Dictador de Uzbekistán reprime manifestaciones populares
El gobierno de la república centroasiática de Uzbekistán ordenó una feroz represión militar contra manifestantes opositores, causando más de 500 muertos y miles de heridos. Uzbekistán, de 27 millones de habitantes es la más importante de las repúblicas de la ex URSS de Asia Central. Se independizó cuando se disolvió la Unión Soviética en 1991. Su presidente, Islam Karimov, es un déspota que viene en línea directa de la vieja nomenclatura burocrática. Convertido al procapitalismo más desenfrenado, impulsó una apertura económica neoliberal que arruinó a buena parte de la población. Luego fue uno de los principales aliados de la invasión yanqui a Afganistán (país con el que fronteriza).
Todas las elecciones las organiza con lista única, y no se permite ningún partido opositor, como en los viejos tiempos stalinistas.
Karimov acusa a la oposición islámica (“terrorista”, según él) de los disturbios y toma de edificios públicos en Andizan. En esa ciudad 10.000 manifestantes habían tomado la casa de gobierno, el cuartel militar y la cárcel, reclamando “trabajo y libertad”. Contra ellos actuó el ejército enviado por Karimov.
Más allá de cómo siga el proceso, se trata en verdad de una legítima rebelión popular, de un proceso de revolución democrática como se dio en otros países de la ex URSS y especialmente en la vecina Kirguistán hace pocas semanas. En este caso, igual que en Kirguistán, contra un régimen estrechamente aliado a la vez de Bush y de Putin.