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Llegó la hora de no pagar
Desde hace 30 años, la deuda externa se ha transformado en el mecanismo
fundamental del imperialismo para despojar de su riqueza y someter políticamente
a los pueblos pobres del mundo. El pago de sus servicios ha provocado
la muerte de millones de seres humanos e hizo que la miseria afecte ya
a las dos terceras partes de la población mundial. La deuda está
detrás de cada uno de los planes de ajuste que se vienen implementando
en el Tercer Mundo y Europa del Este; detrás de las privatizaciones,
la destrucción de la salud y educación públicas,
la flexibilidad laboral, la rebaja del salario, la desocupación
y la destrucción de los aparatos productivos nacionales, porque
todo esto se ha hecho al servicio de pagarla. Pero también es la
razón de que millones de trabajadores, campesinos, desocupados,
jóvenes y sectores empobrecidos de la clase media del mundo entero
vayan tomando conciencia de que no habrá solución para sus
problemas si no enfrentan esta lacra fabricada por el imperialismo. Por
eso cada vez son más los que salen a la lucha, se movilizan, realizan
huelgas generales, cortan rutas, se insurreccionan, tiran gobiernos y
planes económicos, demostrando en las calles que se aproxima la
hora de no pagar más.
La historia reciente de esta verdadera estafa contra la humanidad comenzó
en 1973, cuando se inició la crisis crónica de la economía
mundial. Ese año, la suba de los precios del petróleo provocó
la afluencia de miles de millones de dólares (MD) hacia los grandes
bancos de las metrópolis imperialistas. Éstos, en un intento
desesperado por lograr una tasa de ganancia superior a la que ofrecía
la producción en medio de la nueva etapa recesiva que se iniciaba,
decidieron utilizarlos para dar préstamos a diestra y siniestra,
esperando cobrar intereses usureros.
El endeudamiento abarcó a todos los países del mundo, incluso
a los imperialistas donde se endeudaron las empresas, los gobiernos federales
y hasta los ciudadanos comunes, a través de sus tarjetas de crédito
(1). Pero al poco tiempo, aterrorizados por las deudas que las grandes
empresas de sus países habían acumulado con los bancos,
y el peligro de quiebra y bancarrota total que esto significaba, el imperialismo
comenzó a darse una estrategia para trasladar la crisis a la periferia.
Así pegó un salto el robo de la riqueza de infinidad de
pueblos.
Las dictaduras, principales cómplices de la estafa
Quienes más endeudaron a sus países fueron los dictadores
que gobernaban una gran cantidad de naciones en la década del 70,
entre los que se destacaron los latinoamericanos. Éstos y los "empresarios
nacionales" en nombre de los cuales gobernaban vieron una oportunidad
extraordinaria para enriquecerse rápidamente... y no la desaprovecharon.
No se quedaron atrás otros regímenes bonapartistas, como
el del PRI mexicano. Tampoco se salvaron los países gobernados
por el stalinismo ya que la burocracia no quiso perderse el festín
(2). Así, en pocos años, el imperialismo logró ponerles
las cadenas de la deuda a los pueblos pobres del mundo, que pasaron de
deber 90 mil MD en 1970 a 853 mil en 1982 (3).
El dinero que entró del exterior no fue invertido en aumentar el
poder productivo de estos países; se utilizó para seguir
alimentando la cadena de especulación financiera que había
comenzado (4).
Con la deuda externa, el imperialismo aumentó cualitativamente
la explotación de estos pueblos, superando lo que lograba extraer
por otros medios, que no por eso dejaron de funcionar y perfeccionarse
(5). Sólo para tener una idea de la importancia del cambio que
se provocó, basta saber que entre 1951 y 1957 Brasil remitía
un promedio de 130 MD anuales de dividendo al imperialismo, en tanto que
México pagaba 110 millones. Esto aumentó a tal nivel entre
1982 y 1985, que la media anual que pagaba Brasil trepó a 11.800
MD y México pasó a girar 10.300 MD a las metrópolis.
Además de los pagos usurarios en concepto de intereses, el imperialismo
desarrolló otra presión. Para seguir prestando, obligó
a los países deudores a comprar sus artículos con el mismo
dinero que les prestaba. De esta forma, todo el Tercer Mundo registró
un impresionante aumento de sus importaciones, generando grandes déficits
comerciales, que a su vez se cubrieron con nuevos préstamos (6).
Las consecuencias de este círculo infernal no se hicieron esperar:
pegó un salto cualitativo el deterioro del nivel de vida de los
trabajadores y comenzó a retroceder a un ritmo vertiginoso la capacidad
productiva de los países del Tercer Mundo y del bloque "socialista".
Por su parte, las burguesías nacionales utilizaron gran parte de
esos préstamos para negociados propios y para especular en el exterior,
produciéndose así la famosa fuga de capitales. Sin embargo
el FMI, para garantizarse el cobro, ordenó a las dictaduras que
estatizaran estas deudas privadas, con lo cual se consumaron nuevas y
escandalosas estafas contra el conjunto de los pueblos.
La crisis del 82
La tremenda espiral de la deuda, como no podía ser de otra manera,
llevó a una gran crisis a principios de los años 80. El
aumento de las tasas de interés (de 6,4% en 1977 a 20% en 1981),
provocado para compensar un nuevo descenso de la tasa de ganancia, causó
un aumento tremendo de las obligaciones de la deuda. Esto, sumado a la
caída de los precios de las materias primas -del orden del 30%
entre 1980 y 1985- disminuyó enormemente las posibilidades de pago.
Frente a esta situación, el movimiento de masas dijo basta y salió
a la lucha, desatándose un gran ascenso obrero a nivel mundial,
con epicentro claro en América Latina. Este ascenso comenzó
a impedir que los gobiernos entreguistas siguieran adelante con las medidas
de ajuste permanente que necesitaban para pagar puntualmente la deuda.
Centroamérica era un polvorín, sacudido por las revoluciones
nicaragüense y salvadoreña, que contagiaba a toda el área,
golpeando el patio trasero del imperialismo. En el Cono Sur comenzó
la movilización que terminó derrumbando a los regímenes
militares. Todos los pueblos querían mejorar su nivel de vida.
Lo mismo sucedía en Polonia, donde desde julio-agosto del 80 se
había puesto en marcha un proceso de revolución política
contra la dictadura stalinista y se desarrollaba vigorosamente Solidaridad
como organismo obrero democrático y de doble poder.
Imposibilitados de seguir ajustando a sus pueblos, un grupo importante
de países comenzó a atrasarse en los pagos (7). La crisis
estalló cuando México declaró estar al borde de la
quiebra y no poder seguir pagando. Al poco tiempo Brasil hizo lo mismo
y Argentina comenzó a retrasarse peli-grosamente. Unos meses antes,
Polonia también había declarado su insolvencia para pagar
los 2.500 millones que le correspondían ese año.
El pánico se apoderó rápidamente de la banca imperialista,
ya que estaba planteada la posible quiebra de sus deudores más
importantes y un efecto dominó que nadie se animaba a predecir
dónde concluiría (8).
Otro fantasma también los inquietaba. Había comenzado a
circular el rumor de que varios gobiernos, frente al ascenso de masas
en sus países, estaban planeando asociarse para repudiar las deudas
en conjunto. Insinuando algo por el estilo, llegaron a circular tibias
declaraciones de prensa de sectores burgueses latinoamericanos que en
aquel momento eran los más comprometidos (9). Pero sólo
eran bravuconadas para mejorar las condiciones de pago, ya que no tenían
la más mínima intención de romper con el imperialismo,
como pudo comprobarse los años subsiguientes (10).
Ante esta situación, la banca mundial cambió de política.
Bruscamente dejó de prestar por temor a perder sus ganancias frente
a la insolvencia creciente de sus deudores. Esto fue lo que se conoció
como la crisis de la deuda, en 1982.
El chacal impone nuevas condiciones, las "democracias"
se arrodillan
Al cortar el flujo de capitales, los países endeudados se quedaron
de un día para el otro sin poder hacer frente a los tremendos déficits
acumulados en sus cuentas corrientes, que hasta ese momento se cubrían
con nuevos préstamos externos (11). Así, chantajeando para
seguir prestando en el futuro, el imperialismo obligó a los países
semicoloniales a poner sus economías al servicio exclusivo del
pago de la deuda.
Esta situación no cambió con la vuelta a la democracia que
experimentaron muchos países latinoamericanos, ya que los nuevos
gobiernos, utilizando las ilusiones del movimiento de masas que los había
llevado al poder, profundizaron la dependencia del imperialismo.
Para lograr saldos comerciales favorables los países redujeron
drásti-camente sus importaciones, fundamentalmente en aquellos
rubros como maquinarias y herramientas, afectando nuevamente la capacidad
de inversión productiva (12). Comprando poco e incentivando las
exportaciones a costa del mercado interno, la mayoría de los países
pasaron rápidamente a tener superávits comerciales (13).
Pero estos superávits fueron destinados... a pagar los intereses
de la deuda. Esta política permitió bajar los déficits
de cuenta corriente (14).
Los salarios, en medio de una inflación que no dejaba de subir,
cayeron: en Brasil un 40% entre el 81 y el 83, en Perú un 41% entre
el 80 y el 85 y en México el 32% en el mismo período.
La consecuencia de todo esto fue una recesión generalizada, que
ocasionó una caída impresionante del PBI per cápita
de todos los países deudores y un retroceso sin precedentes de
las fuerzas productivas (15). Al mismo tiempo, sólo entre el 82
y el 85 y desde Latinoamérica, se giraron 189 mil MD hacia las
metrópolis (descontando el dinero que entró).
Con la democracia no se come,
ni se cura, ni se educa
En 1985, la capacidad de pago de los países semicoloniales volvió
a retroceder. Se produjo otra caída en los precios de las materias
primas combinada con una reducción brusca del crecimiento en los
países imperialistas. Esto ocasionó que volvieran a caer
las exportaciones y que el déficit en cuenta corriente comenzara
nuevamente a crecer (16), mostrando el fracaso de las recetas aplicadas
a partir de la crisis del 82.
La clase obrera, por su parte, volvió a luchar con fuerza redoblada.
Los nuevos regímenes democrático- burgueses rápidamente
comenzaron a desgastarse, en medio de un ascenso obrero que se politizó
cada vez más y fue tomando conciencia del real peso que tenía
la deuda. A la vanguardia de este proceso se ubicó en esos años
el proletariado boliviano, que en 1983 logró imponerle temporariamente
una moratoria a su gobierno. En el 85, el gobierno peruano de Alan García
se vio obligado a reducir también unilateral-mente sus pagos. Los
motines en Jamaica, así como la huelga general en República
Dominicana contra los planes acordados con el FMI, ambos en enero del
85; y las huelgas generales de julio del 85 en Panamá y enero del
86 en Argentina por la moratoria son muestra claras de un proceso que
comenzó a adquirir dimensiones continentales. Se produce así
la segunda crisis de la deuda.
Los gobiernos, en medio de semejante ascenso y de la negativa de los bancos
a otorgar nuevos créditos, durante este período intentarán
aplicar una serie de planes que se derrumbarán como castillos de
naipes, provocando que la inflación se vaya por las nubes.
El imperialismo, por su parte, comenzó a delinear una nueva contraofensiva,
superior a todas las conocidas hasta entonces. Sin embargo, no le resultó
fácil implementarla: la clase obrera ofreció una dura resistencia
que se prolongó varios años, con hitos importantes como
las insurrecciones populares de Caracas y Rosario en 1989.
Finalmente, por el rol nefasto de las direcciones traidoras -que se negaron
a unir y darle continuidad a éstas y otras luchas heroicas- el
imperialismo comenzó a lograr avances significativos, fundamentalmente
desde comienzos de los años 90.
En esos años tuvo lugar también uno de los acontecimientos
más importantes del siglo XX: la caída en dominó
de las dictaduras stalinistas de Europa del Este y la Unión Soviética
(ver artículo pág. 14).
Comienza la década infame
En marzo de 1989, Nicholas Brady, Secretario del Tesoro de los Estados
Unidos, anunció una nueva propuesta, según la cual aquellos
países que se avinieran a realizar Planes de Ajuste Estructurales
(PAE) -más tarde conocidos mundialmente como neoliberales-, recibirían
una quita importante de capital, la reducción de los intereses
y nuevos préstamos. Diez años después, todos pudimos
comprobar cómo estas "reducciones" lograron que, mientras
más se pagaba, más aumentase la deuda.
En lo que sí cumplieron fue en aplicar las reformas estructurales
que venían intentando imponer desde hacía años. Avanzaron
en la privatización total o parcial de las más importantes
empresas nacionales y en destruir las menos rentables, ocasionando una
total descapitalización de los países del Tercer Mundo.
Como contrapartida, las grandes empresas imperialistas se quedaron con
los sectores más rentables y que en muchos casos, por su carácter
monopólico, tenían asegurada una altísima tasa de
ganancia. En la Argentina, que fue uno de los países en donde más
se avanzó, se privatizaron las comunicaciones, la energía
eléctrica, el agua, el gas, el petróleo, el carbón,
el transporte aéreo, ferroviario y subterráneo, Fabricaciones
Militares, los puertos, etc. Y todo a un precio en efectivo prácticamente
irrisorio, ya que el grueso de las transacciones eran a cuenta de la deuda
externa. Sin embargo ésta, lejos de disminuir, pasó de 60
mil MD a 125 mil entre el 90 y el 98. Este proceso, aunque con marcadas
desigualdades, avanzó en la mayoría de los países
latinoamericanos: se privatizaron unas 1.600 empresas de gran y mediano
porte.
Se redujeron drásti-camente las partidas presupuestarias para salud
y educación. En Zimbabwe, por ejemplo, el gasto público
per cápita en asistencia sanitaria se ha reducido en un 33% desde
1990, provocando un aumento enorme de la mortalidad infantil. En el Àfrica
subsahariana también se han recortado los presupuestos de salud
y educación, en momentos en que según la UNICEF sería
necesario aumentar en unos 9 mil MD dichas partidas para salvar las vidas
de 21 millones de niños y ofrecer educación básica
a otros 90 millones. Nueve mil es bastante menos que los 13 mil MD por
año que la región destina actualmente al pago de la deuda...
Con la desinversión drástica en infraestructura, altas tasas
de interés y una liberalización de las importaciones, se
destruyeron ramas enteras de producción en todos los países
coloniales, semicoloniales, la ex URSS y Europa del Este. En África
la inversión, al igual que la participación en el comercio
internacional, cayó del 4 al 2%. En países como Tanzania,
Ghana y Zambia, se han perdido más de dos tercios de industrias
viables en potencia como la textil. En Bolivia, la industria como tal
ha desaparecido. En Argentina, casi se han perdido la industria metalúrgica
y la mayoría de las ramas consideradas estratégicas.
Junto con esto se procedió a un recorte brutal de las conquistas
laborales y sindicales, lo que fue acompañado de una baja del salario
directo e indirecto (subsidios familiares, jubilación, salud, etc.).
Esto ocasionó que en muchos países el nivel de vida de la
clase obrera retrocediera varias décadas. Y todo al servicio de
que las economías se "estabilizaran", pudieran pagar
puntualmente la deuda externa y recibir nuevos créditos. Así
fue como del 91 al 98 los países del Tercer Mundo -incluidos la
ex URSS y Europa del Este- pagaron la monstruosidad de 2 billones 123
mil MD, contra poco más de 600 mil millones que entraron en concepto
de nuevos préstamos. Sin embargo la deuda casi se duplicó,
pasando de 1 billón 479 mil millones en 1991 a 2 billones 536 mil
en 1998 (17) (Banco Mundial, Informe 2000).
En los 90, a diferencia de la década anterior, en que el grueso
de la deuda se asentaba en Latinoamérica, ésta toma proporciones
alarmantes en el mundo entero: se duplica en Asia, la ex URSS y Europa
del Este, mientras sigue creciendo vertiginosamente en África,
AL y Oriente Medio.
Esta verdadera expoliación sobre el Tercer Mundo ha hecho que la
desocupación, la pobreza, la mortalidad infantil, las enfermedades,
el analfabetismo y demás lacras sociales aumenten escandalosamente.
En la actualidad, más de 3.000 millones de personas viven con menos
de dos dólares diarios y 1.200 millones no logran tener siquiera
un dólar, sobre un total de 6.000 millones de habitantes en el
mundo (18) (id.).
1994: los pobres del mundo nuevamente se ponen de pie
Ese año se desató la rebelión campesina en Chiapas,
asestando un golpe tremendo al régimen del PRI, responsable durante
décadas del sometimiento de México al imperialismo. Unos
meses antes se produjo la semi-insurrección de Santiago del Estero
en el otro extremo del continente, iniciando la crisis del plan económico
y del gobierno de Carlos Menem, el más entreguista de la historia
argentina. Un par de años después el pueblo venezolano redujo
a las cenizas al régimen bipartidista de AD y Copei, colocando
en el poder a Chávez, quien se ve obligado a prometer -para luego
no cumplir- que enfrentaría los dictados del FMI.
Una tras otra se sucedieron las movilizaciones revolucionarias de los
pobres del Ecuador, culminando el año pasado en una extraordinaria
revolución que estuvo muy cerca de quedarse con el poder del Estado,
obligando a la burguesía a dejar de pagar la deuda. Mientras tanto,
comenzó a crecer entre los trabajadores, campesinos, indios, jóvenes
y desempleados de América Latina la conciencia de que para salir
de la miseria hay que enfrentar al responsable de todas las penurias:
el FMI. El reclamo contra la deuda se incorporó en las grandes
huelgas generales de Colombia y Argentina.
A la vez, se sumaron a la lucha los trabajadores europeos, con los obreros
y estatales franceses a la vanguardia, quienes en 1995 protagonizaron
una huelga histórica para evitar los recortes sociales. Las movilizaciones
contra el Banco Mundial, el FMI y la OMC comienzan a ser llevadas a cabo
por los trabajadores de las propias metrópolis, haciendo de Seattle
un símbolo que se repite y recorre el mundo. Los heroicos mineros
rusos se despejan las ilusiones con el capitalismo, y con su gran huelga
de los rieles se transforman en un gran ejemplo imponiéndole a
Yeltsin la moratoria de su deuda externa. Sale a la lucha, después
de muchos años, el joven y combativo proletariado asiático,
con Corea del Sur e Indonesia en primera fila.
Estas luchas, y muchísimas más que se han desarrollado o
están en pleno curso, han comenzado a hacer tambalear no solamente
a los gobiernos cómplices del imperialismo sino también
a los planes que conjuntamente diseñaron.
No pagar: una tarea que sólo
los trabajadores y los pueblos pueden lograr
Aunque la actuación de las burguesías "nacionales"
durante los últimos 30 años ha sido de sumisión completa
al imperialismo, todavía hay sectores de la izquierda y de la intelectualidad
progresista que tienen expectativas puestas en ellas. Estos sectores dicen
estar convencidos de que más temprano que tarde una parte de la
patronal se decidirá a enfrentar al imperialismo y encabezará
un proyecto "nacional y popular". Creen ver estas actitudes
en personajes como Chávez, Cárdenas, Brizola o los militares
ecuatorianos y por eso los apoyan entusiastamente, aunque rápidamente
se decepcionan con las medidas que toman cuando llegan al gobierno.
Contra lo que creen estos compañeros -muchos de ellos honestos
luchadores con los que compartimos a diario peleas importantes-, el servilismo
de las burguesías tercermundistas tiene bases objetivas y estructurales.
Es debido a esta realidad que no podemos esperar de parte de ningún
sector burgués medidas progresivas contra el imperialismo.
"El crecimiento económico del período del boom posibilitó,
también en América Latina, el refuerzo de sectores industriales
y financieros modernos de las burguesías nacionales. Estos sectores
crecieron en general asociados de alguna forma al imperialismo, sea a
través de acuerdos tecnológicos, por vínculos financieros
o dependencia de los mercados extranjeros para la exportación.
Sus relaciones con el imperialismo son mayores que las que existían
con las antiguas burguesías ligadas al comercio interno que se
desarrollaron principalmente en la posguerra, y que posibilitaron los
procesos nacionalistas de Perón y Vargas.
Muchos burgueses se enriquecieron especulando con la propia deuda. La
fuga de capitales de América Latina, en gran parte para financiar
especulaciones en países imperialistas, asumió proporciones
gigantescas (19). Las burguesías nacionales latinoamericanas están
hoy mucho más integradas al mercado mundial y al imperialismo que
las viejas burguesías ligadas al mercado interno. Tan integradas,
que también tienen ese carácter especulativo parasitario.
Son socios menores en la gran expoliación que fue y es la deuda
externa. Por esta integración pasan a ser socios menores del imperialismo,
no sólo en la explotación del proletariado de sus propios
países, sino del mundial." (Nahuel Moreno, CEI de la LIT,
abril de 1986).
Este proceso es lo que explica, por ejemplo, la metamorfosis del peronismo
en Argentina o del PRI en México, que de expresiones nacionalistas
en sus orígenes se transformaron en los más grandes agentes
del imperialismo.
Nada de esto significa que no haya roces entre sectores de las burguesías
nacionales y el imperialismo. Pero son roces en el marco de un acuerdo
estratégico, que se producen cuando la crisis reduce la torta,
disminuyendo las ganancias de los sectores más débiles.
En esos momentos, lo que buscan estas patronales no es distanciarse del
imperialismo sino que éste les tire un hueso más grande.
En determinadas ocasiones, obligadas por el ascenso y la crisis, las burguesías
pueden incluso terminar reduciendo o suspendiendo los pagos de la deuda,
como recientemente ha sucedido en Ecuador. Pero esto no significa su ruptura
con el imperialismo: siguen gobernando para ellos y por eso intentarán
aplicar nuevos ajustes que les permitan volver a pagar normalmente.
Es debido a esta realidad que necesitamos sacar una conclusión
fundamental. El no pago definitivo de la deuda externa y la independencia
de nuestros pueblos sólo pueden ser instrumentados por los que
no tienen ningún compromiso con el imperialismo: los trabajadores
y los sectores pobres del pueblo.
El no pago, consigna central y revolucionaria
Existen también organizaciones de izquierda que se niegan a realizar
campañas permanentes por el no pago de la deuda externa. Algunas,
argumentando que el problema de la deuda no es tan grave porque en realidad
no se paga y todo se cubre con nuevos préstamos. Otras, porque
consideran que el problema central no es la deuda sino el capitalismo.
Ya hemos explicado aquí por qué la deuda es uno de los principales
problemas que afecta a nuestros pueblos, proporcionando datos concretos
que desmienten la idea de que "no se paga". También hemos
desarrollado por qué la deuda externa es el corazón que
mantiene con vida a los planes capitalistas neoliberales.
Es esta realidad la que obliga a todas las organizaciones que se dicen
revolucionarias a levantar como un punto esencial de su programa el no
pago de la deuda. No sólo por una cuestión de principios,
sino porque es una necesidad imperiosa ayudar al movimiento obrero y popular
a tomar conciencia de la real dimensión de este flagelo que la
burguesía, el imperialismo y las direcciones traidoras le intentan
ocultar. Solamente así estaremos ayudando a que se desarrolle la
movilización para dejar
de pagarla y de una vez por todas imponer verdaderos cambios de fondo.
En estos últimos tiempos, viendo que la movilización comienza
a salirse del control de los aparatos tradicionales, la Iglesia ha decidido
ponerse al frente de los reclamos contra la deuda, impulsando una serie
de actividades junto a ONGs, sindicatos y partidos en el marco del "Jubileo
2000" (ver artículo). Como era de esperar, la Iglesia no levanta
el no pago de la deuda ni la ruptura de los pactos que nos atan al imperialismo.
Su programa se limita a pedir la condonación de la deuda de algunos
países y mejores condiciones de pago para el resto. Este programa,
por sus limitaciones, no avanza en los cambios de fondo que se necesitan
(20). Sin embargo, sería un crimen que los revolucionarios tuviéramos
una orientación sectaria hacia estas iniciativas, que sirven para
instalar el problema de la deuda en franjas de masas. A la vez, también
cometeríamos un error tremendo si en ellas no diéramos una
batalla política para agrupar a los sectores que quieren avanzar
en el camino de una independencia real y definitiva de nuestros pueblos.
Impulsemos una campaña mundial por no pagar
Además de la campaña del Jubileo, la crisis económica,
las luchas y la conciencia creciente del significado de la deuda entre
los sectores populares, ha obligado a sectores de la burocracia sindical
a levantar consignas contra el FMI en las movilizaciones.
Nuestra organización trabaja en unidad de acción con todos
aquellos sectores que llaman a movilizar contra el imperialismo por parciales
que puedan ser sus reclamos.
Desde hace largos años, desde la UIT venimos levantando la bandera
del no pago de la deuda. Por eso nuestros partidos son conocidos en sus
países como luchadores incansables contra la dominación
imperialista. Últimamente hemos participado de múltiples
iniciativas. En España, fuimos parte del plebiscito contra la deuda
que organizó a más de 100.000 activistas y actualmente participamos
de una iniciativa similar que se está llevando a cabo en Brasil.
Integramos la Red Venezolana Contra la Deuda Externa. En Argentina, hemos
colaborado con el Juicio contra la Deuda que se inició en 1983
y acaba de obtener un fallo judicial favorable; también participamos
destacadamente en las últimas movilizaciones y huelgas generales
que se llevaron a cabo contra el FMI. Lo mismo hicimos en Colombia durante
el Paro Cívico Nacional de agosto de 1999, uno de cuyos puntos
era el no pago. Participamos con todas nuestras fuerzas en la lucha de
los mineros rusos y de los indígenas y trabajadores de Ecuador
que lograron suspender los pagos de sus países.
En el próximo período nos proponemos redoblar nuestra actividad
para seguir contribuyendo, en la medida de nuestras posibilidades, a lograr
un desarrollo aún mayor de la lucha contra la deuda externa.
Desde estas páginas, queremos hacer un llamado a los miles y miles
de luchadores que en el mundo entero, al igual que nosotros, están
desarrollando iniciativas contra la deuda, a que unamos fuerzas contra
este flagelo. Para que juntos llevemos esta campaña a las fábricas,
escuelas, universidades, etc., agitando y propagandizando que no habrá
solución a ninguno de los problemas que afectan a la clase trabajadora
si no dejamos de pagar y nos movilizamos en forma independiente por conseguirlo.
NOTAS:
(1) En EE.UU., "de 935 mil millones de dólares al momento
en que el presidente Reagan entraba a la Casa Blanca, sólo la deuda
del gobierno federal norteamericano ha pasado a 1 billón 200 mil
millones de dólares en febrero de 1983. La de los individuos y
de las familias es más o menos equivalente, y la de las sociedades
es ligeramente superior" (Le Monde Diplomatique, abril/83). Una situación
similar se daba en Inglaterra, donde hubo "un incremento dramático
en la dependencia de las compañías respecto de los bancos.
Entre 1967 y 1973, el porcentaje de deudas contraídas por las compañías
con los bancos creció del 30 al 70%. Para 1980 había alcanzado
el 80%" (id.). Según The Economist de esa fecha, lo mismo
sucedía en Francia, Alemania Federal, Italia, Japón y otros
países imperialistas.
(2) En 1982, Polonia debía 26 mil MD, Yugoslavia 19 mil, Alemania
Oriental 14 mil, Rumania 11 mil y la URSS 23 mil, destacándose
el caso inédito de Cuba, que debía 3 mil.
(3) Esto significaba en aquel momento "una suma cercana al tamaño
del presupuesto anual de los EE.UU. y más de tres veces el de Japón;
esto es 154 dólares por cada hombre, mujer y niño sobre
la tierra. Los ejecutivos de crédito que trabajaban para líderes
de conglomerados como Citicorp, Société Générale
y Credit Suisse, a menudo prestaban poca atención a si el deudor
podía o no pagar. El hecho de que México se asentara sobre
un océano de petróleo, de que Zaire tuviese montañas
de cobre, se pensaba que era suficiente" (Time, 10/1/83).
(4) Una de las pocas excepciones fue Brasil, permitiéndole a este
país un crecimiento productivo que lo ubicó en su momento
como la octava economía del mundo. Esto sin embargo no evitó
la crisis posterior, porque los sucesivos gobiernos pusieron la economía
al servicio de pagar la deuda.
(5) Hasta principios de los años '70, el imperialismo utilizaba
esencialmente cuatro mecanismos para superexplotar a sus colonias y semicolonias:
1) a través del comercio exterior, imponiendo un intercambio desigual
con los países periféricos y los estados obreros; 2) repatriando
las ganancias de las empresas imperialistas instaladas en los países
"dependientes"; 3) obligando a las semicolonias a pagar sumas
considerables en concepto de patentes, royalties, know how, etc., es decir
la tecnología que monopolizan; 4) incentivando la fuga de capitales
"nacionales" hacia las metrópolis imperialistas. Los
préstamos y el cobro de intereses eran hasta ese momento una herramienta
secundaria.
(6) América Latina (AL) aumentó sus importaciones de 28
mil MD en 1973 a 97,6 mil en 1981.
(7) En 1981, según el FMI, 32 países estaban en mora. En
1975 eran sólo 15.
(8) Ningún banco quería la quiebra de sus deudores, ya que
mientras esto no sucediera seguiría el flujo de dinero proveniente
del pago de intereses. A quien más le preocupaba la situación
era a la banca yanqui, porque los nueve mayores bancos de EE.UU. habían
prestado alrededor del 130% de su capital a México, Brasil y Argentina.
Lo mismo les sucedía a los banqueros alemanes con relación
a la deuda de Polonia.
(9) Los países latinoamericanos debían en ese momento el
48,2% del total de la deuda del Tercer Mundo.
(10) Cuando se renegociaba la deuda externa mexicana, la delegación
de ese país "estuvo próxima a irse. Un diplomático
yanqui recuerda: ellos impidieron el pago de honorarios de servicio sobre
el dinero. Dijeron que estaban viendo al imperialismo en acción
y amenazaron con tomar el próximo avión para casa. Eso hubiera
significado la quiebra" (Time, 10/1/83).
(11) Solo en AL este déficit fue por esos años del orden
de los 40 mil MD.
(12) En AL, las importaciones se redujeron de 97,6 mil millones en el
81 a 57,6 en el 85.
(13) En AL, el superávit comercial fue de unos 35 mil MD promedio
entre el 83 y el 85.
(14) En AL, el déficit de cuenta corriente bajó de 40 mil
MD en el 81 a 1.1 MD en el 84.
(15) En AL, la caída del PBI per capita fue del 8,9% entre el 80
y el 85, y la inversión cayó un 30% en el 85 con relación
al 80.
(16) En AL las exportaciones caen de 97 a 91 mil MD y el déficit
en cuenta corriente pasa de 1.1 a 4.4 MD.
(17) Sólo para tener una dimensión de cómo la extracción
de recursos cada año fue en aumento, basta ver la evolución
de la deuda en AL: en los 10 años que van del 83 al 92, se pagaron
unos 531.5 mil MD; en los 6 años que van del 93 al 98, casi 697.7
mil MD. Esto no impidió que en esos 16 años, tomados de
conjunto, la deuda pasara de 344.5 mil millones a 786 mil (Banco Mundial,
Informe 2000).
(18) Según datos de la CEPAL (Comisión Económica
para América Latina), en el continente latinoamericano el 36% de
la población (220 millones) vive en la pobreza, 150 millones con
menos de dos dólares diarios, mientras que en Asia más de
1.000 millones (cerca de un 20% de la humanidad) no logran tener un ingreso
superior al dólar y en el Africa subsahariana esta cifra ascendía
en el 93 al 40% de su población (unos 219 millones de personas).
(19) Según datos del Morgan Guaranty Trust, 14 mil MD salieron
del Brasil y 85 mil millones de México. De Argentina salieron 23
mil millones (sólo el Grupo Macri invirtió 1.000 MD en Manhattan).
Se calcula entre 120 y 130 mil MD la fuga de capitales de AL entre 1975
y 1983.
(20) Esta política ya viene siendo aplicada por el imperialismo.
El Grupo de los 7 (G7) ya resolvió en su cumbre de Colonia perdonar
parte de la deuda a los 41 países más pobres, la mayoría
africanos. En realidad estos países deben una parte ínfima
de la deuda y, por su crisis, en muchos casos no podrían seguir
pagando aunque quisieran. Sin embargo, en la última cumbre que
se llevó a cabo recientemente en Okinawa, reconocieron que sólo
avanzaron con 9 de esos 41 países, porque el resto todavía
no había hecho las reformas estructurales comprometidas.
RECUADROS
ECUADOR
Cuando la movilización impone la moratoria
Rodrigo Ayala
Si hay un país que en Latinoamérica ha sentido en los últimos
años el rigor de la insoportable carga del pago de la deuda externa,
ha sido Ecuador. Con una deuda de 16.600 millones de dólares, de
los cuales 6.300 corresponden a bonos Brady, Ecuador se encuentra en la
encrucijada de pagar, suspender o no pagar definitivamente.
La exorbitante deuda que acumula ha obligado a los gobiernos a dedicar
el 40% del presupuesto fiscal para la cancelación de los intereses,
mientras que para la atención a la educación, escasamente
el 13% y para la salud pública un 3%. Esto llevó a que el
Estado dejara de pagarle por varios meses a los maestros, médicos
y enfermeros, generando una ola de indignación y de movilizaciones
en el país.
En un intento por hacer pagar la grave crisis económica que azotó
el país a los pueblos indígenas, trabajadores y campesinos
pobres, el gobierno de Mahuad se propuso aumentar el costo de los combustibles
y contraer el salario de los trabajadores estatales, en la perspectiva
de dolarizar la economía como lo recomendaban las diferentes misiones
del FMI. La respuesta del pueblo no se hizo esperar, generándose
las más grandes movilizaciones de protesta vividas en el país
luego de la caída de Abdala Bucaram.
Mahuad se vio obligado a suspender, inicialmente el pago de los intereses
de los bonos Brady, y en agosto del 99, declaró la moratoria de
toda la deuda externa.
El FMI aceptó la declaración de moratoria adoptada por el
gobierno ecuatoriano, pues la poderosa movilización desarrollada
en julio en ese país había aterrorizado al imperialismo.
Un nuevo intento por estabilizar la economía del país y
reiniciar el pago de la deuda, lo desarrolló Mahuad a finales del
99. Pero a principios del 2000, como es conocido por todos, las masas
enardecidas decidieron darle punto final a su gobierno.
Lamentablemente, al no instaurarse un gobierno encabezado por las organizaciones
que confluían en el Parlamento Popular, el nuevo gobierno burgués
de Noboa, al poco tiempo, decidió reiniciar los planes de ajuste
y el proyecto de dolarización de su antecesor, en el afán
de volver a pagar la deuda puntualmente y cumplir con el FMI. Esto preanuncia
nuevos y más fuertes enfrentamientos con el pueblo.
Las lecciones de esta experiencia son claras. Con la movilización
se puede lograr dejar de pagar. Pero, si el poder queda en manos de la
burguesía, esta medida será temporal, mientras sé
reacomoda y logra imponer a sangre y fuego los planes económicos
de superexplotación que ordenan los organismos de crédito
internacional y el imperialismo. Por eso en Ecuador y en el mundo, son
los trabajadores, campesinos, indígenas y demás sectores
populares los que deben tomar en sus manos las riendas de nuestros países
y no pagar más.
ARGENTINA
"Para no vivir pagando y morir debiendo"
Juan Carlos Giordano
Así reza un slogan del Foro Argentino de la Deuda Externa. Este
organismo fue encabezado por Alejandro Olmos, abogado y luchador recientemente
fallecido, cuya lucha compartimos.
En abril de 1982, Olmos inició un juicio contra la deuda. Después
de 18 años acaba de salir el fallo, inédito en el mundo.
En la sentencia, el juez federal Ballesteros reconoce que esa deuda "benefició
a empresas y negocios privados, resultaron inexistentes sus registros
contables y el país fue puesto de rodillas bajo la voluntad de
acreedores externos ..." Pero la causa prescribió, el juez
no condenó a nadie y la ha girado al Congreso nacional para que
siga investigando. El 22/8 habrá una audiencia parlamentaria pública.
La deuda externa argentina, además de ilegítima y fraudulenta,
se ha vuelto impagable. De u$s 6.800 millones que se debían en
1976, al finalizar la dictadura eran 40.000. Durante el gobierno de Alfonsín
(83/89) subió a 60.000 millones. Y con Menem (89/99), la deuda
pública trepó a 140.000 y la privada, a 40.000. Hoy se estima
un endeudamiento total de 200.000 millones -¡66% del PBI!-, cuyo
servicio de intereses insume 10.000 millones al año.
Las medidas de ajuste del gobierno tienen por mira cumplir con estos pagos.
Y una inspección del FMI visita el país cada tres meses,
para "revisar las cuentas". Es por todas estas razones que la
población comienza a vislumbrar a la deuda como el mal de los males.
Según una encuesta reciente, el 88% opina que "el gobierno
debe ponerle límites a las exigencias del FMI" (Clarín,
21/5).
Lo más importante está ocurriendo en las calles, donde la
deuda empieza a ser tema cotidiano de debate. La CGT disidente (Confederación
General del Trabajo, liderada por Moyano), con apoyo de la CTA (Central
de Trabajadores Argentinos, que dirige De Gennaro), llamó el pasado
31/5 a marchar en Buenos Aires "contra el FMI". Casi 50.000
personas se movilizaron a la Plaza de Mayo. Aunque menor, el 26/7 hubo
otra concentración contra la deuda ante el Congreso.
Desde hace años nuestro partido levanta la lucha por no pagar y
romper con el FMI, proponiendo un gran movimiento nacional. A ambos actos,
el MST e Izquierda Unida fuimos con una gran bandera por el no pago. Aunque
hasta ahora ni las cúpulas sindicales ni sectores políticos
importantes toman esta consigna, impulsamos toda acción progresiva
que apunte contra la deuda, así sea para cuestionarla parcialmente,
reclamar la suspensión o la moratoria de sus pagos. Para no vivir
pagando y morir debiendo.
ESPAÑA
Más de un millón de votos contra la deuda
Andreu Sol
Una experiencia insólita en España, la "Consulta social
popular por la abolición de la deuda externa", obtenía
un gran éxito de participación y votación (1.100.000
votos) el mismo día 12 de marzo de las elecciones generales que
otorgaron la mayoría absoluta parlamentaria al gobierno de la derecha.
La propuesta había partido de las organizaciones del 0,7 de la
ciudad de Lleida, que incluso realizaron una experiencia piloto. En tan
sólo unos pocos meses, fue posible preparar una votación
paralela popular, al margen de la legalidad, gracias al apoyo juvenil
y la simpatía de buena parte de la población.
La red encargada de prepararla, que crecía de semana en semana,
llegó a realizar más de mil charlas explicativas y actividades
de promoción. Todo ello en un ambiente de colaboración y
sobre una base democrática en las decisiones.
Éxito
En 400 ciudades y pueblos de España se emplazaron mesas con urnas
para el voto, con una ejemplar organización, supliendo su aspecto
amateur con la abnegación y trabajo colectivo de los voluntarios
agrupados por doquier. En total, unas 18.000 urnas en otras tantas mesas,
con tres a cuatro voluntarios por mesa en turnos como mínimo dobles,
lo que representa una movilización de entre 108.000 y 144.000 activistas.
En Cataluña fue donde se consiguieron más mesas, más
voluntarios y por tanto más votos: 600.000, de los cuales 440.000
en la ciudad de Barcelona.
En general la presión popular obligó a las autoridades a
ser tolerantes, a pesar de la declaración oficial de ilegalidad
de la consulta, pero en algunas poblaciones hubo desarticulación
de mesas, confiscación de urnas y detenciones.
Una participación tan formidable, en una iniciativa que era ilegal,
contrastó con la muy baja participación de los jóvenes
y los trabajadores en las elecciones parlamentarias generales que se celebraban
ese mismo día y que ganó la derecha capitalista.
La juventud
Pero ese contraste tiene una explicación. Sectores significativos
de la juventud y de los nuevos votantes se apartaban de las campañas
oficiales de los partidos institucionales y de su parlamentarismo, y el
tardío pacto del PSOE con Izquierda Unida no consiguió enderezar
la tendencia, según se vio en los resultados electorales. En cambio,
una movilización percibida como audaz y diferente (una votación
pública sobre la abolición de la deuda externa), generó
la suficiente ilusión como para lanzar a la lucha política
a sectores de jóvenes que nunca antes habían realizado este
tipo de actividad. Parte de ellos vivieron la consulta como el ensayo
de una democracia más consecuente, más acorde y relacionada
con las movilizaciones e intereses populares.
Sobre un escenario con ausencia de movilización obrera y de profunda
crisis de la izquierda, con un gran desprestigio de los partidos, la Consulta
trajo aire fresco en un clima político muy viciado.
El reto
El resultado conseguido, mucho mayor que el esperado, ha generado una
importante tendencia a proseguir con nuevas formas la presión a
las instituciones y autoridades para conseguir una condonación
efectiva, en primera instancia, de la deuda pública de los países
dependientes al capitalismo español. La red se estabiliza para
dar continuidad a la lucha.
Sus participantes se plantean la necesidad de ampliar el aspecto político
de este movimiento que se denomina red social por la abolición
de la deuda externa. El reto preciso es alimentar, consolidar y estructurar
una organización de segmentos juveniles completamente dispares,
tanto por su procedencia social, como por sus aspectos ideológicos,
(contó con apoyo de la iglesia católica), pero que superó,
por la movilización, sus planteamientos iniciales.
El reto para los marxistas revolucionarios es entender el papel que desempeñan
estas originales formas de movilización masiva, todavía
interclasistas y alejadas de los objetivos socialistas, en la incorporación
de la joven generación de los trabajadores a la lucha contra el
imperialismo.
VENEZUELA
Bloque de organizacionesy activistas inicia promoción de referéndum
contra el pago de la deuda externa
Fragmentos de declaración enviada por
integrantes de la "Red Venezolana Contra la Deuda"
Un amplio conjunto de organizaciones sociales, sindicales, culturales
y populares ha comenzado a constituirse como colectivo o bloque coordinado,
para impulsar unitariamente la campaña por un referéndum,
que permita al pueblo venezolano poner fin al pago de la Deuda Externa
ilegal, ilegítima e inmoral, que le han venido imponiendo los distintos
gobiernos contra su voluntad y contra sus intereses. Estamos determinados
a hacer valer el derecho de nuestro pueblo a terminar con ese perverso
mecanismo de exportación de capitales que anula nuestra soberanía
económica y nos somete a inmensos sacrificios humanos, arrebatándonos
desde hace años entre el 30 % y el 40 % del presupuesto nacional.
Más urgente aún es esa tarea, cuando a la necesidad de redoblar
esfuerzos y luchas, para la superación de la pobreza y la desigualdad,
se ha unido el azote del desastre ocurrido en Vargas y en otras regiones,
que demanda ingentes recursos, requeridos de manera inmediata para resolver
la situación de decenas de miles de damnificados, y que están
yendo a parar, irregular e injustamente, a las arcas repletas del capital
financiero internacional. Es inadmisible que en medio de esta situación
estemos pagando este año cerca de 4 mil millones de dólares
por Deuda Externa, al cambio actual más de dos billones y medio
de bolívares, equivalentes a unas 400.000 viviendas, alimentación
gratuita y completa para todos los niños desnutridos durante varios
años, duplicación del salario mínimo al nivel de
la canasta alimentaria, decenas de hospitales superequipados, dotación
excelente para las escuelas y a muchas obras sociales significativas que
podrían financiarse.
No podemos seguir soportando miseria y privaciones, reducción de
beneficios laborales, limitaciones en los gastos sociales, para satisfacción
de los imperios de la usura que exprimen a los pueblos. Sobradas pruebas
hay y es plenamente demostrable la ilegalidad, inconstitucionalidad, trampa
e inhumanidad de la Deuda Externa, que Venezuela, por demás, ha
pagado con creces, muy por encima de su volumen original.
Los vientos soplan a favor de la lucha anti-deuda en los llamados países
del "Tercer Mundo" y, en particular, en América Latina.
En el Ecuador, la crisis económica y la movilización de
las fuerzas sociales del pueblo obligó a la moratoria de la deuda
hace ya varios meses. En Argentina, un alto tribunal dictó sentencia
que califica de ilegal la Deuda Externa contraída por las dictaduras
militares; las centrales obreras llaman a paro nacional contra su pago.
Brasil va a plebiscito contra el pago de la Deuda Externa en septiembre
de 2000, promovido por poderosas organizaciones obreras, campesinas, políticas,
civiles y cristianas. En España, la Red Ciudadana por la Abolición
de la Deuda Externa (de los Países del Tercer Mundo) efectuó
en marzo de este año una consulta social con mesas de calle, a
más de un millón de españoles, que se pronunciaron
para que su país no cobre la deuda a las naciones pobres o no desarrolladas.
Consultas como la española y brasileña no tienen carácter
vinculante con sus gobiernos y sus organizadores pugnan porque se les
reconozca. Pero en Venezuela, la actual Constitución sí
lo contempla, lo que convertiría al resultado del referéndum
en un imperativo mandato social para el gobierno, al cual le recordamos
su posición y compromiso de cambiar el esquema de tratamiento de
la Deuda Externa, de acuerdo con las reiteradas declaraciones del Presidente,
antes de que asumiera el poder. Mientras estemos sujetos al yugo de la
Deuda Externa no se podrá hablar de una "revolución"
en Venezuela.
Todas las agrupaciones y activistas opuestos al pago de la deuda promoveremos
vigorosamente un proceso de organización, educación popular
y movilización para: 1) Que Venezuela no siga pagando la Deuda
Externa. 2) Que los recursos liberados de la deuda se destinen a la salud,
educación, vivienda, empleo y mejora de la calidad de vida en general,
bajo control de las organizaciones sociales. 3) Que cualquier nuevo endeudamiento
externo sea sometido a consulta popular.
Anunciamos la marcha hacia la construcción de esta articulación
de colectivos o bloque de organizaciones y activistas anti-deuda y nos
convocamos a un Primer Gran Encuentro Nacional, a realizarse el 26 de
agosto en Caracas. Anunciamos, igualmente, nuestra disposición
de impulsar acciones cívicas de protesta contra los pagos de cuotas
que se vayan haciendo periódicamente.
PLEBISCITO EN BRASIL
Dígale no a la Deuda Externa
Denise Simeão
Existe una situación muy favorable en Brasil para hacer que los
trabajadores avancen en su conciencia de la necesidad de luchar contra
la deuda externa. En el próximo período, este tema será
parte de un amplio debate entre las masas trabajadoras. Organizaciones
como el MST, la CUT, la UNE, contando con el apoyo del PT, están
organizando una gran actividad en este semestre: el Plebiscito de la Deuda
Externa. Del 2 al 7 de setiembre, se instalarán urnas en las escuelas,
fábricas, universidades, terminales de ómnibus, para que
la población vote sobre tres cuestiones:
o ¿El gobierno brasilero debe mantener el actual acuerdo con el
FMI?
o ¿Brasil debe continuar pagando la deuda sin realizar una auditoría,
como preveía la Constitución de 1988?
o ¿El gobierno federal y los estaduales y municipales deben continuar
usando gran parte de su presupuesto público para pagar la deuda
interna a los especuladores?
Esta actividad es parte de la campaña Jubileo 2000, articulada
por la Iglesia, que ya tuvo un gran evento en 1988 con la realización
del Tribunal de la Deuda, en Río de Janeiro, con la participación
de 1.200 personas. En esa ocasión fue realizado un juicio, con
exposiciones de economistas, sociólogos y dirigentes del movimiento
popular y sindical. Sin embargo, el Plebiscito será más
cualitativo, pues habrá un debate más amplio, abarcando
sectores de masas.
La deuda externa fue un asunto muy discutido en la década pasada,
fundamentalmente a partir de la crisis del 82 en México, teniendo
expresión en la campaña de Lula en el 89. Sin embargo el
debate siempre estuvo más focalizado en la superestructura sindical
y política. En tanto que en el inicio de la década del 90,
la cuestión de la deuda estuvo desaparecida de los periódicos,
la televisión y los debates políticos. Por un lado, por
la política de la burguesía de intentar anestesiar la conciencia
de los trabajadores vendiendo las ilusiones del neoliberalismo. Pero la
gran responsabilidad fue de la propia dirección del PT, que fue
sacando de su agenda el enfrentamiento a la deuda, como se demostró
en las elecciones del 94 y 98.
Pero la realidad fue más fuerte. La profundización de la
crisis económica, con la crisis del 94, la crisis asiática
y la de Rusia, combinada con la crisis social y las crecientes movilizaciones
de la clase trabajadora trajeron nuevamente el tema al debate y con más
peso. El Plebiscito es una expresión de esto.
Según todo indica, se transformará en un gran hecho político
y representará un momento de disputa contra el modelo económico
implementado por Fernando Enrique al servicio del FMI.
Desde ya, existen panfletos, carteles, plenarios y comités de organización
del Plebiscito. La CST y el MES están siendo parte activa de esta
campaña en nuestros lugares de intervención, integrando
inclusive coordinaciones estaduales, como en el caso del CPERS/Sindicato
de Rio Grande del Sur.
El gobierno de FHC profundizó la dependencia y la sumisión
del país
La deuda externa brasilera ya está en 243 mil MD. Como en el conjunto
de América Latina, el primer gran ciclo de endeudamiento ocurrió
en el período de las sangrientas dictaduras militares.
A inicios de los años 80, el 61% de las exportaciones brasileras
estaban al servicio del pago de la deuda. De allí a hoy, los planes
de ajuste profundizaron la crisis económica y social. El gobierno
de FHC es el responsable del segundo mayor ciclo de endeudamiento del
país. Solamente en su primer mandato, se gastaron 192 mil MD con
la deuda. Entretanto, ésta pasó de 150 mil MD en el 95 a
243 mil MD este año.
Las recetas del FMI trajeron consecuencias nefastas a la economía
brasilera. Los sectores mas dinámicos de nuestra economía
son controlados por capitales internacionales. Exportamos principalmente
materias primas con bajos valores determinados por el mercado internacional,
mientras importamos la tecnología usada en la producción,
por la cual pagamos royalties, y otros productos de punta. O sea: la organización
de la producción brasilera está totalmente volcada para
las ganancias extranjeras.
Además de eso, la especulación se ha vuelto otro gran negocio.
Las empresas toman dinero del exterior, donde los intereses son más
bajos, y lo represtan al Brasil, que paga intereses mucho más altos.
En 1998 era posible conseguir préstamos en los EE.UU. al 6% y pasárselos
a Brasil con tasas que variaban entre 20 y 50%.
Actualmente, lo que Brasil debe corresponde a casi la mitad de la riqueza
que produce durante un año entero, o a cinco años de exportaciones,
o a más de dos años de recaudación de impuestos federales.
Es preciso pagar la deuda social
En un país que tiene 4,8 millones de familias sin tierra, un déficit
habitacional de 10 millones de casas, un alto índice de desempleo
que llega al 18,9% en el gran San Pablo, y un salario mínimo de
88 dólares, es imperativo discutir el papel que cumple la deuda
externa.
El valor de la deuda sería suficiente para asentar a 9 millones
de familias o construir 14 millones de casas populares, por ejemplo.
Por eso impulsar esta campaña es fundamental para la conciencia
de la clase trabajadora que lucha por tierra, empleo, vivienda, salud
y educación. Para que esas movilizaciones estén cada vez
más asociadas a un modelo de desarrollo alternativo, que pasa por
el no pago de la deuda externa.
JUBILEO 2000
Oscar Manke
En distintos países, las iglesias cristianas, encabezadas por
la Católica, junto a ONGs, partidos políticos, sindicatos
y organizaciones campesinas impulsan la campaña Jubileo 2000 sobre
la deuda externa.
Ya se han reunido más de 4 millones de adhesiones en todo el mundo,
exigiendo una salida a este flagelo que hunde en la miseria a miles de
millones de trabajadores y sus familias.
El grupo de rock británico U2 también se sumó a la
campaña con la consigna "Drop the debt!" (Acaba con la
deuda!) junto a grandes estrellas del pop mundial como Peter Gabriel.
En España ha recibido más de un millón de adhesiones,
además de un numeroso activismo que toma parte en la campaña.
Algo similar o superior se espera suceda en Brasil (ver artículos).
El objetivo de la campaña
Se han efectuado miles de reuniones en más de 80 países
en torno a la campaña. Entre ellas se destaca el encuentro en Roma
en noviembre de 1998 que le dio inicio. Si bien sus organizadores plantearon
que se realizará en cada país "en forma autónoma
y con política propia", hay algunos ejes que se repiten:
1. Se denuncia que la deuda externa somete a los países deudores
a una brutal dependencia y a la miseria creciente.
2. Se exige la condonación de la deuda pública de los 42
países más pobres.
3. Se exige la renegociación de la deuda en mejores condiciones
para los países deudores.
4. Se apela a organismos como la ONU, la Corte de la Haya y el FMI, además
de los gobiernos acreedores, para hacer esto posible.
5. Se moviliza a la opinión pública con plebiscitos, envío
masivo de postales, recitales, foros y en algunos casos marchas y actos
públicos, para conseguir esos objetivos.
La posición de la Iglesia Católica
La campaña es impulsada por el Vaticano como parte del "Año
del Jubileo". Con esta campaña la Iglesia Católica
intenta mostrarse más "crítica" hacia lo que algunos
denominan el "capitalismo salvaje", presentando la falsa opción
de que sería posible un capitalismo "más humano".
El objetivo de la Iglesia es influir al movimiento de masas, que se encuentra
convulsionado por los problemas de miseria, segregación y otras
lacras del capitalismo, y que se ha movilizado con huelgas y marchas contra
la deuda y el FMI, para evitar que la situación se siga polarizando
hasta un punto tal, que tire por los aires todo el orden impuesto por
el imperialismo.
Por esto, junto con "denunciar" la deuda, llama a que los trabajadores
pidan a sus gobiernos el apoyo de los organismos imperialistas como las
Naciones Unidas o la Corte de la Haya -que son probados instrumentos políticos
de los intereses de los acreedores- y llama, además, a que los
deudores soliciten un "trato justo" a los acreedores.
Exigir a los acreedores un "trato justo" es una ambigüedad
que sólo sirve para confundir a los trabajadores, pues tal trato
justo no existe. El imperialismo, por ejemplo, ya condonó la deuda
pública de 5 países, pero lo hizo exigiendo medidas más
draconianas de entrega de la economía. Además, en el último
tiempo la deuda que más ha crecido es la generada por los negocios
imperialistas en los países deudores (deuda por inversión
directa), no la pública, por lo que la condonación de esa
parte de la deuda, en muchos países, no resuelve -sustancialmente-
la fuga constante de riqueza al exterior. Si el lector necesita un ejemplo
puede observar lo que ha pasado con Ecuador, país al que en 1992
Bélgica le condonó parte de su deuda pública, pero
que hoy está hundido por el pago y las reformas estructurales que
le exige el imperialismo.
Unidad para movilizar
contra la deuda
Más allá de que su objetivo es evitar la ruptura con el
imperialismo y de que es imposible "humanizar" al capitalismo,
muchas acciones de la campaña Jubileo 2000 cumplen un rol progresivo,
porque denuncian la deuda y movilizan alrededor de esa denuncia. Nosotros,
por esto, creemos que hay que participar sin sectarismo de muchas de sus
iniciativas, sin embargo no dejamos de señalar sus limitaciones
y de repetir que el único camino que les queda a los trabajadores
y pueblos acosados por el hambre y la miseria es movilizarse para no pagar,
rompiendo con el imperialismo, el FMI y los gobiernos entreguistas.
La deuda
en Europa del Este y la ex URSS
Carmen Carrasco
(COPETE) En Europa del Este y los países de la ex Unión
Soviética, la década que pasó significó un
salto en su endeudamiento externo y en el saqueo por el imperialismo.
Inexistente en muchos países, la deuda se generalizó, y
en los que ya existía,
como en Europa Central, se multiplicó.
(TEXTO) La deuda es la herramienta cen-tral del imperialismo para some-ter
a estos países, obligando a los gobiernos del área a aplicar
duros planes de restauración capitalista para pagarla, provocando
una agravación del empobrecimiento de los trabajadores y los pueblos.
El problema de la deuda viene, como en América Latina, desde los
años ochenta, cuando los regímenes totalitarios comunistas
de la Unión Soviética y de varios países de Europa
Central como Polonia, Hungría y Yugoslavia, empezaron a aplicar
planes de apertura económica al imperialismo.
A fines de los años ochenta, Polonia, de la mano de la dictadura
del General Jaruzelski, debía 43.300 millones de dólares,
que correspondían a un 66% de su PBI. Hungría la seguía,
con 21.000 millones de dólares, el 75% de su PNB. Rusia debía
95.300 millones de dólares.
Con la caída de los regímenes totalitarios en el Este de
Europa y la de-saparición de la URSS, y la llegada al poder de
gobiernos abiertamente restauracionistas, la deuda externa se duplicó
en el área, llegando a niveles latinoamericanos.
Esto obedeció a la aparición de grandes déficits
en las finanzas estatales como resultado del colapso de la economía
planificada. En la mayoría de los países la producción
cayó en el orden de un 25 a un 50% en relación con 1990.
Las enormes presiones de la población por mantener sus niveles
de vida, la necesidad de financiar las importaciones de energía,
pues antes la URSS proveía de gas y petróleo a precios subsidiados,
llevó a los gobiernos a aumentar su endeudamiento con bancos y
organismos internacionales. Éstos, por su parte, prestaron con
ligereza, sabiendo que la deuda es un mecanismo excepcional para después
exigir, a cambio de ella, la privatización de las empresas públicas
y la aplicación de duros planes de austeridad y restauración
capitalista.
Hablamos de los países del Este de Europa (Hungría, Checoslovaquia,
Rumania, Yugoslavia, Albania, Bulgaria) y de los países de la antigua
Unión Soviética (Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Lituania,
Letonia, Estonia, Uzbekistán, Turkmenistán, Azer-baiján,
Armenia, Georgia, Tadjikistán, Kirguistán, Kazajstán,
Moldavia).
De conjunto, éstos deben alrededor de 330.000 millones de dólares,
que equivale aproximadamente a un tercio de su producción total,
con una población aproximada de 413 millones de personas.
El Este: patio trasero
de la Unión Europea
El problema más grave se concentra en Europa Central. Polonia,
la República Checa y Hungría han sido presentados como los
milagros económicos de turno y como los candidatos más probables
para ingresar a la Unión Europea. Ciertamente, en los últimos
años estos países tienen un crecimiento positivo de la economía,
aunque sólo Polonia ha logrado superar el nivel de la producción
de 1989.
Este crecimiento moderado obedece, por un lado, al aumento de las inversiones
imperialistas, que prefieren estos países, con mano de obra barata
y de alto nivel educativo, para trasladar sus fábricas, recortando
la producción en Alemania o España. Las grandes automotrices
trasladan sus fábricas a Hungría, o Polonia, para inundar
de autos baratos toda Europa, aumentando el desempleo en sus propios países.
La segunda razón de este crecimiento es el gran endeudamiento.
Los tres países más desarrollados de la región, Hungría,
Polonia y la República Checa, deben aproximadamente 90.000 millones
de dólares, un tercio del Producto Nacional de los tres países.
Tal endeudamiento está muy lejos de ayudarlos a alcanzar a los
países más pobres de la Unión Europea. El ingreso
per cápita de los tres países más pobres de la Unión
Europea (Portugal, Grecia y España) es de 11.900 dólares,
dos veces más elevado que la media de Europa Central y Oriental,
4.922 dólares, y para alcanzarlos se necesitará por lo menos
una generación.
La ex Unión Soviética
Los países que formaban parte de la URSS empezaron la década
sin deuda externa, pues Rusia asumió las obligaciones de la ex
Unión Soviética, pero la deuda hizo su aparición.
Hoy, los países que conforman la Comunidad de Estados Independientes,
deben en conjunto unos 20.000 millones de dólares, sin contar Rusia.
Si bien la deuda todavía no constituye una carga de peso sobre
sus economías (aproximadamente el 11% de su producción anual),
indica una tendencia que continuará agravándose.
Por su parte, Rusia debe actualmente 150.000 millones de dólares,
que corresponden a un 50% del PBI. La deuda adquiere un peso cada vez
más agobiante, luego de la gran crisis económica de 1996,
cuando el dólar pasó de 6 a 28 rublos, como resultado de
lo cual, si el PNB medido en dólares en 1997 era de 435.400 millones
de dólares y la deuda constituía menos de un 30%, el PNB
de 1998 medido en dólares cayó a 308.200, y la deuda constituye
el 50% de éste. A ello se suma el peso del servicio de la deuda
sobre el presupuesto ruso, que en 1998 equivalía a 15.000 millones
de dólares, un 40% del presupuesto estatal de ese año.
La conclusión es que el Este europeo y los países de la
ex Unión Soviética se latinoamericanizan cada vez más.
En lugar de cumplir su sueño de acercarse al próspero Occidente
europeo y de integrarse cada vez más a éste, están
convirtiéndose en el patio trasero de la Unión Europea,
creando una prosperidad ficticia, al debe, e hipotecando sus riquezas.
Cuando les sea imposible pagar las deudas, el imperialismo pasará
el rastrillo adueñándose de todas las riquezas de estos
pueblos.
El ejemplo de Rusia
Contra los que pronostican las mayores tragedias si no se paga la deuda
externa, Rusia dio un ejemplo de cómo una moratoria en su pago
le permitió a los trabajadores y al país una recuperación
parcial de la economía y de sus ingresos.
En agosto de 1998, el Estado ruso estaba al borde de la bancarrota. Se
había constituido una verdadera pirámide financiera formada
por los títulos de deuda pública interna y externa. El pago
de los intereses, cada vez más altos, absorbían cada vez
un mayor porcentaje del presupuesto ruso, mientras que en todo el país
los trabajadores llevaban hasta dos años sin cobrar los salarios.
Esto había provocado una oleada de huelgas que semiparalizó
al país durante los seis meses anteriores, en cuyo centro estaba
la huelga minera y el piquete que los mineros instalaron frente a la Casa
Blanca en el Puente Gorbaty de Moscú. La situación era insostenible.
Puesto contra la pared, el Primer Ministro Seguei Kirienko se vio obligado
a optar: o continuar pagando los intereses de la deuda pública
interna y externa, tensionando la situación social al máximo,
o declarar el "default", devaluando, a su vez, la moneda.
Kirienko optó por lo segundo. Inmediatamente fue destituido. Al
salir de su despacho se dirigió a los mineros que acampaban abajo
con una botella de vodka y les dijo: "O les pagábamos a ellos,
o les pagábamos a ustedes. Tuvimos que elegir".
Esta medida, parcial, limitada, tomada por un gobierno burocrático,
tuvo, sin embargo, efectos inmediatos en la economía: la producción
industrial subió un 8% el año siguiente, los retrasos salariales
se redujeron a la mitad, y los salarios empezaron a recuperarse, llegando,
en diciembre de 1999, a superar los niveles de 1995.
Si bien la moratoria no fue una solución definitiva, demuestra
cuál es el camino. Por ello, toda la prensa occidental se empeñó
en ocultarla.
Qué pasa si no pagamos
José Castillo
Es absolutamente imposible pagar la deuda externa sin retrotraer a la
clase obrera y los sectores populares de los países deudores a
un estado cercano a la esclavitud y la barbarie. Seguir pagando implicaría
la desaparición casi absoluta de los aparatos productivos de estos
países, impidiendo cualquier posibilidad de desarrollo futuro.
Hoy los políticos y analistas económicos burgueses ya no
pueden negar el rol nefasto de la deuda y los planes de ajuste. Sin embargo,
esta aceptación va acompañada de un llamado a la resignación,
al "no se puede hacer nada sino seguir pagando", enumerando
una serie de supuestas calamidades que le sucederían al país
que intentara seguir un camino independiente por la vía del no
pago.
"Nos van a declarar
un bloqueo comercial"
Siempre tendremos a quien venderle nuestros productos. La Rusia soviética
en la salida de la guerra civil pudo hacerlo, Cuba lo hizo y lo hace.
Las contradicciones de los capitalistas y su afán de posicionarse
mejor en los mercados mundiales abren infinitas posibilidades de romper
un eventual bloqueo ¿Resulta tan difícil hacer lo que hacen
tantos países, e incluso empresas transnacionales, que triangulan
el comercio a través de terceros, o venden cambiando etiquetas
de nacionalidad?
Por otra parte los países deudores en su conjunto conforman un
conglomerado capaz de resistir cualquier bloqueo con los recursos que
posee. Pensemos en el uso conjunto de los cereales y la carne argentina
y uruguaya, los minerales chilenos y bolivianos, el petróleo venezolano,
ecuatoriano y mexicano, la industria brasilera, los recursos tropicales
de Centroamérica, etc.
El no pago liberaría fondos que podrían ser utilizados para
la compra de productos al contado. Se encontrarían incluso empresas
transnacionales o países que no se perderían la oportunidad
de vender y cobrar en el acto. Así Inglaterra y EE.UU. en su momento
le vendieron armas a Sadam Hussein, y muchos países europeos e
incluso empresas capitalistas americanas comercian con Cuba pese al bloqueo.
"Se van a ir los capitales"
¿Qué capitales? ¿Los que entraron a los países
a comprar por monedas las empresas públicas? ¿Cuánto
dinero pusieron para mejorar la calidad de los servicios o aumentar el
empleo?
La inmensa mayoría de los capitales que se dirigen a los países
endeudados van a los circuitos de especulación financiera y bursátil.
Son capitales "golondrina", que vienen a aprovecharse de las
superganancias y que luego se retiran velozmente provocando las crisis
más agudas. Más aún, un país con "mala
conducta", con antecedentes de moratorias, muchas veces es más
"atractivo" que otro que se ha sometido prolijamente a todos
los dictados del FMI, como la Argentina: simplemente el que ofrece "mejores
rendimientos" es el mayor receptor.
Y a la vez, como quedó demostrado en el 94 con el efecto Tequila,
en el 97 con la crisis asiática o en el 98 con la rusa, ninguna
política de sometimiento incondicional garantiza que los capitales
no se vayan cuando ya han hecho su diferencia y aparece la fase aguda
de la crisis.
Por cierto, el no pago de la deuda puede implicar intentos de fuga en
masa de capitales, generando desestabilización monetaria, peligros
de devaluaciones o inflación. Por eso decimos que el no pago es
la primera e imprescindible de una serie de medidas, como por ejemplo
la nacionalización de la banca y el comercio exterior para evitar
esos efectos.
"Nos van a embargar los bienes
en el exterior"
Después de la ola de privatiza-ciones que regaló la inmensa
mayoría de las empresas públicas: ¿qué nos
van a embargar? ¿Las embajadas? ¿Las reservas de los bancos
centrales depositadas en Washington? Por pagar, ya nos embargaron y expropiaron
todo.
Por otra parte, si ello se diera en los pocos casos de empresas públicas
importantes de los países deudores en manos del Estado (como por
ej. Pedevesa o Pemex) siempre nos quedaría la opción de
embargar o expropiar a la vez a los bienes o empresas de los acreedores
que están afincados en los países deudores. Ellos tienen
mucho más para perder.
"El pago de la deuda ha sido una constante de los países
exitosos"
Falso. Todas las grandes potencias crecieron y se desarrollaron a costa
de repudiar su deuda externa en varias ocasiones.
Estados Unidos declaró dos veces la moratoria de sus deudas con
Inglaterra. Alemania dejó la pagar la deuda impuesta por los vencedores
de la Primera Guerra Mundial en 1923. En 1933 Inglaterra, Francia e Italia
dejaron de pagarle a Estados Unidos. En 1971, al decretar Nixon la inconverti-bilidad
del dólar, desconoció de hecho compromisos de pago por 50.000
millones de dólares. En 1947 Inglaterra decidió unilateralmente
no pagarle una deuda de 150 millones de libras esterlinas a la Argentina
creadas por el comercio durante la Segunda Guerra.
En el caso de la Unión Soviética, en 1905 el Soviet de San
Petesburgo adoptó la resolución de no pagar la deuda externa
zarista. Apoyado en esta resolución, el gobierno revolucionario
en 1919 suspendió el pago de aproximadamente 19.000 millones de
dólares.
Cuba, en 1959, desconoció la deuda contraída por Batista
como una de las primeras medidas luego del triunfo de la Revolución.
"El no pago desencadenaría una crisis económica internacional"
Es cierto; el no pago haría temblar a la gran banca mundial, a
las bolsas y a los especuladores. Se produciría probablemente una
grave crisis internacional. Pero, por una vez, en beneficio de los países
deudores. A los acreedores no les quedarían más que dos
caminos: la quiebra o aceptar las condiciones.
(RECUADRO)
Frente de países deudores
Romper con el FMI y dejar de pagar la deuda no es un camino fácil.
Es una dura lucha política de carácter antiimperialista,
que en muchos casos pondrá a prueba los límites de la propiedad
burguesa. Implica privaciones y sacrificios. Pero privaciones y sacrificios
venimos haciendo desde hace casi 20 años para pagar, enriquecer
a los especuladores, permitir los negociados y la descapitalización
de los Estados. Nada puede ser peor.
Obviamente romper con esto es una pelea que no la puede dar un país
aislado. Por eso proponemos la unidad en un frente por el no pago. Sabemos
también que, producto de la crisis, sectores burgueses se verán,
contra su voluntad, ante la realidad de la moratoria. Llamamos entonces
a construir el Frente de Deudores desde la movilización de la clase
trabajadora, en un gran movimiento que rodee de solidaridad a aquel que
enfrente la situación del no pago, apuntando también a que
sólo con la movilización y la perspectiva de un gobierno
de los trabajadores el no pago puede transformarse en una política
independiente consecuente.
(EPIGRAFES)
(1) 1989 , uno de los cacerolazos en Latinoamérica.
(2) Quito (Ecuador), enero de 2000.
(3) Argentina: juicio a la deuda.
(4) Fuente: Informe Banco Mundial
(5) 1999: una de las Marchas Europeas contra el desempleo.
(6) Movilización 26/8 Brasilia (Brasil)
(7) Papa Juan Pablo II
Perú
Más de 200.000 gargantas al unísono coreaban
el 27 de julio este estribillo, que se ha convertido en el grito de combate
del pueblo peruano por echar a Fujimori del poder.
La marcha de los Cuatro Suyos
"¡Y va a caer, y va a caer,
la dictadura va a caer!"
TITO PRADO
Así, el mitin convocado por Alejandro Toledo, en el marco de la
llamada Marcha de los Cuatro Suyos, se constituyó en la mayor manifestación
de protesta habida en las últimas décadas en Perú.
Y en la más grande repulsa que ha recibido el gobierno de Fujimori
desde 1990.
Todas las maniobras usadas por el régimen para evitar que el descontento
popular se expresara con ocasión de su tercera e ilegal asunción
como presidente, fueron inútiles. Decenas de miles de trabajadores,
maestros, campesinos, mujeres y jóvenes, vinieron a Lima superando
las trabas y obstáculos puestos por la policía en las rutas
de acceso a la capital. Grandes contingentes se intalaron en parques y
plazas durante los tres días que duró la protesta.
Su impacto llegó a trastocar significativamente los eventos oficiales
conmemorativos del día de la independencia, el 28 de julio. Sólo
dos presidentes latinoamericanos acompañaron la asunción
del mando presidencial. Fujimori, acosado por la ira popular, juramentó
ante sí mismo en la sede del Congreso de la República, sin
esperar que la presidenta del legislativo le tomara el juramento de rigor.
Señal ine-quívoca de que pretende afirmarse por encima del
primer poder del Estado, según su propia Constitución, amañada
a su medida. Luego, la tradicional parada militar del 29, que suele hacerse
en olor de multitud, esta vez se realizó a puerta cerrada en la
sede del comando conjunto de las FF.AA.
El gobierno ha sentido el golpe. La marcha ha sido un triunfo político
que si bien no alcanzó a evitar que Fujimori juramentara por tercera
vez -algo previsible por cierto- ha dejado muy debilitado al régimen.
Fue un hecho que conmovió al país y alcanzó trascendencia
internacional. Provoca un cambio en la situación, ya que abrió
en concreto la lucha por la caída del régimen. Hay una nueva
relación de fuerzas en la que la lucha por terminar con la dictadura
se ha colocado como la tarea central, ya que sin alcanzar esta conquista
democrática no hay posibilidad de resolver ninguna otra. Es una
tarea para todo un período que se puede cerrar bien por una derrota
de las masas -algo difícil por la dimensión del ascenso-,
un triunfo de la movilización, o una salida negociada para la reforma
como sucedió en México. Ciertamente que el imperialismo
y la burguesía opositora quieren forzar a Fujimori para lograr
una reforma, pero las masas, por el contrario, quieren voltearlo con la
movilización y han abierto esta posibilidad.
Debemos sacar conclusiones de todo esto, y fundamentalmente, ver cómo
seguimos la pelea en una conyuntura nueva, donde el gobierno intenta pasar
a la ofensiva responsa-bilizando a los organizadores y manifestantes de
los incendios y muertes ocurridas durante las movilizaciones del 28 de
julio. Es una campaña muy fuerte que de momento aleja toda posibilidad
de salida negociada entre el gobierno y la oposición burguesa.
En buena cuenta eso significa que la política de la OEA está
fracasando, que la crisis política no se ha cerrado y que la dinámica
es a nuevas y mayores confrontaciones.
La crisis económica,
el telón de fondo
Hace un par de años, el 19 de julio del 98 para ser precisos,
una manifestación obrera logra penetrar en las instalaciones exteriores
de la casa de gobierno, en lo que constituyó una primera clarinada
de que algo estaba cambiando en el país. No era para menos: después
de esperar y esperar la luz al final del túnel, la patética
realidad de un país saqueado por las transna-cionales, con un millón
de nuevos desocupados y los salarios más bajos del continente,
donde la vertiginosa prosperidad económica de los funcionarios
del estado, de los banqueros y exportadores peruanos, contrasta con el
aumento de la miseria en el extremo opuesto, era de esperarse que la paciencia
se agotase algún día.
La crisis económica y el fracaso del modelo neoliberal socavan
la credibilidad del gobierno y se convierten en fuente de un creciente
descontento social. Ocho años después de que el movimiento
de masas sufriera el mayor embate contra sus conquistas y derechos, volvieron
las calles a ser ocupadas por sectores en lucha. Entre ellos la CGTP,
la central obrera más importante; los Frente Regionales; SUTEP,
el gremio de maestros; construcción civil, salud, municipales,
estudiantes, etc.
Miles de empresas quiebran ante la desmedida competencia de productos
importados y el acoso de la SUNAT, el organismo recolector de impuestos;
como resultado de ello, un sector de la burguesía se va pasando
a la oposición al régimen, y exige cambios en el rumbo económico.
El agro por su parte acumula una crisis de proporciones inéditas
ante la falta de incentivos del estado, la libre importación de
alimentos, y la liquidación de la reforma agraria del velazquismo,
lo que coloca a los campesinos ante el riesgo de perder sus tierras por
los onerosos créditos de la banca privada. Las clases medias, sostén
del gobierno en sus primeros años, van pasando poco a poco a la
oposición en la medida que ven reducirse implacablemente sus condiciones
de vida, mientras sus derechos civiles se van cercenando cada vez más,
al punto que ni siquiera pueden contar con una información veráz
y objetiva en la prensa del régimen.
Lo más dinámico del proceso: la juventud universitaria,
que pasó a ejercer su protesta casi ininterrumpidamente, desde
que el gobierno destituye a los miembros del Tribunal de Garantías
Constitucionales que declaran ilegal e inconstitucional la llamada "Ley
de interpretación auténtica" con la cual el Congreso
busca legitimar el propósito del gobierno de perennizarse en el
poder.
El intento de forzar un tercera reelección es el detonante de una
nueva situación, en la que un gran sector de la clase media y la
burguesía pasan a oponerse a Fujimori. Desde entonces las banderas
democráticas se convierten cada vez más en el eje de la
protesta antigubernamental. El telón de fondo, naturalmente, es
la crisis económica con sus espeluznantes secuelas de recesión,
desempleo y salarios miserables, lo que lleva a un resurgimiento de las
luchas.
Sólo un sector plebeyo y marginal, adormecido por el asistencialismo
estatal y despolitizado por los medios adictos al oficialismo, ofrece
amparo social al régimen. En un país como Perú, con
14 millones de pobres, 6 millones de ellos por debajo de la línea
de pobreza extrema, este sostén social no es desdeñable.
Ello anima al gobierno a persistir en sus planes continuistas.
La crisis política
El fraude escandaloso en la primera vuelta electoral, el 9 de abril del
presente año, provoca el desborde popular, y la protesta multitudinaria
ocupa las plazas y calles del país, obligando al gobierno a conceder
una segunda vuelta entre los dos primeros candidatos. La crisis política
se instala con fuerza desde entonces. Las masas ocupan en adelante un
lugar protagónico en el desenvolvimiento de la crisis, a la par
que la fractura en la burguesía se manifiesta en el vuelco de un
sector muy importante a favor de un cambio del régimen. Alejandro
Toledo, un ex funcionario del Banco Mundial, cuyo programa electoral no
se diferencia sustancialmente del modelo neoliberal fujimorista, es llevado
por esta combinación de factores a ser depositario del voto popular
y a convertirse en instrumento de la movilización antidictatorial.
La maquinaria del fraude le obliga a radicalizarse y a ponerse al frente
de la lucha democrática. Un segundo fraude en curso para la segunda
vuelta del 28 de mayo, lleva a Toledo a abtenerse de postular en esas
condiciones, con lo cual la crisis política pega un nuevo salto.
El imperialismo toma partido en demanda de elecciones mínimamente
creíbles a fin de evitar una mayor inestabilidad en el área,
tomando en cuenta las convulsiones sociales que sacuden a Ecuador, Colombia
y Venezuela.
Fujimori, desoyendo a la Misión de Observadores de la OEA, y a
la presión nacional e internacional, se niega a introducir cambios
de fondo en el proceso electoral y se opone a posponer diez días
la fecha de las elecciones impidiendo así que el sistema de cómputo
pueda ser fiscalizado. En el camino quedan sin resolverse las evidencias
de fraude en la inscripción de la alianza oficialista Perú
2000, el robo informático en el conteo de los votos para presidente
y congresistas, con el que Fujimori evitó un triunfo de Toledo
en primera vuelta y se hizo de un número mayor de parlamentarios
del que le correspondía.
Consumado el fraude en la segunda vuelta, el descontento y la revuelta
popular crecen. Esto se manifiesta en paros regionales y gremiales que
partiendo de reivindicaciones propias colocan la exigencia de nueva elecciones,
sin Fujimori candidato, en el centro de las demandas. Una vez más,
la juventud en primera fila. Casi a diario se producen manifestaciones
y actos de repudio de los estudiantes universitarios en las plazas y ante
las instituciones del estado cómplices del fraude. La creatividad
aflora por doquier en las pintas, los afiches, las consignas, los cánticos.
La unidad de acción antidictatorial es impuesta por la voluntad
de las masas que obliga a casi todas las fuerzas de oposición al
régimen a cerrar filas; primero alrededor de la candidatura de
Toledo, luego ante su renuncia a convalidar con su presencia la segunda
vuelta, y posteriormente con su convocatoria a la Marcha de los Cuatro
Suyos.
Surgen "comités unitarios por la democracia" en muchas
provincias y ciudades del interior donde el proceso de lucha es más
avanzado. Participan casi todas las organizaciones gremiales, regionales,
populares, estudiantiles y los partidos políticos de oposición
incluyendo a Perú Posible, el movimiento de Toledo, así
como sectores de izquierda. Este proceso de coordinación por abajo
deja planteada la necesidad de un Comado Unitario que centralice a escala
nacional la lucha antidictatorial en el terreno de la unidad de acción.
Se dan algunas iniciativas en esta dirección, pero no llegan a
cuajar por el temor fundado de Perú Posible de ser rebasado por
la izquierda.
La marcha
Es en este contexto que Toledo convoca la Marcha de los Cuatro Suyos
con acciones en Lima los días 26, 27 y 28 de julio, con el objetivo
inicial de impedir la juramentación de Fujimori. Luego varían
esa posición en favor de un acto de protesta que presione al gobierno
para acordar una transición pactada en el marco de las resoluciones
de la OEA, pero sin abandonar el planteo de nuevas elecciones.
En las dos semanas previas se van dando los preparativos concretos de
la marcha, que incluye una jornada de paro y movilización el 19
de julio convocada por diversos gremios laborales. En todo el país
se realizan actividades tendientes a garantizar el traslado de los manifestantes.
Los días previos, desde los más diversos lugares y valiéndose
de todo medio de transporte, van partiendo las caravanas a Lima. Fue un
movimiento extraordinario que confluía en un propósito común:
acabar con Fujimori, o por lo menos dejarlo muy golpeado. La prensa adicta
al régimen intentó ocultar lo que venía sucediendo,
pero las noticias se colaban en los medios de oposición y de hecho
el país se mantuvo expectante de esta singular protesta. Contrarrestando
la campaña de amedrantamiento del gobierno, los marchantes fueron
arribando a la capital. Muchos quedaron en el camino; otros, los que no
llegaron a viajar, preparan acciones en sus respectivas ciudades. Se concreta
un paro regional en el Cusco y movilizaciones con mitines en Arequipa,
Iquitos, Chimbote.
El 26 un par de concentraciones preanuncian lo que vendría luego.
Una congregó a los gremios y estudiantes y tuvo como destino el
frontis de la casa de gobierno congregando a 15.000 personas. Otra aglutinó
a mujeres, sectores medios, y campesinos de la CCP, a quienes se sumarían
más tarde estudiantes del primer contingente, llegando a contar
también con otras 15.000 personas.
El 27, en el Paseo de los Héroes, una gigantesca plaza rectangular
ubicada entre el Palacio de Justicia y el Hotel Sheraton, dio cabida a
un desfile de las delegaciones venidas de los cuatro suyos del país
y a una gigantesca concentración de masas que no cesaba de lanzar
consignas contra la dictadura. Era un incesante ir y venir de delegaciones,
de banderolas y grupos de teatro que animan a los concurrentes con sátiras
al poder. Fue una manifestación eminentemente popular con participación
de sectores burgueses alineados contra el régimen. El canal N del
diario El Comercio, La República, Liberación y la revista
Caretas, no solo cubrían con gran despliegue la marcha sino que
pasaron objetivamente a ser sus más animosos impulsores.
El movimiento obrero, si bien estuvo presente con numerosas delegaciones,
no mostró la fuerza de antaño porque se encuentra sumamente
debilitado y reducido, como producto de la ofensiva antiobrera de todos
estos años. Sin embargo su peso social y político sigue
siendo importante; de ahí que varios de sus principales dirigentes
hablaron esa noche, además de Toledo. El mitin es la demostración
fehaciente de que Fujimori ha perdido definitivamente el apoyo social
del que gozaba en años precedentes. Cuenta ciertamente, con un
sector todavía permisible y pasivo ante sus planes, pero la brecha
tenderá a abrirse más como consecuencia de la crisis económica
sin salida que corroe la estabilidad del régimen.
Al día siguiente, el viernes 28, un contingente de 40.000 manifestantes,
sin más armas que la razón y sus banderas al vuelo, se aprestaron
desde tempranas horas para ir hasta el Congreso a expresar su indignación
ante la juramentación de Fujimori. La policía antimotines
no les dejó llegar. A lo largo de varias horas se sucedieron enfrentamientos
en distintos puntos del centro de Lima, que saldaban con heridos y detenidos
por la brutalidad policial. Finalmente una concentración en la
plaza San Martín, bastante lejos de los objetivos de la marcha,
en la que hizo uso de la palabra Alejandro Toledo, fue gaseada y dispersada
por la policía. Toledo anunció allí la posibilidad
de convocar un paro nacional agrario; el día anterior, en el mitin,
la CGTP también lo había anunciado. Lo que siguió
fue un incesante choque de la policía con piquetes de manifestantes,
en su gran mayoría jóvenes. Se produjeron algunos incendios
en instalaciones oficiales como el Jurado Nacional de Elecciones, el Palacio
de Justicia y la sede del Banco de la Nación, que ocasionaron 6
muertos entre los vigilantes que la custodiaban. Estas acciones, según
todos los indicios, son atribuibles a los servicios de inteligencia empeñados
en desacreditar la protesta.
La unidad de acción, una palanca de la movilización
Siendo la lucha contra la dictadura una tarea democrática que
compromete a muy diversos sectores sociales y políticos, la unidad
de acción en el terreno de la movilización pasa a ser algo
imprescindible para alcanzar la victoria. Es la forma de pegar juntos
contra el enemigo común y en esa lucha nos distinguimos por ser
los más consecuentes, por eso alentamos y propugnamos la organización
propia de los trabajadores y su alianza con los sectores populares para
acaudillar el proceso. En la tarea de tirar la dictadura hacemos unidad,
nunca orgánica o programática porque hay proyectos diferentes
y eso debemos dejarlo bien claro. Pero no podemos hacer centro en discutir
las diferentes salidas programáticas sino en presentarnos en el
propio terreno de la lucha democrátcia como los más consecuentes
y los que defendemos en ellas los reclamos inmediatos de los sectores
populares.
Esto es así porque para avanzar en nuestra propia salida obrera
socialista, el primer paso pasa por tirar la dictadura. Es la primera
traba que hay que vencer y por eso la unidad de acción en la movilización
e iniciativas antidictatoriales, para que la clase obrera dispute la dirección
de esa lucha.
Toledo en su discurso del 27 fustigó muy duro al régimen
y planteó la necesidad de levantar un Frente Nacional por la Democracia,
en un intento de dar cierta perspectiva a la movilización. Este
llamamiento válido para la acción común, puede sin
embargo llegar a ser la base de un proyecto de unidad nacional que no
compartimos. Sectores de la izquierda como la dirección de la CGTP
se han manifestado a favor de una salida de corte frentepopulista que
también rechazamos. Hay aquí una discusión en curso
respecto de los alcances que debe tener la unidad de acción, necesaria
para acabar con la dictadura, pero que no debe ser utilizada como palanca
para una salida que comprometa al movimiento obrero y de masas con un
nuevo proyecto burgués.
Para salir al paso a este peligro, demandamos en primer lugar a las direcciones
sindicales la realización de un Encuentro Nacional Obrero y Popular,
el mismo que está en la agenda de la CGTP pero que ha sido postergado
en numerosas oportunidades por la cúpula sindical, la última
vez el 1º de julio, después de que se había anunciado
a los cuatro vientos. Denunciamos que también se perdió
una brillante ocasión los días de la marcha en donde se
presentaron las mejores condiciones para realizar tal evento, dado que
los principales dirigentes obreros y populares del país se encontraban
en Lima, y además porque hubiera permitido que la clase obrera
se potenciara discutiendo la salida a la crisis y las alternativas políticas
y de lucha que se requieren.
La coyuntura post marcha
El gobierno intenta retomar la ofensiva perdida y pasa a una furibunda
campaña tendiente a descalificar la marcha y sancionar a los organizadores.
Una congresista del oficialismo ya presentó denuncia penal contra
Toledo y algunos líderes de la oposición. Se ha abierto
proceso a 155 manifestantes que fueron presos durante la represión,
43 todavía se encuentran desaparecidos, 180 han sido heridos, uno
de ellos, Aldo Gil Crisóstomo, ingeniero mecánico, simpatizante
del PST, ha perdido un ojo por el impacto de una bomba lacrimógena
disparada al cuerpo con premeditación y alevosía por la
policía. Un corresponsal de prensa extranjera ha sufrido igual
daño aunque probablemente conserve la visión.
Toda la política del oficialismo, empezando por el propio Fujimori,
va en la línea de amedrentar a la población con la prédica
de que la violencia viene de la oposición y de que la protesta
va contra el país. La mentira y el cinismo parecen no tener límites.
Puede que esta campaña se proponga además hacer pagar la
factura a la oposición, buscando con ello desmovilizar la protesta.
Y puede incluso que rinda sus frutos en lo inmediato. Algunos sectores
burgueses, por ejemplo, han empezado a distanciarse de Toledo y se muestran
más dispuestos a colaborar con el régimen en la búsqueda
de un diálogo que a éste ya no parece interesarle.
La crisis política, lejos de cerrar, se agrava. Fujimori ha perdido
legitimidad porque se sustenta en el fraude y el uso de la fuerza. El
Congreso carece de representatividad ante los ojos del país porque
la minoría oficialista se ha dado maña para comprar conciencias
y fraguar una mayoría espuria. Los tránsfugas son un nuevo
condimento de la política nacional. Electos en la tiendas de oposición,
no han demorado mucho en pasarse a las filas del oficialismo que les da
cobijo y protección ante la justicia. Varios de ellos están
acusados de malversación de fondos públicos, delitos diversos,
o arrastran problemas económicos.
Ante esta situación, la OEA sigue sosteniendo la necesidad de una
salida negociada a la crisis política; pero en el nuevo escenario
posterior a la marcha nada parece indicar que el gobierno tenga la misma
pretensión. Todo lo contrario, lo que deja a Toledo sin margen
para negociar ya que si entra en estas condiciones puede perder todo el
capital social que lo sustenta.
El nuevo gabinete presidido por Federico Salas, ex candidato a presidente
en las filas de la oposición, tiene como ministro de Economía
a Carlos Boloña, flamante adalid de las políticas neoliberales
y ex ministro fuji-morista de la primera hora en la misma cartera. Esto
quiere decir que la prioridad seguirá siendo el pago de la deuda
externa, las privatizaciones y la reforma del estado, en el sentido que
interesa al régimen. Es posible prever que en la nueva coyuntura
post marcha no sólo contará la lucha democrática
sino también las luchas reivindicativas del pueblo, que pasarán
a ser un componente importante de la protesta política antigubernamental.
Por lo pronto varios sectores, como el campesinado y los maestros, anuncian
nuevas paralizacioness nacionales. También los Frentes Regionales
alistan reuniones para discutir cómo seguirla.
Se necesitan nuevas
medidas de lucha
La tarea de echar a la dictadura no ha concluido; el odio al régimen
se ha acrecentado. Puede haber un bajón en lo inmediato como reacción
ante la arremetida del gobierno y la falta de conducción de Perú
Posible. Pero el proceso de lucha democrática que ha empezado es
irreversible. Un sector todavía importante de la burguesía
peruana está jugada a terminar lo más pronto con Fujimori.
Estas contradicciones que se manifiestan también en el plano internacional,
tendrán su reflejo, más temprano que tarde, en el seno de
la Iglesia y quizá en el de las FF.AA.
Por tanto es necesario darle continuidad a la marcha con nuevas acciones
y un plan de lucha que contemple la preparación del Paro Nacional.
Tenemos que paralizar el país, golpear donde más le pueda
doler al régimen. Y hay que tener una política para los
sectores más deprimidos apoyando sus demandas, así como
hacia la base de las FF.AA. planteando la necesidad de que tengan derechos
políticos y sindicales, llamándoles a no tirar contra el
pueblo.
Al mismo tiempo resulta necesario emplazar a la dirección de la
CGTP y las direcciones sindicales para concretar un Encuentro Nacional
de las centrales y gremios sindicales, los frentes regionales, la juventud,
el campesinado, los sectores populares, y las fuerzas políticas
que se reclaman del movimiento obrero, para discutir cómo encaramos
la pelea contra la dictadura, con qué medidas, y con qué
política de alianzas. También para empezar a discutir un
programa económico de emergencia alternativo al modelo neoliberal.
Tenemos que reafirmar las consignas democráticas que el pueblo
ha hecho suyas. ¡Abajo la dictatura! ¡Nuevas Elecciones! Estas
son las consignas movilizadoras que hacen posible la más amplia
unidad de acción antidictaorial. Pero en la coyuntura tenemos que
arrancar fuerte contra la represión del régimen a los manifestantes
y la oposición: ¡Libertad a los manifestantes detenidos!
¡No a las represalias judiciales! ¡Aparición de los
desaparecidos! ¡Solidaridad con Aldo Gil y los heridos! Hay que
contrarrestar la infame campaña oficialista señalando que
la culpa de la violencia es del gobierno ilegítimo y fraudulento.
Ligado a ellas, un conjunto de demandas democráticas como destitución
de Montesinos, juicio y cárcel para los asesinos y corruptos del
régimen, restitución de los miembros del Tribunal de Garantías,
libertad de prensa y devolución de los medios secuestrados por
el régimen, cese de la comisiones interventoras en las universidades,
etc.
Asimismo, debemos desplegar las más audaces iniciativas en apoyo
a las luchas gremiales y en favor del desarrollo y extensión de
los comités unitarios o coordinadoras antidictadura, a todo nivel,
local, gremial y nacional, de tal manera que la unidad de acción
pueda potenciarse y encontrar instancias de centralización. La
inmensa actividad desplegada durante la Marcha de los Cuatro Suyos debe
servir de punto de apoyo para nuevas y mayores jornadas de lucha, hasta
acabar con la dictadura y abrir un nuevo capitulo que nos permita enfrentar
en mejores condiciones los planes del FMI.
(EPIGRAFE)
1. Lima, abril de 2000.
(RECUADROS)
El régimen
En el 90, Fujimori derrota electoral-mente al célebre escritor
Mario Vargas Llosa, quien al frente de una coalición de fuerzas
de la derecha peruana, había postulado la necesidad de un severo
ajuste económico. El "chinito" de aquel entonces levantó,
en su campaña electoral, una política seudo populista que
le valió para capitalizar el descontento de las masas con los viejos
partidos burgueses y llenar el vacío dejado por la izquierda parlamentarista
que se había desgastado por su capitulación al gobierno
aprista, responsable de la mayor hiperinflación de la historia.
Pronto, quedó evidente su sometimiento a las políticas dictadas
por el FMI. De ahí que, al poco de asumir su mandato, hizo todo
lo contrario de lo que ofreciera en la campaña electoral. Con apoyo
de sectores de la izquierda, que llegaron a integrar su primer gabinete,
decretó un brutal paquete de medidas económicas que se conocieron
como el "Fujishock", a partir de lo cual buscó estabilizar
la economía a costa del pueblo trabajador y de las necesidades
del país.
Con el autogolpe del 92, el gobierno peruano deviene en un régimen
bonapartista, antidemocrático, al servicio de los planes del FMI.
Se sustenta en el apoyo que le brinda la cúpula militar, el FMI,
las transnacionales, y sectores importantes de la burguesía nacional,
así como amplios sectores populares que ven en la guerrilla, los
apagones, y los coches bomba, el problema más grave del Perú.
En ese sentido, la guerrilla fue un factor fundamental para que un sector
de las masas vaya a la derecha, permitiendo a Fujimori ganar apoyo a su
régimen. Le ayudó a justificarse ante las masas, junto a
la corrupción reinante, la crisis de los partidos políticos,
y las ilusiones sembradas en la política neoliberal que ofrecía
un aluvión de inversiones, como fuente de nuevos empleos y una
mejora en el nivel de vida de la población.
Desde entonces Fujimori ha buscado afirmarse como garante del combate
a la guerrilla y la estabilidad económica. Luego del autogolpe
del 92 pasó a desmontar la Constitución del 79 y toda legislación
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