Entrevista completa y declaración de Propuesta Socialista
Escribe: Carlos Jacob
Lo reconoció el Presidente de la Unión Europea «Europa en crisis profunda»
El 16 y 17 de junio se reunió el Consejo Europeo, compuesto por todos los jefes de estado. El presidente de la Unión Europea (U.E.), el luxenburgués Jean Claude Juncker, abrió la cumbre definiendo que “Europa no está en crisis. Está en una crisis profunda”. En las siguientes 48 horas, los líderes europeos fueron incapaces de esbozar una sola idea capaz de unirlos para amortiguar el terremoto provocando por la imparable dinámica del NO a la constitución. La cuestión económica duplico el fracaso del encuentro. No pudieron aprobar el presupuesto de la presidencia y el debate estuvo al borde de convertirse en combate.
Entretanto Lisboa era ocupada por la más grande manifestación en 30 años, en lucha contra las políticas de ajuste de la U. E. El líder de los conservadores británicos avanzaba: “Hace años que no practico la medicina, pero todavía se reconocer un cadáver”.
Por su lado el presidente Juncker, que estaba condenado a viajar a la reunión anual U.E.–EEUU, declaraba al periodismo: “¿Con qué cara voy a aparecer al encuentro?, ¿Qué represento?” Bush le dio ánimo. Pero tuvo que volver a la realidad: una estruendosa derrota de la más amplia alianza imperialista jamás realizada. Los cuarenta mayores partidos de Europa, socialdemócratas y de derecha, 24 jefes de estado, la iglesia católica, la inmensa mayoría de artistas e intelectuales, todos los canales y programas de TV, toda la prensa incluidos los progres de Le Monde y Liberación, juntaron esfuerzos para lograr una respuesta afirmativa al referendo. Desafiando a este frente monolítico, los trabajadores franceses y holandeses respondieron con un rotundo ¡NO!
Es difícil imaginar una crisis más grande, tienen razón los propagandistas del SI que no se cansaban de repetir que una victoria del NO al proyecto de constitución significaba el derrumbe. Tenía razón el incansable europeísta Jacques Delors cuando, llamando a acelerar las reformas estructurales, inventó una famosa metáfora: “ La Unión Europea es como una bicicleta, no puede parar. Si para cae”. La bicicleta en su rodaje por Francia le dejó 2,5 millones de desocupados.
Los socialdemócratas y la derecha se reclaman mutuamente coraje en el pedaleo hacia las llamadas reformas estructurales: congelamiento de salarios, aumento de las horas de trabajo y la edad para jubilarse, reducción del déficit fiscal mediante un menor gasto en educación y salud, eliminación de las indemnizaciones por despido, contratos basura ilimitados y un sin fin de medidas que garanticen los lucros patronales. Las luchas sindicales, desde hace años, ponen trabas a estas contrareformas. La aprobación de la constitución sería un punto de apoyo para concretarlas, pero ahora la movilización sindical pegó un salto transformándose en un gigantesco movimiento político.El diario belga Le Soir, comenta que “hace décadas que los franceses no se veían tan apasionados por la cosa política”.
Las ilusiones fomentadas por comunistas y socialdemócratas, que apoyaban esa unidad de Europa, pidiéndole que cubriera el déficit democrático y social, terminaron en las elecciones a diputados europeos en el 2004 con una abstención del 58%.El repudio a la constitución no deja la menor duda. La ventaja del 10% sobre el si es sobre una participación del 80%, y revela una nítida diferenciación de clases. Al voto SI en barrios ricos, la clase obrera respondió con un NO masivo.
Los holandeses rechazaron la constitución por un porcentaje todavía mayor, el 65%, y tienen muy claro porqué. El diario de Rótterdam NCR, preocupado por el “extremismo” imperante, publica opiniones recogidas a boca de urna: “vemos como los ricos enriquecen y los pobres empobrecen”; “Hoy vamos a demostrar que estamos hartos. Globalmente hartos y punto final”.
La gran coalición imperialista está destrozada, la bicicleta fue parada en seco y no hay plan B, confiaban que su enorme aparato lograría imponerse. El diario inglés Daily Telegraph recuerda que en 1992 ante el NO al tratado de Mastrich de los dinamarqueses lo repitieron logrando aprobarlo y alertaba que no se les ocurra imitarlos, pronosticando que “Si obligan a los franceses a ir de nuevo a las urnas, la ira en las calles será terrible”. En fin, los de arriba no pueden y los de abajo no quieren. A esto Lenin, y con él nosotros, lo llamó situación revolucionaria.
En el centro del proletariado mundial hay vacío de dirección por que las masas trabajadoras se movilizan y por que la crisis económica, social, cultural y política solo puede ser resuelta por una dirección revolucionaria.
El fuerte trotskismo francés tiene la gran responsabilidad de dar cuerpo al gran movimiento de independencia política de los trabajadores expresado en el NO, potenciando la lucha contra la Europa de los patrones y construyendo una alternativa política para la Europa de los trabajadores.