enca-jar en sus esquemas, algunos llegan al absurdo de negar la realidad. ¿Cómo podemos hablar de revolución si el PJ se quedó con el gobierno?, nos contestan. Aunque no llegan a decirlo abiertamente muchos de estos sec-tores minimizan la acción del movimiento de masas y tienden a darle peso determinante a caracterizaciones maquiavélicas sobre supuestas maniobras de la derecha del PJ para quedarse con el poder. Esta visión equi-vocada les impide sacar las principales lecciones de lo que está sucediendo y actuar en consecuencia.
No sólo estamos en medio de una revolución, sino que esta es la más trascendente de toda la historia ar-gentina. Por lo que ya logró y porque sigue avanzando de una manera cada vez más revolucionaria. Es supe-rior, por ejemplo, a la revolución que tiró a la dictadura, porque a continuación el movimiento de masas depositó su confianza en la "democracia" tramposa de la burguesía. También al estallido que terminó con el gobierno de Alfonsín, porque el peronismo y el régimen no estaban tan desgastados.
Esta vez, el movimiento de masas se ha levantado no sólo contra un gobierno sino contra el régimen en su conjunto3, cuestionando cada día con más fuerzas al propio sistema capitalista argentino. Salió primero contra De la Rúa, pero la siguió contra Rodríguez Saá y ahora va por Duhalde, porque se ha producido una ruptura histórica con los viejos partidos patronales. Repudia a los dirigentes sindicales burocráticos, sin importar de qué central o agrupamiento sean. Quiere terminar con la máxima instancia de la justicia de los ricos: la Corte Su-prema. Odia al Parlamento y por eso toda movilización termina en sus escalinatas y crecen los escraches a diputados y senadores. Con la misma bronca ve a los gobernadores, intendentes, legislaturas y consejos deli-berantes. Pero no busca ni piensa que los militares o la derecha son una salida, sino que por el contrario los repudia y se moviliza para que sus crímenes no queden impunes. Pelea por una serie de reivindicaciones pero se ha hecho consciente de que hay que sacarle la plata a los ricos. Por eso va contra los bancos, contra las grandes empresas privatizadas y no quiere que se pague un peso más al FMI. De esta forma, todavía sin saber-lo y de manera inconsciente, la movilización permanente que han iniciado los está llevando a tomar en sus ma-nos gran parte del programa por el cual los socialistas revolucionarios venimos luchando desde hace casi un siglo4.
Es cierto que todo comenzó con un estallido espontáneo, sin ningún tipo de organización. Pero desde el pri-mer día fue tomando fuerza un poder alternativo (en las calles) al del gobierno y el conjunto de las instituciones del régimen, que es lo que explica lo que fue sucediendo posteriormente. Ahora ese doble poder ha comenzado a organizarse. Primero surgieron asambleas en cada barrio de la Capital y ahora se ha dado el salto cualitativo de coordinar entre todas ellas, al punto que gana fuerza un nuevo organismo que agrupa a la mayoría de los barrios porteños y representa a decenas de miles de vecinos. Este proceso está siendo imitado en zonas del Gran Buenos Aires, en muchas ciudades del interior y en cualquier momento puede pegar el gran salto de plan-tearse la coordinación nacional. La revolución tiene tanta fuerza, que ya está gestando sus primeras institucio-nes obreras y populares.

Unir a la izquierda y también a los revolucionarios
También es parte de la realidad que las jornadas revolucionarias que se están produciendo no tienen una di-rección reconocida al frente. A un grado tal que nunca en nuestro país se había visto una situación donde el vacío de dirección sea tan absoluto. Pero decir sólo esto es quedarse a mitad de camino, si a continuación no se dice que se ha producido también una revolución en la cabeza como nunca antes había sucedido. Y que parte de este nuevo proceso es la creciente simpatía que está ganando la izquierda, mientras la centroizquier-da y las corrientes oportunistas se desdibujan y tienden a desaparecer. Esto plantea objetivamente la posibili-dad presente de construir un partido revolucionario con influencia de masas.
Encarar con fuerza y rápidamente esta tarea es el desafío más importante que está planteado. El movimien-to de masas ya se ha decidido a poner todo su ímpetu revolucionario al servicio de imponer los cambios de fondo que se necesitan. Su empuje tiene la fuerza necesaria como para derribar todo lo que se le cruza en el camino. Pero está demostrado que sin un gran partido revolucionario es imposible que los trabajadores y el pueblo logremos nuestro propio gobierno y los cambios de fondo por los que estamos peleando.
Los luchadores tenemos que hacer todos los esfuerzos que sean necesarios para construir esta herramienta fundamental. Nuestro partido, el MST (integrante de Izquierda Unida) ya ha asumido este compromiso. Nos hemos jugado activamente y con todas nuestras fuerzas en las acciones revolucionarias que se vienen reali-zando. Hicimos propuestas políticas para responder a las necesidades de cada momento. Seguimos defen-diendo la continuidad de la movilización y somos fanáticos impulsores de la autoorganización de los vecinos y de las nuevas direcciones que están surgiendo en el movimiento obrero, en desocupados y el estudiantado. Invitamos a todos los compañeros que nos conocen a sumarse y hacer grande a nuestra organización. Al mis-mo tiempo y sin ningún tipo de sectarismo, impulsamos la más amplia unidad posible.
Desde hace un tiempo se ha transformado en una necesidad el impulso y la concreción de la unidad de toda la izquierda. Incluso con organizaciones de izquierda reformistas. Porque todavía nadie tiene la suficiente fuerza como para postularse solo para ocupar el tremendo vacío existente. Por eso venimos construyendo Izquierda Unida junto a otras corrientes y peleamos por una unidad mayor. La unidad de la izquierda es clave para impul-sar la movilización contra los gobiernos de turno; un programa de emergencia para que la crisis la paguen los ricos y el FMI; la autoorga-nización en los barrios y el surgimiento de nuevas direcciones en los sindicatos, en desocupados y la juventud. También para presentar una opción fuerte en el terreno electoral que pueda dispu-tarle con éxito amplias franjas de masas a los viejos partidos.
Pero lo nuevo que nos plantean los cambios que estamos viviendo es que junto con la unidad de toda la iz-quierda, se hace más necesario que nunca impulsar una unidad más estratégica: la unidad de los revoluciona-rios5. La unidad de todos aquellos que peleamos no sólo por tirar gobiernos, sino que creemos que la salida para los problemas que nos agobian es tomar el poder e imponer un gobierno de los que nunca gobernaron, de los de abajo, de los trabajadores y el pueblo. La unidad de los que queremos que se vayan todos y tirar este régimen corrupto, pero además imponer un régimen distinto, basado en la democracia más absoluta y donde los que decidan todo sean los vecinos y trabajadores autoorganizados. La unidad de los que queremos barrer a todos los dirigentes vendidos de los sindicatos para impulsar la más amplia democracia obrera. De los que no sólo queremos que los bancos y las grandes empresas nos devuelvan la plata, sino que estamos convencidos de que la única salida para que no nos roben más es expropiar a los banqueros y grandes empresarios, sociali-zar los recursos de la economía y ponerlos al servicio de todos. De los que queremos dejar de pagar la deuda y también romper definitivamente con el imperialismo y extender la revolución a toda América Latina y el mundo.
La unidad de los que tenemos conciencia de que el gran partido que hace falta debe ser el más democrático de todos los existentes, sin diluir la necesidad imperiosa de poder actuar centralizadamente cuando la situación así lo impone. Para construir esta herramienta es necesario abrir una discusión entre las organizaciones de izquierda revolucionarias que ya existen, especialmente con aquellas que tenemos en común ser parte del mo-vimiento trotskista. Pero el aporte fundamental solamente lo pueden dar los miles y miles de luchadores que han salido a la calle durante todas estas jornadas. Es por eso que a todos ellos queremos invitarlos francamen-te a que nos acompañen para dar pasos firmes en esta perspectiva. No nos interesa si son independientes o provienen de alguna experiencia de izquierda, si han sido del Frepaso, el radicalismo o el peronismo. Lo esen-cial es que crean que otra sociedad es posible y que vale la pena seguir luchando hasta alcanzarla.

1 Aunque hablemos de estallido o insurrección en términos periodísticos, la definición científica de lo ocurri-do es semiinsurrección. Nuestra corriente ha insistido en llamar así a los estallidos espontáneos y sin dirección, para que no se confundan con aquellas movi-lizaciones revolucionarias que con una dirección al frente y de manera planificada tienen como objetivo tomar el poder político del Estado.
2 Nuestra corriente ha acuñado una definición para los gobiernos patronales tan extremadamente débiles como este, que asumen en medio de una revolución. Los llamamos kerenskistas, por las similitudes con el go-bierno que surgió en Rusia después de que la Revolución de Febrero del 17 tirara abajo al zarismo.
3 La movilización ha sido tan grande que no solo ha golpeado al régimen democrático burgués, sino que ha logrado imponer cambios en el mismo. Han perdido peso y se han debilitado todas sus instituciones, a la par que comienza a tomar forma otro poder que está dando sus primeros pasos para institucionalizarse (asambleas barriales). Por eso debemos definir que hay fuertes elementos de régimen kerenskista.

4 Por todo esto es que podemos definir la revolución en curso como socialista inconsciente o de febrero, en el sentido de que toma tareas socialistas sin una dirección revolucionaria al frente. Es nuevamente una analogía con la revolución que precedió a la de Octubre del 17 en Rusia (la única que fue dirigida por un partido revolu-cionario).
5 Esta política, que nuestra corriente ha denominado frente único revolucionario (FUR), es exploratoria e im-plica confluir con sectores que avancen a posiciones revolucionarias y se planteen la construcción de un partido revolucionario con influencia de masas.

 


Declaración de la UIT-CI

La revolución argentina conmueve al mundo

El movimiento obrero y los pueblos del mundo siguen a diario, y con entusiasmo, los sucesos revolucionarios de Argentina. Los trabajadores y el pueblo argentino han demostrado, una vez más, que el poder de la movilización de las masas es colosal y que se puede derrotar a los gobiernos títeres del imperialismo y del FMI. La implantación del estado de sitio y la represión desatada, que provocó 29 muertos, no pudo detener el torrente de la movilización.

La insurrección obrera y popular de los días 19 y 20 de diciembre, quedará en la historia como el "Argentinazo" que barrió al gobierno proyanky de Fernando De la Rúa y Domingo Cavallo. El 19 la rebelión popular comenzó, por la mañana, con saqueos masivos a los supermercados del Gran Buenos Aires, Rosario y de los barrios más populosos de la ciudad de Buenos Aires. También a la mañana hubo marchas y choques con la policía de docentes y estatales en las ciudades de La Plata y Córdoba. En el ambiente de las masas flotaba las ganas de ir a Plaza de Mayo. Al mediodía el MST y grupos de Izquierda Unida convocaron y concurrieron a la Plaza, pero no se masificó. El detonante fue el discurso de De la Rúa que, a las 22 horas, decreta el estado de sitio y llama a la "calma". A partir de allí en todos los barrios de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, la gente empezó a salir con cacerolas, platos de metal, tambores, pitos, latas y todo lo que tuvieran a mano que sirviera para hacer ruido y empezaron a caminar hacia la Plaza. Sin que nadie hubiera convocado. A la una de la mañana la Plaza estaba llena. El grito central era ¡"Que se vayan"!. Y la gente no dejó de llegar. También se fue llenando la plaza frente al Congreso. A las una y media se supo que había renunciado Cavallo. Lo que se festejó como si Argentina hubiera ganado un campeonato mundial de fútbol. ¡Ahora que se vaya de la Rúa!, fue la respuesta. A las dos de la mañana empezó la represión con gases y disparos de balas de goma. La gente se replegó pero volvió a la carga, ya con piedras, instalando barricadas y fogatas para contrarrestar a los gases. Escenas parecidas se repetían en el Congreso. La pelea duró hasta las cuatro de la mañana y finalmente la policía se replegó. Se calcula que llegaron a salir a la calle cerca de 600 mil personas. El 20 fue decisivo para terminar de tumbar al gobierno. La gente empezó a concentrase desde la media mañana en Plaza de Mayo. La policía arremetió con todo. Hasta con la caballería. Todo terminó en un duro combate en las calles y avenidas que desembocan en la histórica plaza. Fue una batalla campal que duró casi todo el día. Miles de jóvenes devolvían cada arremetida de la policía, que no pudo salir de los cien metros a la redonda de la Plaza. Unos seis jóvenes cayeron asesinados por la policía. Finalmente De la Rúa cayó.

La revolución triunfa echando a patadas a ese gobierno. Y asume el efímero gobierno del PJ de Rodríguez Saá. El nuevo gobierno batió el récord: duró siete días. El 28 de diciembre un nuevo "cacerolazo" de miles de manifestantes llena la Plaza de Mayo enfrentando otra vez a la represión y barre al nuevo gobierno. Esta vez las masas fueron más allá. Un sector intentó quemar el Congreso Nacional. Otros llegaron a las puertas de la Casa Rosada(sede del gobierno) y pintaron sus paredes. Las masas en la calle salieron a reclamar contra una nueva estafa política y a repudiar al gobierno de Saá que pretendía seguir robando los sueldos y los ahorros del pueblo. "Que se vayan todos", coreaba la multitud, junto a: "Sin peronistas y sin radicales, vamos a vivir mejor". Esas fueron dos de las consignas centrales de miles y miles de trabajadores, amas de casas, jóvenes, jubilados, empleados, pequeños comerciantes, profesionales que salieron en masa a la calle. De esa manera expresaban el odio generalizado hacia los partidos y políticos que vienen gobernando Argentina para saquearla al servicio del FMI, la banca y las multinacionales. Las masas pasaron por arriba, incluso, de todas las direcciones sindicales del movimiento obrero argentino, que estaban "debajo de la cama" mientras las masas salían a la calle ignorando el estado de sitio que había decretado De la Rúa. Por otro lado, la izquierda empezó a ser vista como una alternativa política para una amplia franjas de masas.

La caída de De la Rúa y Rodríguez Saá fue el resultado de un largo proceso de lucha de los dos últimos años que se manifestó en siete huelgas generales, huelgas de docentes, estatales y de otros gremios; cortes de rutas de los desocupados y todo tipo de movilización popular.

La revolución obrera y popular ha logrado un triunfo tras otro. Por eso millones en el mundo ven que el pueblo trabajador argentino está marcando un camino y un ejemplo a seguir. Para el imperialismo y los de arriba ha significado un mazazo. Y más cuando el imperialismo norteamericano y sus aliados de la Unión Europea querían mostrar, con su criminal agresión al pueblo de Afganistán, que ellos son imbatibles. En Argentina han sufrido un duro golpe. En Latinoamérica estuvieron los antecedentes del Caracazo, las caídas por la movilización revolucionaria de Collor de Mello en Brasil; de Bucaram y Mahud en Ecuador y de Fujimori en Perú. Pero en Argentina el golpe es más duro porque era el país-modelo del imperialismo y del FMI era el ejemplo de "reformas estructurales", del "éxito" del modelo privatizador y del supuesto "crecimiento" económico.
Hoy ellos mismo reconocen que Argentina está quebrada. Con una de las deudas externas más altas del mundo, con millones de desocupados y hambrientos. Pero los trabajadores y el pueblo argentino dijeron ¡Basta! y salieron por centenares de miles a hacer cacerolazos, huelgas, cortes de ruta y los hambrientos saquearon los supermercados.

El gobierno de Duhalde, ex-vicepresidente de Menem, va a intentar frenar la movilización revolucionaria. Para eso trata de ser un gobierno de unidad nacional burguesa, no solo del PJ. Por ello suma a ministros de la Alianza ( UCR y la centroizquierda del Frepaso) y cuenta con el aval del imperialismo y de gobiernos como el de Cardoso de Brasil. Pero las nuevas medidas del gobierno son repudiadas por las masas, surgen las asambleas barriales y empiezan a prepararse nuevos cacerolazos.

El imperialismo y sus gobiernos títeres del mundo tiemblan de solo pensar que otros pueblos sigan el mismo camino de esa rebelión de masas. Pero su temor más grande es que la revolución argentina, objetivamente anticapitalista, no sea derrotada y se encamine hacia una dura lucha en donde esté planteada la cuestión del poder de los trabajadores y el pueblo. Para ello se necesita bregar por el surgimiento de nuevas organizaciones obreras y populares de lucha y de una dirección revolucionaria en Argentina.

En esas tareas está empeñada nuestra sección argentina, el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), miembro de Izquierda Unida, que propone la unidad de la izquierda y de los revolucionarios y un gobierno de los trabajadores y la izquierda. El MST tuvo un rol muy destacado en la rebelión popular. Desde hacia semanas levantaba la necesidad de ganar las calles para hacer un Argentinazo. Sus militantes fueron parte activa, desde los barrios, de los "cacerolazos". Uno de los primeros grupos en llegar a la Plaza el 19 fue del MST, encabezado por sus dirigentes Juan Carlos Giordano y la diputada Vilma Ripoll. En esas jornadas revolucionarias, la sede central, ubicada en una vieja y amplia casona del barrio de San Telmo (muy cerca de la Plaza), se convirtió en un bullicio de centenares de trabajadores y jóvenes que iban y venían en medio de los "cacerolazos" y los enfrentamientos. Varios de sus militantes fueron víctimas de la brutal represión.

También se necesita de la solidaridad internacional de los trabajadores y los pueblos para rodear de apoyo al movimiento obrero y popular de Argentina para que sostengan este primer triunfo revolucionario, frente a cualquier intento de maniobra del imperialismo y para avanzar hacia los cambios de fondo que reclaman los trabajadores y el pueblo.

Desde la UIT-CI y sus organizaciones llamamos a la más amplia unidad de acción a las organizaciones que se reclaman antiimperialistas, de la izquierda, sindicales, estudiantiles, campesinas y populares a impulsar el apoyo y la solidaridad con la lucha del pueblo argentino contra el gobierno de Duhalde, el FMI y el imperialismo. Proponemos la unidad para convocar a los pueblos del mundo y en especial a los de Latinoamérica para que sigan el ejemplo de Argentina y que se preparen para salir a las calles, a hacer cacerolazos, huelgas generales, movilizaciones masivas para enfrentar y derrotar a los gobierno títeres del imperialismo y del FMI. Todos los pueblos latinoamericanos están enfrentando al mismo enemigo: los planes de hambre y entrega al imperialismo y FMI, la deuda externa y el intento de imponer el ALCA. Hay que apoyar y defender que la suspensión de la deuda externa en Argentina, que se impuso por la movilización revolucionaria, se extienda por tiempo indeterminado. Que no se repita la farsa de Ecuador, que después de suspender sus pagos el gobierno rápidamente volvió a pactar con el FMI. Lo mismo prepara el gobierno de Duhalde. Llamamos a los gobiernos de Cuba y Venezuela a que impulsen un movimiento continental contra el pago de la deuda y el ALCA y que convoquen a conformar un Frente de países deudores para no pagar y dar comida y trabajo digno a los pueblos. Proponemos la más amplia unidad también para reclamar por la investigación y castigo a los culpables de los 29 manifestantes asesinados por la represión.

Una de las grandes oportunidades para crear este movimiento solidario con la revolución obrera y popular argentina, en el camino de enfrentar al imperialismo y a la globalización capitalista, es la reunión del Foro Social Mundial de Porto Alegre de fines de enero. Llamamos a todas las organizaciones convocantes y participantes, al PT y a los Sin Tierra del Brasil, a las centrales sindicales, campesinas y estudiantiles, a coordinar un plan de acción internacional de apoyo a la lucha de los trabajadores y el pueblo argentino contra el imperialismo y el FMI.

¡Viva la revolución obrera y popular de Argentina!
¡ En defensa del no pago de la deuda argentina!
¡Por un Frente de países deudores por el no pago!
¡Por el castigo a los que ordenaron asesinar a 29 manifestantes!
¡ Por la Segunda y definitiva Independencia Latinoamericana!

Secretariado Internacional de la UIT-CI 5 de enero de 2002


El MST y su política


Carlos Miranda
Como todas las revoluciones, el Argentinazo puso a prueba la intervención y la política de los partidos revolucionarios, la izquierda y las direcciones del movimiento obrero y popular. En otros artículos reseñamos cómo actuaron las centrales obreras, en especial la CTA (página 11) y cómo lo hizo la CCC (página 9), corriente sindical de peso entre los desocupados, orientada por el PCR/PTP.
Aquí nos queremos detener en la intervención y política del MST en las jornadas más intensas.
El Argentinazo colocó en primer lugar la necesidad de responder con una política revolucionaria al problema del poder, del gobierno. El vacío político generado por la caída de De la Rúa primero y Rodríguez Saá después abrió, en dos oportunidades, en el lapso de apenas una semana, el desafío de plantearle al pueblo trabajador movilizado, una salida clara y revolucionaria de gobierno. Había que responder también a otras cuestiones: con qué plan se solucionarían los graves problemas populares, cómo se reorganizaba un país expoliado por décadas de penetración imperialista. Pero sobre todo, quién debía gobernar en concreto. Esta es, en última instancia, la prueba de fuego para una política revolucionaria.
Otra clave es la intervención en el proceso, vivo, real, del movimiento de masas. Los cacerolazos fueron la síntesis, pero el movimiento revolucionario, tuvo múltiples manifestaciones, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, piquetes armados en los barrios, principalmente en el Gran Buenos Aires, saqueos a supermercados y una larga lista de etcéteras. También las asambleas barriales que empiezan a desarrollarse y se van extendiendo de la Capital a la provincia y que tienden a coordinarse.

La importancia de estar preparados

Desde tiempo atrás el MST venía analizando que se había abierto una situación revolucionaria. Una situación en la que se podían producir revoluciones. Este análisis se fue ajustando a medida que el gobierno de De la Rúa iba perdiendo legitimidad. Así cuando con López Murphy se intenta implementar un superajustazo se definió que se acercaba la crisis revolucionaria, que estaba planteada la caída del gobierno. Luego, cuando fueron fracasando todos los ajustes de Cavallo, justamente por la respuesta del movimiento de masas, y se llegó al punto de la expropiación de los ahorros, salarios y jubilaciones se plantea que la perspectiva de un salto en las luchas podría poner de nuevo a la orden del día la caída del gobierno.
De la Rúa sólo se sostenía con el apoyo del PJ que votaba todas sus leyes en el Parlamento, y sobre todo por la tregua que los dirigentes de todas las centrales sindicales le venían dando.
Pero la participación en las luchas obreras, de los desocupados, estudiantiles y populares en primer lugar, el alto grado de inserción en el movimiento de masas en segundo término y el excelente resultado de Izquierda Unida en las elecciones por último, nos iban permitiendo medir y percibir los cambios que se estaban operando entre los trabajadores y el pueblo. Toda ésta intervención fue la que nos permitió ver como se aceleraba el proceso de ruptura política con el gobierno y los viejos partidos del régimen, la UCR y el PJ y la bronca creciente contra los dirigentes tradicionales de los partidos y los sindicatos.
Esta realidad iba demostrando que se podía producir un desborde al freno que ponían los dirigentes traidores. Se imponían entonces como centro las consignas negativas y de lucha cómo las de Fuera Cavallo y De la Rúa, ganar las calles e ir por un Argentinazo. Al mismo tiempo se planteaba la necesidad de un plan de emergencia y un gobierno de los trabajadores y la izquierda.

Nuestras propuestas

Pero una vez producida la crisis que volteó al gobierno, las consignas centrales eran las positivas. Lo mismo valdría para cuando ocurrió la caída de Rodríguez Saá y sigue siendo útil ahora. La principal de todas era encontrar una propuesta de gobierno concreta para el pueblo trabajador, que a esa altura ya empalmaba con gran parte del programa alternativo para salir de la crisis, como el no pago de la deuda y la reestatización de las privatizadas y que avanzó hasta el punto de plantearse la nacionalización de la banca. Al no existir nuevos organismos democráticos del movimiento de masas y al estar directamente traicionando las centrales sindicales, había que utilizar lo existente. Y la institución que estaba por decidir quien iba a gobernar era la Asamblea Legislativa. Más allá de la ilegitimidad de ese engendró parlamentario, presentaba la oportunidad de hacer una propuesta que fuera vista y entendida por millones. Frente a que el PJ era más de lo mismo que la UCR, nuestro planteo de gobierno arrancaba de que gobernara un diputado de izquierda con un gabinete de trabajadores. Ya en la segunda asamblea legislativa lo hicimos más preciso y planteamos la fórmula Zamora Walsh para el gobierno. Por su puesto mantuvimos la propuesta de plan económico alternativo y se le dio mucha importancia a una consigna democrática: Asamblea Constituyente Libre y Soberana para que fuera el pueblo el que decidiera todo. Desde que tipo de gobierno quiere, hasta que hacer con los bancos, las privatizadas, la justicia, las fuerzas armadas y como reorganizar el país.
Nuestra propuesta logró instalarse y ganar simpatía entre un sector de los trabajadores y el pueblo. Tanto fue el efecto de esa política que para el día de la asunción de Duhalde, una patota del PJ intentó atacar a una columna de la izquierda pero fueron contundente-mente rechazados (Ver foto que ilustra este artículo).

En la primera línea

Toda la política del MST en la crisis fue acompañada por una fuerte intervención. El MST estuvo en la Plaza de Mayo desde las primeras horas de la tarde del 19 y marcho por el centro de la ciudad desafiando el estado de sitio. Tuvimos una intervención destacada el 20 y en los distintos procesos de lucha y autoorganización que se vienen desarrollando desde entonces.

El resto de la izquierda

Con varias corrientes de izquierda hemos estado en las mismas trincheras en estas jornadas. Sin embargo queremos dicutir con ellos la polìtica que llevaron adelante y que a nuestro modo de ver fue muy equivocada.
El Partido Obrero, que desde hacía un año levantaba la consigna de Fuera De la Rúa, no atinó a encontrar una formulación de clase y concreta de gobierno. Sólo propuso por la positiva una consigna democrática: Asamblea Constituyente. Desconociendo la realidad y que el peso de la izquierda y los diputados que los representan eran una monumental palanca para ganar hacía una política de independencia de clase a vastos sectores del movimiento de masas.
El Partido Comunista por su parte, argumentaba que era incorrecto el planteo de Fuera el Gobierno, ya que vendría un nuevo gobierno peronista. Una verdad de perogrullo, que lo alejó de proponer una alternativa frente a la crisis. También se negaba a levantar la consigna de huelga general porque no estaban dadas las condiciones. No tuvo ninguna propuesta de gobierno alternativa al PJ. Ni abstracta ni concreta. Su política se centró sólo en el llamado a elecciones generales.
Este debate no pretende ser académico. Debemos hacerlo porque rapidamente vamos a estar ante desafios similares que volverán a plantear agudamente el problema del poder y la necesidad de dar una salida alternativa al PJ y la UCR por parte de los trabajadores y la izquierda.