Como un verdadero terremoto, el plebiscito por la constitución europea realizado en Francia con el triunfo del NO por el 55% contra el 45, está sacudiendo toda Europa. Un gran sismo político que ya se está cobrando sus primeras victimas en el gobierno francés con el reemplazo del primer ministro. Una victoria clara de la clase obrera. Hubo una altísima participación de alrededor del 70% del padrón. Los trabajadores del mundo miran a Francia
Al presidente francés Jaques Chirac las estrellitas de la bandera de la Unión Europea le deben estar girando alrededor de la cabeza. Nada más gráfico para mostrar cómo quedó después del mazazo que le propinó la clase obrera y el pueblo francés con el plebiscito del domingo último. Pero no está solo en ese estado de traumatismo de cráneo. Así también se encuentra el conjunto de la burguesía imperialista europea que en vano esperaba un vuelco en el resultado plebiscitario para sostener el proyecto de constitución que hubiese garantizado la super-explotación de los trabajadores europeos. Hoy ese proyecto no está garantizado (ver ¿Qué era… ). Va a haber una pelea feroz de la clase obrera europea contra los gobiernos y las direcciones traidoras que de una u otra forma volverán a la carga para intentar imponerlo.
Chirac fue el primero en reconocer su derrota al hacer algo inédito en un plebiscito: salir por televisión en cadena nacional a decirlo. El triunfo del NO es un claro triunfo de la clase obrera, el pequeño campesinado y los sectores populares. Las calles de las principales ciudades francesas se llenaron apenas después de terminada la hora del cierre de votación, con millares de personas para festejar como suyo el triunfo obtenido.
Y así fue. La movilización que generó la campaña por el NO se convirtió en un verdadero tsunami político de la clase trabajadora. Dejó en crisis mortal al partido socialista (PS) que se quebró ante el furor de la base más obrera que se oponía a la constitución. La derecha, el partido de Chirac en primer lugar, quedó en crisis total. Y esto se refleja claramente en un parlamento (Asamblea Nacional) y un gobierno que quedaron colgados en el aire ya que no tiene ningún tipo de legitimidad desde el momento que, salvo un diputado, todos han apoyado el SI.
Es que Francia atraviesa una crisis social, económica y política a la que no son ajenos la gran mayoría de los países pertenecientes a la Unión Europea. Es el caso de Italia, donde Berlusconi sufrió una importante derrota electoral. Es el caso de Alemania, con un partido de gobierno socialdemócrata en crisis. Es el caso de Holanda, donde se desarrolla un plebiscito similar con una clara tendencia ganadora para el NO.
El NO triunfó contra la campaña de los partidos del gobiernos, la derecha y el reformismo, incluido Tony Negri, contra el poder de las multinacionales y las clases dominantes de Francia y toda Europa, lo que demuestra el avance de la consciencia de la clase trabajadora.
Esta crisis del régimen y el gobierno francés no es nueva. El resultado del plebiscito estaba ya escrito en las elecciones presidenciales del año 2002 donde Chirac obtuvo menos del 20% de los votos. Es curiosa y a su vez paralela, la opción de “plebiscitar” su gestión para fortalecerse en vista de las elecciones presidenciales del 2007. Kirchner persigue algo parecido en Argentina y ambos subieron al poder con un porcentaje similar.
Hubo muchas luchas en el último período. Los agricultores, sobre todo los vitivinicultores del sur de Francia, han realizado violentas manifestaciones y se han expresado en un 60% en apoyo del NO. Algo similar ocurrió con la pequeña burguesía comercial que se veía amenazada por la competencia de otros países.
Pero lo más importante es que este triunfo es hijo directo de las luchas genuinas de los trabajadores franceses e indiscutiblemente, un triunfo de la clase obrera europea y también mundial. Ellos vienen protagonizando grandes luchas y han realizado dos huelgas generales el 21 de enero y el 10 de febrero que han fortalecido sin duda alguna la campaña por el NO. Se vivió en Francia un estado de movilización permanente que conducía inexorablemente al triunfo en este plebiscito . Por eso el NO gana por más del 60% en Marsella (segunda ciudad del país) y por más del 80% en sus barrios más obreros. El NO gana por más del 60% en los departamentos más obreros del norte y en los del pequeño campesinado más concentrado en el sur (Ver gráfico). Norte y sur que tienen el más alto índice de desocupación.
Hay muchos analistas burgueses que, sangrando por la herida, reducen el análisis a una disputa entre países como Gran Bretaña vs. Francia. Niegan la realidad. El mensaje más importante que nos deja esta victoria es que la clase obrera europea va a dar una dura pelea para defender sus conquistas. No es una disputa entre países, sino una lucha de clases que en Europa se agudiza día a día.
Fabio Marucci
¿Que era el proyecto de Constitución Europea? Un mercado capitalista salvaje y sin vueltas
El artículo 3.2 señalaba que la Unión ofrece «un mercado interno donde la competencia es libre» . Se trata de constituir, de una vez y para siempre, un mercado europeo donde las reglas capitalistas de la competencia, la rentabilidad y la explotación no sufran más límites para la voracidad patronal y financiera. Esto no es ni más ni menos que atropellar por todos los medios el costo laboral, incluidos los salarios.
« La Unión trabaja por el desarrollo duradero de Europa basado en (...) una economía social altamente competitiva de mercado» (art. 3.3). Como sabemos, la competitividad para los patrones es enemiga de las subas de salarios. Además, en el Preámbulo se anuncia: « La Unión asegura la libre circulación de personas, servicios, mercancías y capitales» . Así, personas, mercancías y capitales tienen para los redactores el mismo valor.
En toda la constitución no hay ni la menor alusión a un salario mínimo europeo y por otra parte, hace falta que «los mercados del trabajo sean aptos para reaccionar rápidamente a la evolución de la economía» (art. 203). Es decir, la flexibilidad laboral.
El derecho al trabajo en el Tratado Constitucional Europeo desaparece, reemplazado por el “ derecho a trabajar ” (art. 75.1). Eso significaría que los Estados no tendrían más la obligación de subsidiar a los desocupados. Además no existen cifras para limitar la jornada de trabajo.
Sin derechos a la Seguridad Social , a la salud y a la educación.
La constitución no habla de ninguno de estos derechos sino del “ acceso ”, que obviamente no es lo mismo. Los juristas de la UE precisaron que, en los Estados donde no existen prestaciones o servicios, no hay ninguna obligación de crearlos. Y donde existan no están obligados a mantenerlos.
Art. 74: «Toda persona tiene derecho a la educación, así como al acceso a la formación profesional y continua. Este derecho incluye la posibilidad de seguir gratuitamente la enseñanza obligatoria.» O sea: la gratuidad de la enseñanza obligatoria no será impuesta en los países donde no exista.
El derecho a la vivienda es reemplazado por el « derecho a una ayuda a la vivienda » (art. 94 inc. 3). Como máximo podríamos contar con una limosna o un subsidio para tratar de alojarse.
El fin de los servicios públicos
La parte III del Tratado es muy explícita: « Los Estados miembro se esfuerzan por proceder a la liberalización de los servicios más allá de la medida que es obligatoria .». Con ese argumento, en Francia los sucesivos gobiernos intentaran privatizar todos los servicios públicos. Y por el art. 166.1 las empresas públicas no deben recibir ni un centavo más de ayuda del Estado.
La directiva Bolkestein
La directiva del Comisario Europeo Bolkestein enunciaba el llamado principio del país de origen . Según el mismo, un prestatario de servicio podría desplazar su actividad a un país cuyas conquistas sociales -jornada laboral, seguridad social, etc- sean más débiles y más favorables al empresario.
El art. 148 permitía, por ejemplo, hacer venir a un plomero polaco o a un albañil portugués a Francia y hacerlos trabajar con las condiciones de salario, jornada laboral y protección social de su país de origen.
Una Constitución antilaica
En Francia la Iglesia está separada del Estado. Pero en muchos países, como Polonia o Portugal, las Iglesias se meten en las cuestiones de dominio público, con la ayuda financiera de los Estados.
Adoptando esta Constitución, se impondría en Francia el fin de la separación de la Iglesia y el Estado gracias al art. 6 que indica: « La Constitución y el derecho adoptado por las instituciones de la Unión (...) superan el derecho de los Estados miembro».