Revista del CEIde la UIT-CI


DEUDA EXTERNA

Llegó la hora de no pagar


Desde hace 30 años, la deuda externa se ha transformado en el mecanismo fundamental del imperialismo para despojar de su riqueza y someter políticamente a los pueblos pobres del mundo. El pago de sus servicios ha provocado la muerte de millones de seres humanos e hizo que la miseria afecte ya a las dos terceras partes de la población mundial. La deuda está detrás de cada uno de los planes de ajuste que se vienen implementando en el Tercer Mundo y Europa del Este; detrás de las privatizaciones, la destrucción de la salud y educación públicas, la flexibilidad laboral, la rebaja del salario, la desocupación y la destrucción de los aparatos productivos nacionales, porque todo esto se ha hecho al servicio de pagarla. Pero también es la razón de que millones de trabajadores, campesinos, desocupados, jóvenes y sectores empobrecidos de la clase media del mundo entero vayan tomando conciencia de que no habrá solución para sus problemas si no enfrentan esta lacra fabricada por el imperialismo. Por eso cada vez son más los que salen a la lucha, se movilizan, realizan huelgas generales, cortan rutas, se insurreccionan, tiran gobiernos y planes económicos, demostrando en las calles que se aproxima la hora de no pagar más.

La historia reciente de esta verdadera estafa contra la humanidad comenzó en 1973, cuando se inició la crisis crónica de la economía mundial. Ese año, la suba de los precios del petróleo provocó la afluencia de miles de millones de dólares (MD) hacia los grandes bancos de las metrópolis imperialistas. Éstos, en un intento desesperado por lograr una tasa de ganancia superior a la que ofrecía la producción en medio de la nueva etapa recesiva que se iniciaba, decidieron utilizarlos para dar préstamos a diestra y siniestra, esperando cobrar intereses usureros.
El endeudamiento abarcó a todos los países del mundo, incluso a los imperialistas donde se endeudaron las empresas, los gobiernos federales y hasta los ciudadanos comunes, a través de sus tarjetas de crédito (1). Pero al poco tiempo, aterrorizados por las deudas que las grandes empresas de sus países habían acumulado con los bancos, y el peligro de quiebra y bancarrota total que esto significaba, el imperialismo comenzó a darse una estrategia para trasladar la crisis a la periferia. Así pegó un salto el robo de la riqueza de infinidad de pueblos.

Las dictaduras, principales cómplices de la estafa

Quienes más endeudaron a sus países fueron los dictadores que gobernaban una gran cantidad de naciones en la década del 70, entre los que se destacaron los latinoamericanos. Éstos y los "empresarios nacionales" en nombre de los cuales gobernaban vieron una oportunidad extraordinaria para enriquecerse rápidamente... y no la desaprovecharon. No se quedaron atrás otros regímenes bonapartistas, como el del PRI mexicano. Tampoco se salvaron los países gobernados por el stalinismo ya que la burocracia no quiso perderse el festín (2). Así, en pocos años, el imperialismo logró ponerles las cadenas de la deuda a los pueblos pobres del mundo, que pasaron de deber 90 mil MD en 1970 a 853 mil en 1982 (3).
El dinero que entró del exterior no fue invertido en aumentar el poder productivo de estos países; se utilizó para seguir alimentando la cadena de especulación financiera que había comenzado (4).
Con la deuda externa, el imperialismo aumentó cualitativamente la explotación de estos pueblos, superando lo que lograba extraer por otros medios, que no por eso dejaron de funcionar y perfeccionarse (5). Sólo para tener una idea de la importancia del cambio que se provocó, basta saber que entre 1951 y 1957 Brasil remitía un promedio de 130 MD anuales de dividendo al imperialismo, en tanto que México pagaba 110 millones. Esto aumentó a tal nivel entre 1982 y 1985, que la media anual que pagaba Brasil trepó a 11.800 MD y México pasó a girar 10.300 MD a las metrópolis.
Además de los pagos usurarios en concepto de intereses, el imperialismo desarrolló otra presión. Para seguir prestando, obligó a los países deudores a comprar sus artículos con el mismo dinero que les prestaba. De esta forma, todo el Tercer Mundo registró un impresionante aumento de sus importaciones, generando grandes déficits comerciales, que a su vez se cubrieron con nuevos préstamos (6).
Las consecuencias de este círculo infernal no se hicieron esperar: pegó un salto cualitativo el deterioro del nivel de vida de los trabajadores y comenzó a retroceder a un ritmo vertiginoso la capacidad productiva de los países del Tercer Mundo y del bloque "socialista".
Por su parte, las burguesías nacionales utilizaron gran parte de esos préstamos para negociados propios y para especular en el exterior, produciéndose así la famosa fuga de capitales. Sin embargo el FMI, para garantizarse el cobro, ordenó a las dictaduras que estatizaran estas deudas privadas, con lo cual se consumaron nuevas y escandalosas estafas contra el conjunto de los pueblos.

La crisis del 82

La tremenda espiral de la deuda, como no podía ser de otra manera, llevó a una gran crisis a principios de los años 80. El aumento de las tasas de interés (de 6,4% en 1977 a 20% en 1981), provocado para compensar un nuevo descenso de la tasa de ganancia, causó un aumento tremendo de las obligaciones de la deuda. Esto, sumado a la caída de los precios de las materias primas -del orden del 30% entre 1980 y 1985- disminuyó enormemente las posibilidades de pago.
Frente a esta situación, el movimiento de masas dijo basta y salió a la lucha, desatándose un gran ascenso obrero a nivel mundial, con epicentro claro en América Latina. Este ascenso comenzó a impedir que los gobiernos entreguistas siguieran adelante con las medidas de ajuste permanente que necesitaban para pagar puntualmente la deuda. Centroamérica era un polvorín, sacudido por las revoluciones nicaragüense y salvadoreña, que contagiaba a toda el área, golpeando el patio trasero del imperialismo. En el Cono Sur comenzó la movilización que terminó derrumbando a los regímenes militares. Todos los pueblos querían mejorar su nivel de vida. Lo mismo sucedía en Polonia, donde desde julio-agosto del 80 se había puesto en marcha un proceso de revolución política contra la dictadura stalinista y se desarrollaba vigorosamente Solidaridad como organismo obrero democrático y de doble poder.
Imposibilitados de seguir ajustando a sus pueblos, un grupo importante de países comenzó a atrasarse en los pagos (7). La crisis estalló cuando México declaró estar al borde de la quiebra y no poder seguir pagando. Al poco tiempo Brasil hizo lo mismo y Argentina comenzó a retrasarse peli-grosamente. Unos meses antes, Polonia también había declarado su insolvencia para pagar los 2.500 millones que le correspondían ese año.
El pánico se apoderó rápidamente de la banca imperialista, ya que estaba planteada la posible quiebra de sus deudores más importantes y un efecto dominó que nadie se animaba a predecir dónde concluiría (8).
Otro fantasma también los inquietaba. Había comenzado a circular el rumor de que varios gobiernos, frente al ascenso de masas en sus países, estaban planeando asociarse para repudiar las deudas en conjunto. Insinuando algo por el estilo, llegaron a circular tibias declaraciones de prensa de sectores burgueses latinoamericanos que en aquel momento eran los más comprometidos (9). Pero sólo eran bravuconadas para mejorar las condiciones de pago, ya que no tenían la más mínima intención de romper con el imperialismo, como pudo comprobarse los años subsiguientes (10).
Ante esta situación, la banca mundial cambió de política. Bruscamente dejó de prestar por temor a perder sus ganancias frente a la insolvencia creciente de sus deudores. Esto fue lo que se conoció como la crisis de la deuda, en 1982.

El chacal impone nuevas condiciones, las "democracias"
se arrodillan

Al cortar el flujo de capitales, los países endeudados se quedaron de un día para el otro sin poder hacer frente a los tremendos déficits acumulados en sus cuentas corrientes, que hasta ese momento se cubrían con nuevos préstamos externos (11). Así, chantajeando para seguir prestando en el futuro, el imperialismo obligó a los países semicoloniales a poner sus economías al servicio exclusivo del pago de la deuda.
Esta situación no cambió con la vuelta a la democracia que experimentaron muchos países latinoamericanos, ya que los nuevos gobiernos, utilizando las ilusiones del movimiento de masas que los había llevado al poder, profundizaron la dependencia del imperialismo.
Para lograr saldos comerciales favorables los países redujeron drásti-camente sus importaciones, fundamentalmente en aquellos rubros como maquinarias y herramientas, afectando nuevamente la capacidad de inversión productiva (12). Comprando poco e incentivando las exportaciones a costa del mercado interno, la mayoría de los países pasaron rápidamente a tener superávits comerciales (13). Pero estos superávits fueron destinados... a pagar los intereses de la deuda. Esta política permitió bajar los déficits de cuenta corriente (14).
Los salarios, en medio de una inflación que no dejaba de subir, cayeron: en Brasil un 40% entre el 81 y el 83, en Perú un 41% entre el 80 y el 85 y en México el 32% en el mismo período.
La consecuencia de todo esto fue una recesión generalizada, que ocasionó una caída impresionante del PBI per cápita de todos los países deudores y un retroceso sin precedentes de las fuerzas productivas (15). Al mismo tiempo, sólo entre el 82 y el 85 y desde Latinoamérica, se giraron 189 mil MD hacia las metrópolis (descontando el dinero que entró).

Con la democracia no se come,
ni se cura, ni se educa

En 1985, la capacidad de pago de los países semicoloniales volvió a retroceder. Se produjo otra caída en los precios de las materias primas combinada con una reducción brusca del crecimiento en los países imperialistas. Esto ocasionó que volvieran a caer las exportaciones y que el déficit en cuenta corriente comenzara nuevamente a crecer (16), mostrando el fracaso de las recetas aplicadas a partir de la crisis del 82.
La clase obrera, por su parte, volvió a luchar con fuerza redoblada. Los nuevos regímenes democrático- burgueses rápidamente comenzaron a desgastarse, en medio de un ascenso obrero que se politizó cada vez más y fue tomando conciencia del real peso que tenía la deuda. A la vanguardia de este proceso se ubicó en esos años el proletariado boliviano, que en 1983 logró imponerle temporariamente una moratoria a su gobierno. En el 85, el gobierno peruano de Alan García se vio obligado a reducir también unilateral-mente sus pagos. Los motines en Jamaica, así como la huelga general en República Dominicana contra los planes acordados con el FMI, ambos en enero del 85; y las huelgas generales de julio del 85 en Panamá y enero del 86 en Argentina por la moratoria son muestra claras de un proceso que comenzó a adquirir dimensiones continentales. Se produce así la segunda crisis de la deuda.
Los gobiernos, en medio de semejante ascenso y de la negativa de los bancos a otorgar nuevos créditos, durante este período intentarán aplicar una serie de planes que se derrumbarán como castillos de naipes, provocando que la inflación se vaya por las nubes.
El imperialismo, por su parte, comenzó a delinear una nueva contraofensiva, superior a todas las conocidas hasta entonces. Sin embargo, no le resultó fácil implementarla: la clase obrera ofreció una dura resistencia que se prolongó varios años, con hitos importantes como las insurrecciones populares de Caracas y Rosario en 1989.
Finalmente, por el rol nefasto de las direcciones traidoras -que se negaron a unir y darle continuidad a éstas y otras luchas heroicas- el imperialismo comenzó a lograr avances significativos, fundamentalmente desde comienzos de los años 90.
En esos años tuvo lugar también uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX: la caída en dominó de las dictaduras stalinistas de Europa del Este y la Unión Soviética (ver artículo pág. 14).

Comienza la década infame

En marzo de 1989, Nicholas Brady, Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, anunció una nueva propuesta, según la cual aquellos países que se avinieran a realizar Planes de Ajuste Estructurales (PAE) -más tarde conocidos mundialmente como neoliberales-, recibirían una quita importante de capital, la reducción de los intereses y nuevos préstamos. Diez años después, todos pudimos comprobar cómo estas "reducciones" lograron que, mientras más se pagaba, más aumentase la deuda.
En lo que sí cumplieron fue en aplicar las reformas estructurales que venían intentando imponer desde hacía años. Avanzaron en la privatización total o parcial de las más importantes empresas nacionales y en destruir las menos rentables, ocasionando una total descapitalización de los países del Tercer Mundo. Como contrapartida, las grandes empresas imperialistas se quedaron con los sectores más rentables y que en muchos casos, por su carácter monopólico, tenían asegurada una altísima tasa de ganancia. En la Argentina, que fue uno de los países en donde más se avanzó, se privatizaron las comunicaciones, la energía eléctrica, el agua, el gas, el petróleo, el carbón, el transporte aéreo, ferroviario y subterráneo, Fabricaciones Militares, los puertos, etc. Y todo a un precio en efectivo prácticamente irrisorio, ya que el grueso de las transacciones eran a cuenta de la deuda externa. Sin embargo ésta, lejos de disminuir, pasó de 60 mil MD a 125 mil entre el 90 y el 98. Este proceso, aunque con marcadas desigualdades, avanzó en la mayoría de los países latinoamericanos: se privatizaron unas 1.600 empresas de gran y mediano porte.
Se redujeron drásti-camente las partidas presupuestarias para salud y educación. En Zimbabwe, por ejemplo, el gasto público per cápita en asistencia sanitaria se ha reducido en un 33% desde 1990, provocando un aumento enorme de la mortalidad infantil. En el Àfrica subsahariana también se han recortado los presupuestos de salud y educación, en momentos en que según la UNICEF sería necesario aumentar en unos 9 mil MD dichas partidas para salvar las vidas de 21 millones de niños y ofrecer educación básica a otros 90 millones. Nueve mil es bastante menos que los 13 mil MD por año que la región destina actualmente al pago de la deuda...
Con la desinversión drástica en infraestructura, altas tasas de interés y una liberalización de las importaciones, se destruyeron ramas enteras de producción en todos los países coloniales, semicoloniales, la ex URSS y Europa del Este. En África la inversión, al igual que la participación en el comercio internacional, cayó del 4 al 2%. En países como Tanzania, Ghana y Zambia, se han perdido más de dos tercios de industrias viables en potencia como la textil. En Bolivia, la industria como tal ha desaparecido. En Argentina, casi se han perdido la industria metalúrgica y la mayoría de las ramas consideradas estratégicas.
Junto con esto se procedió a un recorte brutal de las conquistas laborales y sindicales, lo que fue acompañado de una baja del salario directo e indirecto (subsidios familiares, jubilación, salud, etc.). Esto ocasionó que en muchos países el nivel de vida de la clase obrera retrocediera varias décadas. Y todo al servicio de que las economías se "estabilizaran", pudieran pagar puntualmente la deuda externa y recibir nuevos créditos. Así fue como del 91 al 98 los países del Tercer Mundo -incluidos la ex URSS y Europa del Este- pagaron la monstruosidad de 2 billones 123 mil MD, contra poco más de 600 mil millones que entraron en concepto de nuevos préstamos. Sin embargo la deuda casi se duplicó, pasando de 1 billón 479 mil millones en 1991 a 2 billones 536 mil en 1998 (17) (Banco Mundial, Informe 2000).
En los 90, a diferencia de la década anterior, en que el grueso de la deuda se asentaba en Latinoamérica, ésta toma proporciones alarmantes en el mundo entero: se duplica en Asia, la ex URSS y Europa del Este, mientras sigue creciendo vertiginosamente en África, AL y Oriente Medio.
Esta verdadera expoliación sobre el Tercer Mundo ha hecho que la desocupación, la pobreza, la mortalidad infantil, las enfermedades, el analfabetismo y demás lacras sociales aumenten escandalosamente. En la actualidad, más de 3.000 millones de personas viven con menos de dos dólares diarios y 1.200 millones no logran tener siquiera un dólar, sobre un total de 6.000 millones de habitantes en el mundo (18) (id.).

1994: los pobres del mundo nuevamente se ponen de pie

Ese año se desató la rebelión campesina en Chiapas, asestando un golpe tremendo al régimen del PRI, responsable durante décadas del sometimiento de México al imperialismo. Unos meses antes se produjo la semi-insurrección de Santiago del Estero en el otro extremo del continente, iniciando la crisis del plan económico y del gobierno de Carlos Menem, el más entreguista de la historia argentina. Un par de años después el pueblo venezolano redujo a las cenizas al régimen bipartidista de AD y Copei, colocando en el poder a Chávez, quien se ve obligado a prometer -para luego no cumplir- que enfrentaría los dictados del FMI.
Una tras otra se sucedieron las movilizaciones revolucionarias de los pobres del Ecuador, culminando el año pasado en una extraordinaria revolución que estuvo muy cerca de quedarse con el poder del Estado, obligando a la burguesía a dejar de pagar la deuda. Mientras tanto, comenzó a crecer entre los trabajadores, campesinos, indios, jóvenes y desempleados de América Latina la conciencia de que para salir de la miseria hay que enfrentar al responsable de todas las penurias: el FMI. El reclamo contra la deuda se incorporó en las grandes huelgas generales de Colombia y Argentina.
A la vez, se sumaron a la lucha los trabajadores europeos, con los obreros y estatales franceses a la vanguardia, quienes en 1995 protagonizaron una huelga histórica para evitar los recortes sociales. Las movilizaciones contra el Banco Mundial, el FMI y la OMC comienzan a ser llevadas a cabo por los trabajadores de las propias metrópolis, haciendo de Seattle un símbolo que se repite y recorre el mundo. Los heroicos mineros rusos se despejan las ilusiones con el capitalismo, y con su gran huelga de los rieles se transforman en un gran ejemplo imponiéndole a Yeltsin la moratoria de su deuda externa. Sale a la lucha, después de muchos años, el joven y combativo proletariado asiático, con Corea del Sur e Indonesia en primera fila.
Estas luchas, y muchísimas más que se han desarrollado o están en pleno curso, han comenzado a hacer tambalear no solamente a los gobiernos cómplices del imperialismo sino también a los planes que conjuntamente diseñaron.

No pagar: una tarea que sólo
los trabajadores y los pueblos pueden lograr

Aunque la actuación de las burguesías "nacionales" durante los últimos 30 años ha sido de sumisión completa al imperialismo, todavía hay sectores de la izquierda y de la intelectualidad progresista que tienen expectativas puestas en ellas. Estos sectores dicen estar convencidos de que más temprano que tarde una parte de la patronal se decidirá a enfrentar al imperialismo y encabezará un proyecto "nacional y popular". Creen ver estas actitudes en personajes como Chávez, Cárdenas, Brizola o los militares ecuatorianos y por eso los apoyan entusiastamente, aunque rápidamente se decepcionan con las medidas que toman cuando llegan al gobierno.
Contra lo que creen estos compañeros -muchos de ellos honestos luchadores con los que compartimos a diario peleas importantes-, el servilismo de las burguesías tercermundistas tiene bases objetivas y estructurales. Es debido a esta realidad que no podemos esperar de parte de ningún sector burgués medidas progresivas contra el imperialismo.
"El crecimiento económico del período del boom posibilitó, también en América Latina, el refuerzo de sectores industriales y financieros modernos de las burguesías nacionales. Estos sectores crecieron en general asociados de alguna forma al imperialismo, sea a través de acuerdos tecnológicos, por vínculos financieros o dependencia de los mercados extranjeros para la exportación. Sus relaciones con el imperialismo son mayores que las que existían con las antiguas burguesías ligadas al comercio interno que se desarrollaron principalmente en la posguerra, y que posibilitaron los procesos nacionalistas de Perón y Vargas.
Muchos burgueses se enriquecieron especulando con la propia deuda. La fuga de capitales de América Latina, en gran parte para financiar especulaciones en países imperialistas, asumió proporciones gigantescas (19). Las burguesías nacionales latinoamericanas están hoy mucho más integradas al mercado mundial y al imperialismo que las viejas burguesías ligadas al mercado interno. Tan integradas, que también tienen ese carácter especulativo parasitario. Son socios menores en la gran expoliación que fue y es la deuda externa. Por esta integración pasan a ser socios menores del imperialismo, no sólo en la explotación del proletariado de sus propios países, sino del mundial." (Nahuel Moreno, CEI de la LIT, abril de 1986).
Este proceso es lo que explica, por ejemplo, la metamorfosis del peronismo en Argentina o del PRI en México, que de expresiones nacionalistas en sus orígenes se transformaron en los más grandes agentes del imperialismo.
Nada de esto significa que no haya roces entre sectores de las burguesías nacionales y el imperialismo. Pero son roces en el marco de un acuerdo estratégico, que se producen cuando la crisis reduce la torta, disminuyendo las ganancias de los sectores más débiles. En esos momentos, lo que buscan estas patronales no es distanciarse del imperialismo sino que éste les tire un hueso más grande.
En determinadas ocasiones, obligadas por el ascenso y la crisis, las burguesías pueden incluso terminar reduciendo o suspendiendo los pagos de la deuda, como recientemente ha sucedido en Ecuador. Pero esto no significa su ruptura con el imperialismo: siguen gobernando para ellos y por eso intentarán aplicar nuevos ajustes que les permitan volver a pagar normalmente.
Es debido a esta realidad que necesitamos sacar una conclusión fundamental. El no pago definitivo de la deuda externa y la independencia de nuestros pueblos sólo pueden ser instrumentados por los que no tienen ningún compromiso con el imperialismo: los trabajadores y los sectores pobres del pueblo.

El no pago, consigna central y revolucionaria

Existen también organizaciones de izquierda que se niegan a realizar campañas permanentes por el no pago de la deuda externa. Algunas, argumentando que el problema de la deuda no es tan grave porque en realidad no se paga y todo se cubre con nuevos préstamos. Otras, porque consideran que el problema central no es la deuda sino el capitalismo. Ya hemos explicado aquí por qué la deuda es uno de los principales problemas que afecta a nuestros pueblos, proporcionando datos concretos que desmienten la idea de que "no se paga". También hemos desarrollado por qué la deuda externa es el corazón que mantiene con vida a los planes capitalistas neoliberales.
Es esta realidad la que obliga a todas las organizaciones que se dicen revolucionarias a levantar como un punto esencial de su programa el no pago de la deuda. No sólo por una cuestión de principios, sino porque es una necesidad imperiosa ayudar al movimiento obrero y popular a tomar conciencia de la real dimensión de este flagelo que la burguesía, el imperialismo y las direcciones traidoras le intentan ocultar. Solamente así estaremos ayudando a que se desarrolle la movilización para dejar
de pagarla y de una vez por todas imponer verdaderos cambios de fondo.
En estos últimos tiempos, viendo que la movilización comienza a salirse del control de los aparatos tradicionales, la Iglesia ha decidido ponerse al frente de los reclamos contra la deuda, impulsando una serie de actividades junto a ONGs, sindicatos y partidos en el marco del "Jubileo 2000" (ver artículo). Como era de esperar, la Iglesia no levanta el no pago de la deuda ni la ruptura de los pactos que nos atan al imperialismo. Su programa se limita a pedir la condonación de la deuda de algunos países y mejores condiciones de pago para el resto. Este programa, por sus limitaciones, no avanza en los cambios de fondo que se necesitan (20). Sin embargo, sería un crimen que los revolucionarios tuviéramos una orientación sectaria hacia estas iniciativas, que sirven para instalar el problema de la deuda en franjas de masas. A la vez, también cometeríamos un error tremendo si en ellas no diéramos una batalla política para agrupar a los sectores que quieren avanzar en el camino de una independencia real y definitiva de nuestros pueblos.
Impulsemos una campaña mundial por no pagar

Además de la campaña del Jubileo, la crisis económica, las luchas y la conciencia creciente del significado de la deuda entre los sectores populares, ha obligado a sectores de la burocracia sindical a levantar consignas contra el FMI en las movilizaciones.
Nuestra organización trabaja en unidad de acción con todos aquellos sectores que llaman a movilizar contra el imperialismo por parciales que puedan ser sus reclamos.
Desde hace largos años, desde la UIT venimos levantando la bandera del no pago de la deuda. Por eso nuestros partidos son conocidos en sus países como luchadores incansables contra la dominación imperialista. Últimamente hemos participado de múltiples iniciativas. En España, fuimos parte del plebiscito contra la deuda que organizó a más de 100.000 activistas y actualmente participamos de una iniciativa similar que se está llevando a cabo en Brasil. Integramos la Red Venezolana Contra la Deuda Externa. En Argentina, hemos colaborado con el Juicio contra la Deuda que se inició en 1983 y acaba de obtener un fallo judicial favorable; también participamos destacadamente en las últimas movilizaciones y huelgas generales que se llevaron a cabo contra el FMI. Lo mismo hicimos en Colombia durante el Paro Cívico Nacional de agosto de 1999, uno de cuyos puntos era el no pago. Participamos con todas nuestras fuerzas en la lucha de los mineros rusos y de los indígenas y trabajadores de Ecuador que lograron suspender los pagos de sus países.
En el próximo período nos proponemos redoblar nuestra actividad para seguir contribuyendo, en la medida de nuestras posibilidades, a lograr un desarrollo aún mayor de la lucha contra la deuda externa.
Desde estas páginas, queremos hacer un llamado a los miles y miles de luchadores que en el mundo entero, al igual que nosotros, están desarrollando iniciativas contra la deuda, a que unamos fuerzas contra este flagelo. Para que juntos llevemos esta campaña a las fábricas, escuelas, universidades, etc., agitando y propagandizando que no habrá solución a ninguno de los problemas que afectan a la clase trabajadora si no dejamos de pagar y nos movilizamos en forma independiente por conseguirlo.


NOTAS:
(1) En EE.UU., "de 935 mil millones de dólares al momento en que el presidente Reagan entraba a la Casa Blanca, sólo la deuda del gobierno federal norteamericano ha pasado a 1 billón 200 mil millones de dólares en febrero de 1983. La de los individuos y de las familias es más o menos equivalente, y la de las sociedades es ligeramente superior" (Le Monde Diplomatique, abril/83). Una situación similar se daba en Inglaterra, donde hubo "un incremento dramático en la dependencia de las compañías respecto de los bancos. Entre 1967 y 1973, el porcentaje de deudas contraídas por las compañías con los bancos creció del 30 al 70%. Para 1980 había alcanzado el 80%" (id.). Según The Economist de esa fecha, lo mismo sucedía en Francia, Alemania Federal, Italia, Japón y otros países imperialistas.
(2) En 1982, Polonia debía 26 mil MD, Yugoslavia 19 mil, Alemania Oriental 14 mil, Rumania 11 mil y la URSS 23 mil, destacándose el caso inédito de Cuba, que debía 3 mil.
(3) Esto significaba en aquel momento "una suma cercana al tamaño del presupuesto anual de los EE.UU. y más de tres veces el de Japón; esto es 154 dólares por cada hombre, mujer y niño sobre la tierra. Los ejecutivos de crédito que trabajaban para líderes de conglomerados como Citicorp, Société Générale y Credit Suisse, a menudo prestaban poca atención a si el deudor podía o no pagar. El hecho de que México se asentara sobre un océano de petróleo, de que Zaire tuviese montañas de cobre, se pensaba que era suficiente" (Time, 10/1/83).
(4) Una de las pocas excepciones fue Brasil, permitiéndole a este país un crecimiento productivo que lo ubicó en su momento como la octava economía del mundo. Esto sin embargo no evitó la crisis posterior, porque los sucesivos gobiernos pusieron la economía al servicio de pagar la deuda.
(5) Hasta principios de los años '70, el imperialismo utilizaba esencialmente cuatro mecanismos para superexplotar a sus colonias y semicolonias: 1) a través del comercio exterior, imponiendo un intercambio desigual con los países periféricos y los estados obreros; 2) repatriando las ganancias de las empresas imperialistas instaladas en los países "dependientes"; 3) obligando a las semicolonias a pagar sumas considerables en concepto de patentes, royalties, know how, etc., es decir la tecnología que monopolizan; 4) incentivando la fuga de capitales "nacionales" hacia las metrópolis imperialistas. Los préstamos y el cobro de intereses eran hasta ese momento una herramienta secundaria.
(6) América Latina (AL) aumentó sus importaciones de 28 mil MD en 1973 a 97,6 mil en 1981.
(7) En 1981, según el FMI, 32 países estaban en mora. En 1975 eran sólo 15.
(8) Ningún banco quería la quiebra de sus deudores, ya que mientras esto no sucediera seguiría el flujo de dinero proveniente del pago de intereses. A quien más le preocupaba la situación era a la banca yanqui, porque los nueve mayores bancos de EE.UU. habían prestado alrededor del 130% de su capital a México, Brasil y Argentina. Lo mismo les sucedía a los banqueros alemanes con relación a la deuda de Polonia.
(9) Los países latinoamericanos debían en ese momento el 48,2% del total de la deuda del Tercer Mundo.
(10) Cuando se renegociaba la deuda externa mexicana, la delegación de ese país "estuvo próxima a irse. Un diplomático yanqui recuerda: ellos impidieron el pago de honorarios de servicio sobre el dinero. Dijeron que estaban viendo al imperialismo en acción y amenazaron con tomar el próximo avión para casa. Eso hubiera significado la quiebra" (Time, 10/1/83).
(11) Solo en AL este déficit fue por esos años del orden de los 40 mil MD.
(12) En AL, las importaciones se redujeron de 97,6 mil millones en el 81 a 57,6 en el 85.
(13) En AL, el superávit comercial fue de unos 35 mil MD promedio entre el 83 y el 85.
(14) En AL, el déficit de cuenta corriente bajó de 40 mil MD en el 81 a 1.1 MD en el 84.
(15) En AL, la caída del PBI per capita fue del 8,9% entre el 80 y el 85, y la inversión cayó un 30% en el 85 con relación al 80.
(16) En AL las exportaciones caen de 97 a 91 mil MD y el déficit en cuenta corriente pasa de 1.1 a 4.4 MD.
(17) Sólo para tener una dimensión de cómo la extracción de recursos cada año fue en aumento, basta ver la evolución de la deuda en AL: en los 10 años que van del 83 al 92, se pagaron unos 531.5 mil MD; en los 6 años que van del 93 al 98, casi 697.7 mil MD. Esto no impidió que en esos 16 años, tomados de conjunto, la deuda pasara de 344.5 mil millones a 786 mil (Banco Mundial, Informe 2000).
(18) Según datos de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), en el continente latinoamericano el 36% de la población (220 millones) vive en la pobreza, 150 millones con menos de dos dólares diarios, mientras que en Asia más de 1.000 millones (cerca de un 20% de la humanidad) no logran tener un ingreso superior al dólar y en el Africa subsahariana esta cifra ascendía en el 93 al 40% de su población (unos 219 millones de personas).
(19) Según datos del Morgan Guaranty Trust, 14 mil MD salieron del Brasil y 85 mil millones de México. De Argentina salieron 23 mil millones (sólo el Grupo Macri invirtió 1.000 MD en Manhattan). Se calcula entre 120 y 130 mil MD la fuga de capitales de AL entre 1975 y 1983.
(20) Esta política ya viene siendo aplicada por el imperialismo. El Grupo de los 7 (G7) ya resolvió en su cumbre de Colonia perdonar parte de la deuda a los 41 países más pobres, la mayoría africanos. En realidad estos países deben una parte ínfima de la deuda y, por su crisis, en muchos casos no podrían seguir pagando aunque quisieran. Sin embargo, en la última cumbre que se llevó a cabo recientemente en Okinawa, reconocieron que sólo avanzaron con 9 de esos 41 países, porque el resto todavía no había hecho las reformas estructurales comprometidas.

RECUADROS

ECUADOR

Cuando la movilización impone la moratoria

Rodrigo Ayala

Si hay un país que en Latinoamérica ha sentido en los últimos años el rigor de la insoportable carga del pago de la deuda externa, ha sido Ecuador. Con una deuda de 16.600 millones de dólares, de los cuales 6.300 corresponden a bonos Brady, Ecuador se encuentra en la encrucijada de pagar, suspender o no pagar definitivamente.
La exorbitante deuda que acumula ha obligado a los gobiernos a dedicar el 40% del presupuesto fiscal para la cancelación de los intereses, mientras que para la atención a la educación, escasamente el 13% y para la salud pública un 3%. Esto llevó a que el Estado dejara de pagarle por varios meses a los maestros, médicos y enfermeros, generando una ola de indignación y de movilizaciones en el país.
En un intento por hacer pagar la grave crisis económica que azotó el país a los pueblos indígenas, trabajadores y campesinos pobres, el gobierno de Mahuad se propuso aumentar el costo de los combustibles y contraer el salario de los trabajadores estatales, en la perspectiva de dolarizar la economía como lo recomendaban las diferentes misiones del FMI. La respuesta del pueblo no se hizo esperar, generándose las más grandes movilizaciones de protesta vividas en el país luego de la caída de Abdala Bucaram.
Mahuad se vio obligado a suspender, inicialmente el pago de los intereses de los bonos Brady, y en agosto del 99, declaró la moratoria de toda la deuda externa.
El FMI aceptó la declaración de moratoria adoptada por el gobierno ecuatoriano, pues la poderosa movilización desarrollada en julio en ese país había aterrorizado al imperialismo.
Un nuevo intento por estabilizar la economía del país y reiniciar el pago de la deuda, lo desarrolló Mahuad a finales del 99. Pero a principios del 2000, como es conocido por todos, las masas enardecidas decidieron darle punto final a su gobierno.
Lamentablemente, al no instaurarse un gobierno encabezado por las organizaciones que confluían en el Parlamento Popular, el nuevo gobierno burgués de Noboa, al poco tiempo, decidió reiniciar los planes de ajuste y el proyecto de dolarización de su antecesor, en el afán de volver a pagar la deuda puntualmente y cumplir con el FMI. Esto preanuncia nuevos y más fuertes enfrentamientos con el pueblo.
Las lecciones de esta experiencia son claras. Con la movilización se puede lograr dejar de pagar. Pero, si el poder queda en manos de la burguesía, esta medida será temporal, mientras sé reacomoda y logra imponer a sangre y fuego los planes económicos de superexplotación que ordenan los organismos de crédito internacional y el imperialismo. Por eso en Ecuador y en el mundo, son los trabajadores, campesinos, indígenas y demás sectores populares los que deben tomar en sus manos las riendas de nuestros países y no pagar más.


ARGENTINA

"Para no vivir pagando y morir debiendo"

Juan Carlos Giordano

Así reza un slogan del Foro Argentino de la Deuda Externa. Este organismo fue encabezado por Alejandro Olmos, abogado y luchador recientemente fallecido, cuya lucha compartimos.
En abril de 1982, Olmos inició un juicio contra la deuda. Después de 18 años acaba de salir el fallo, inédito en el mundo. En la sentencia, el juez federal Ballesteros reconoce que esa deuda "benefició a empresas y negocios privados, resultaron inexistentes sus registros contables y el país fue puesto de rodillas bajo la voluntad de acreedores externos ..." Pero la causa prescribió, el juez no condenó a nadie y la ha girado al Congreso nacional para que siga investigando. El 22/8 habrá una audiencia parlamentaria pública.
La deuda externa argentina, además de ilegítima y fraudulenta, se ha vuelto impagable. De u$s 6.800 millones que se debían en 1976, al finalizar la dictadura eran 40.000. Durante el gobierno de Alfonsín (83/89) subió a 60.000 millones. Y con Menem (89/99), la deuda pública trepó a 140.000 y la privada, a 40.000. Hoy se estima un endeudamiento total de 200.000 millones -¡66% del PBI!-, cuyo servicio de intereses insume 10.000 millones al año.
Las medidas de ajuste del gobierno tienen por mira cumplir con estos pagos. Y una inspección del FMI visita el país cada tres meses, para "revisar las cuentas". Es por todas estas razones que la población comienza a vislumbrar a la deuda como el mal de los males. Según una encuesta reciente, el 88% opina que "el gobierno debe ponerle límites a las exigencias del FMI" (Clarín, 21/5).
Lo más importante está ocurriendo en las calles, donde la deuda empieza a ser tema cotidiano de debate. La CGT disidente (Confederación General del Trabajo, liderada por Moyano), con apoyo de la CTA (Central de Trabajadores Argentinos, que dirige De Gennaro), llamó el pasado 31/5 a marchar en Buenos Aires "contra el FMI". Casi 50.000 personas se movilizaron a la Plaza de Mayo. Aunque menor, el 26/7 hubo otra concentración contra la deuda ante el Congreso.
Desde hace años nuestro partido levanta la lucha por no pagar y romper con el FMI, proponiendo un gran movimiento nacional. A ambos actos, el MST e Izquierda Unida fuimos con una gran bandera por el no pago. Aunque hasta ahora ni las cúpulas sindicales ni sectores políticos importantes toman esta consigna, impulsamos toda acción progresiva que apunte contra la deuda, así sea para cuestionarla parcialmente, reclamar la suspensión o la moratoria de sus pagos. Para no vivir pagando y morir debiendo.


ESPAÑA
Más de un millón de votos contra la deuda
Andreu Sol

Una experiencia insólita en España, la "Consulta social popular por la abolición de la deuda externa", obtenía un gran éxito de participación y votación (1.100.000 votos) el mismo día 12 de marzo de las elecciones generales que otorgaron la mayoría absoluta parlamentaria al gobierno de la derecha.
La propuesta había partido de las organizaciones del 0,7 de la ciudad de Lleida, que incluso realizaron una experiencia piloto. En tan sólo unos pocos meses, fue posible preparar una votación paralela popular, al margen de la legalidad, gracias al apoyo juvenil y la simpatía de buena parte de la población.
La red encargada de prepararla, que crecía de semana en semana, llegó a realizar más de mil charlas explicativas y actividades de promoción. Todo ello en un ambiente de colaboración y sobre una base democrática en las decisiones.

Éxito

En 400 ciudades y pueblos de España se emplazaron mesas con urnas para el voto, con una ejemplar organización, supliendo su aspecto amateur con la abnegación y trabajo colectivo de los voluntarios agrupados por doquier. En total, unas 18.000 urnas en otras tantas mesas, con tres a cuatro voluntarios por mesa en turnos como mínimo dobles, lo que representa una movilización de entre 108.000 y 144.000 activistas. En Cataluña fue donde se consiguieron más mesas, más voluntarios y por tanto más votos: 600.000, de los cuales 440.000 en la ciudad de Barcelona.
En general la presión popular obligó a las autoridades a ser tolerantes, a pesar de la declaración oficial de ilegalidad de la consulta, pero en algunas poblaciones hubo desarticulación de mesas, confiscación de urnas y detenciones.
Una participación tan formidable, en una iniciativa que era ilegal, contrastó con la muy baja participación de los jóvenes y los trabajadores en las elecciones parlamentarias generales que se celebraban ese mismo día y que ganó la derecha capitalista.

La juventud

Pero ese contraste tiene una explicación. Sectores significativos de la juventud y de los nuevos votantes se apartaban de las campañas oficiales de los partidos institucionales y de su parlamentarismo, y el tardío pacto del PSOE con Izquierda Unida no consiguió enderezar la tendencia, según se vio en los resultados electorales. En cambio, una movilización percibida como audaz y diferente (una votación pública sobre la abolición de la deuda externa), generó la suficiente ilusión como para lanzar a la lucha política a sectores de jóvenes que nunca antes habían realizado este tipo de actividad. Parte de ellos vivieron la consulta como el ensayo de una democracia más consecuente, más acorde y relacionada con las movilizaciones e intereses populares.
Sobre un escenario con ausencia de movilización obrera y de profunda crisis de la izquierda, con un gran desprestigio de los partidos, la Consulta trajo aire fresco en un clima político muy viciado.

El reto

El resultado conseguido, mucho mayor que el esperado, ha generado una importante tendencia a proseguir con nuevas formas la presión a las instituciones y autoridades para conseguir una condonación efectiva, en primera instancia, de la deuda pública de los países dependientes al capitalismo español. La red se estabiliza para dar continuidad a la lucha.
Sus participantes se plantean la necesidad de ampliar el aspecto político de este movimiento que se denomina red social por la abolición de la deuda externa. El reto preciso es alimentar, consolidar y estructurar una organización de segmentos juveniles completamente dispares, tanto por su procedencia social, como por sus aspectos ideológicos, (contó con apoyo de la iglesia católica), pero que superó, por la movilización, sus planteamientos iniciales.
El reto para los marxistas revolucionarios es entender el papel que desempeñan estas originales formas de movilización masiva, todavía interclasistas y alejadas de los objetivos socialistas, en la incorporación de la joven generación de los trabajadores a la lucha contra el imperialismo.

VENEZUELA

Bloque de organizacionesy activistas inicia promoción de referéndum contra el pago de la deuda externa

Fragmentos de declaración enviada por
integrantes de la "Red Venezolana Contra la Deuda"

Un amplio conjunto de organizaciones sociales, sindicales, culturales y populares ha comenzado a constituirse como colectivo o bloque coordinado, para impulsar unitariamente la campaña por un referéndum, que permita al pueblo venezolano poner fin al pago de la Deuda Externa ilegal, ilegítima e inmoral, que le han venido imponiendo los distintos gobiernos contra su voluntad y contra sus intereses. Estamos determinados a hacer valer el derecho de nuestro pueblo a terminar con ese perverso mecanismo de exportación de capitales que anula nuestra soberanía económica y nos somete a inmensos sacrificios humanos, arrebatándonos desde hace años entre el 30 % y el 40 % del presupuesto nacional.
Más urgente aún es esa tarea, cuando a la necesidad de redoblar esfuerzos y luchas, para la superación de la pobreza y la desigualdad, se ha unido el azote del desastre ocurrido en Vargas y en otras regiones, que demanda ingentes recursos, requeridos de manera inmediata para resolver la situación de decenas de miles de damnificados, y que están yendo a parar, irregular e injustamente, a las arcas repletas del capital financiero internacional. Es inadmisible que en medio de esta situación estemos pagando este año cerca de 4 mil millones de dólares por Deuda Externa, al cambio actual más de dos billones y medio de bolívares, equivalentes a unas 400.000 viviendas, alimentación gratuita y completa para todos los niños desnutridos durante varios años, duplicación del salario mínimo al nivel de la canasta alimentaria, decenas de hospitales superequipados, dotación excelente para las escuelas y a muchas obras sociales significativas que podrían financiarse.
No podemos seguir soportando miseria y privaciones, reducción de beneficios laborales, limitaciones en los gastos sociales, para satisfacción de los imperios de la usura que exprimen a los pueblos. Sobradas pruebas hay y es plenamente demostrable la ilegalidad, inconstitucionalidad, trampa e inhumanidad de la Deuda Externa, que Venezuela, por demás, ha pagado con creces, muy por encima de su volumen original.
Los vientos soplan a favor de la lucha anti-deuda en los llamados países del "Tercer Mundo" y, en particular, en América Latina. En el Ecuador, la crisis económica y la movilización de las fuerzas sociales del pueblo obligó a la moratoria de la deuda hace ya varios meses. En Argentina, un alto tribunal dictó sentencia que califica de ilegal la Deuda Externa contraída por las dictaduras militares; las centrales obreras llaman a paro nacional contra su pago. Brasil va a plebiscito contra el pago de la Deuda Externa en septiembre de 2000, promovido por poderosas organizaciones obreras, campesinas, políticas, civiles y cristianas. En España, la Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa (de los Países del Tercer Mundo) efectuó en marzo de este año una consulta social con mesas de calle, a más de un millón de españoles, que se pronunciaron para que su país no cobre la deuda a las naciones pobres o no desarrolladas.
Consultas como la española y brasileña no tienen carácter vinculante con sus gobiernos y sus organizadores pugnan porque se les reconozca. Pero en Venezuela, la actual Constitución sí lo contempla, lo que convertiría al resultado del referéndum en un imperativo mandato social para el gobierno, al cual le recordamos su posición y compromiso de cambiar el esquema de tratamiento de la Deuda Externa, de acuerdo con las reiteradas declaraciones del Presidente, antes de que asumiera el poder. Mientras estemos sujetos al yugo de la Deuda Externa no se podrá hablar de una "revolución" en Venezuela.
Todas las agrupaciones y activistas opuestos al pago de la deuda promoveremos vigorosamente un proceso de organización, educación popular y movilización para: 1) Que Venezuela no siga pagando la Deuda Externa. 2) Que los recursos liberados de la deuda se destinen a la salud, educación, vivienda, empleo y mejora de la calidad de vida en general, bajo control de las organizaciones sociales. 3) Que cualquier nuevo endeudamiento externo sea sometido a consulta popular.
Anunciamos la marcha hacia la construcción de esta articulación de colectivos o bloque de organizaciones y activistas anti-deuda y nos convocamos a un Primer Gran Encuentro Nacional, a realizarse el 26 de agosto en Caracas. Anunciamos, igualmente, nuestra disposición de impulsar acciones cívicas de protesta contra los pagos de cuotas que se vayan haciendo periódicamente.


PLEBISCITO EN BRASIL

Dígale no a la Deuda Externa

Denise Simeão

Existe una situación muy favorable en Brasil para hacer que los trabajadores avancen en su conciencia de la necesidad de luchar contra la deuda externa. En el próximo período, este tema será parte de un amplio debate entre las masas trabajadoras. Organizaciones como el MST, la CUT, la UNE, contando con el apoyo del PT, están organizando una gran actividad en este semestre: el Plebiscito de la Deuda Externa. Del 2 al 7 de setiembre, se instalarán urnas en las escuelas, fábricas, universidades, terminales de ómnibus, para que la población vote sobre tres cuestiones:

o ¿El gobierno brasilero debe mantener el actual acuerdo con el FMI?
o ¿Brasil debe continuar pagando la deuda sin realizar una auditoría, como preveía la Constitución de 1988?
o ¿El gobierno federal y los estaduales y municipales deben continuar usando gran parte de su presupuesto público para pagar la deuda interna a los especuladores?

Esta actividad es parte de la campaña Jubileo 2000, articulada por la Iglesia, que ya tuvo un gran evento en 1988 con la realización del Tribunal de la Deuda, en Río de Janeiro, con la participación de 1.200 personas. En esa ocasión fue realizado un juicio, con exposiciones de economistas, sociólogos y dirigentes del movimiento popular y sindical. Sin embargo, el Plebiscito será más cualitativo, pues habrá un debate más amplio, abarcando sectores de masas.
La deuda externa fue un asunto muy discutido en la década pasada, fundamentalmente a partir de la crisis del 82 en México, teniendo expresión en la campaña de Lula en el 89. Sin embargo el debate siempre estuvo más focalizado en la superestructura sindical y política. En tanto que en el inicio de la década del 90, la cuestión de la deuda estuvo desaparecida de los periódicos, la televisión y los debates políticos. Por un lado, por la política de la burguesía de intentar anestesiar la conciencia de los trabajadores vendiendo las ilusiones del neoliberalismo. Pero la gran responsabilidad fue de la propia dirección del PT, que fue sacando de su agenda el enfrentamiento a la deuda, como se demostró en las elecciones del 94 y 98.
Pero la realidad fue más fuerte. La profundización de la crisis económica, con la crisis del 94, la crisis asiática y la de Rusia, combinada con la crisis social y las crecientes movilizaciones de la clase trabajadora trajeron nuevamente el tema al debate y con más peso. El Plebiscito es una expresión de esto.
Según todo indica, se transformará en un gran hecho político y representará un momento de disputa contra el modelo económico implementado por Fernando Enrique al servicio del FMI.
Desde ya, existen panfletos, carteles, plenarios y comités de organización del Plebiscito. La CST y el MES están siendo parte activa de esta campaña en nuestros lugares de intervención, integrando inclusive coordinaciones estaduales, como en el caso del CPERS/Sindicato de Rio Grande del Sur.

El gobierno de FHC profundizó la dependencia y la sumisión del país

La deuda externa brasilera ya está en 243 mil MD. Como en el conjunto de América Latina, el primer gran ciclo de endeudamiento ocurrió en el período de las sangrientas dictaduras militares.
A inicios de los años 80, el 61% de las exportaciones brasileras estaban al servicio del pago de la deuda. De allí a hoy, los planes de ajuste profundizaron la crisis económica y social. El gobierno de FHC es el responsable del segundo mayor ciclo de endeudamiento del país. Solamente en su primer mandato, se gastaron 192 mil MD con la deuda. Entretanto, ésta pasó de 150 mil MD en el 95 a 243 mil MD este año.
Las recetas del FMI trajeron consecuencias nefastas a la economía brasilera. Los sectores mas dinámicos de nuestra economía son controlados por capitales internacionales. Exportamos principalmente materias primas con bajos valores determinados por el mercado internacional, mientras importamos la tecnología usada en la producción, por la cual pagamos royalties, y otros productos de punta. O sea: la organización de la producción brasilera está totalmente volcada para las ganancias extranjeras.
Además de eso, la especulación se ha vuelto otro gran negocio. Las empresas toman dinero del exterior, donde los intereses son más bajos, y lo represtan al Brasil, que paga intereses mucho más altos. En 1998 era posible conseguir préstamos en los EE.UU. al 6% y pasárselos a Brasil con tasas que variaban entre 20 y 50%.
Actualmente, lo que Brasil debe corresponde a casi la mitad de la riqueza que produce durante un año entero, o a cinco años de exportaciones, o a más de dos años de recaudación de impuestos federales.

Es preciso pagar la deuda social

En un país que tiene 4,8 millones de familias sin tierra, un déficit habitacional de 10 millones de casas, un alto índice de desempleo que llega al 18,9% en el gran San Pablo, y un salario mínimo de 88 dólares, es imperativo discutir el papel que cumple la deuda externa.
El valor de la deuda sería suficiente para asentar a 9 millones de familias o construir 14 millones de casas populares, por ejemplo.
Por eso impulsar esta campaña es fundamental para la conciencia de la clase trabajadora que lucha por tierra, empleo, vivienda, salud y educación. Para que esas movilizaciones estén cada vez más asociadas a un modelo de desarrollo alternativo, que pasa por el no pago de la deuda externa.


JUBILEO 2000

Oscar Manke

En distintos países, las iglesias cristianas, encabezadas por la Católica, junto a ONGs, partidos políticos, sindicatos y organizaciones campesinas impulsan la campaña Jubileo 2000 sobre la deuda externa.
Ya se han reunido más de 4 millones de adhesiones en todo el mundo, exigiendo una salida a este flagelo que hunde en la miseria a miles de millones de trabajadores y sus familias.
El grupo de rock británico U2 también se sumó a la campaña con la consigna "Drop the debt!" (Acaba con la deuda!) junto a grandes estrellas del pop mundial como Peter Gabriel.
En España ha recibido más de un millón de adhesiones, además de un numeroso activismo que toma parte en la campaña. Algo similar o superior se espera suceda en Brasil (ver artículos).

El objetivo de la campaña

Se han efectuado miles de reuniones en más de 80 países en torno a la campaña. Entre ellas se destaca el encuentro en Roma en noviembre de 1998 que le dio inicio. Si bien sus organizadores plantearon que se realizará en cada país "en forma autónoma y con política propia", hay algunos ejes que se repiten:
1. Se denuncia que la deuda externa somete a los países deudores a una brutal dependencia y a la miseria creciente.
2. Se exige la condonación de la deuda pública de los 42 países más pobres.
3. Se exige la renegociación de la deuda en mejores condiciones para los países deudores.
4. Se apela a organismos como la ONU, la Corte de la Haya y el FMI, además de los gobiernos acreedores, para hacer esto posible.
5. Se moviliza a la opinión pública con plebiscitos, envío masivo de postales, recitales, foros y en algunos casos marchas y actos públicos, para conseguir esos objetivos.

La posición de la Iglesia Católica

La campaña es impulsada por el Vaticano como parte del "Año del Jubileo". Con esta campaña la Iglesia Católica intenta mostrarse más "crítica" hacia lo que algunos denominan el "capitalismo salvaje", presentando la falsa opción de que sería posible un capitalismo "más humano".
El objetivo de la Iglesia es influir al movimiento de masas, que se encuentra convulsionado por los problemas de miseria, segregación y otras lacras del capitalismo, y que se ha movilizado con huelgas y marchas contra la deuda y el FMI, para evitar que la situación se siga polarizando hasta un punto tal, que tire por los aires todo el orden impuesto por el imperialismo.
Por esto, junto con "denunciar" la deuda, llama a que los trabajadores pidan a sus gobiernos el apoyo de los organismos imperialistas como las Naciones Unidas o la Corte de la Haya -que son probados instrumentos políticos de los intereses de los acreedores- y llama, además, a que los deudores soliciten un "trato justo" a los acreedores.
Exigir a los acreedores un "trato justo" es una ambigüedad que sólo sirve para confundir a los trabajadores, pues tal trato justo no existe. El imperialismo, por ejemplo, ya condonó la deuda pública de 5 países, pero lo hizo exigiendo medidas más draconianas de entrega de la economía. Además, en el último tiempo la deuda que más ha crecido es la generada por los negocios imperialistas en los países deudores (deuda por inversión directa), no la pública, por lo que la condonación de esa parte de la deuda, en muchos países, no resuelve -sustancialmente- la fuga constante de riqueza al exterior. Si el lector necesita un ejemplo puede observar lo que ha pasado con Ecuador, país al que en 1992 Bélgica le condonó parte de su deuda pública, pero que hoy está hundido por el pago y las reformas estructurales que le exige el imperialismo.

Unidad para movilizar
contra la deuda

Más allá de que su objetivo es evitar la ruptura con el imperialismo y de que es imposible "humanizar" al capitalismo, muchas acciones de la campaña Jubileo 2000 cumplen un rol progresivo, porque denuncian la deuda y movilizan alrededor de esa denuncia. Nosotros, por esto, creemos que hay que participar sin sectarismo de muchas de sus iniciativas, sin embargo no dejamos de señalar sus limitaciones y de repetir que el único camino que les queda a los trabajadores y pueblos acosados por el hambre y la miseria es movilizarse para no pagar, rompiendo con el imperialismo, el FMI y los gobiernos entreguistas.

La deuda
en Europa del Este y la ex URSS

Carmen Carrasco


(COPETE) En Europa del Este y los países de la ex Unión Soviética, la década que pasó significó un salto en su endeudamiento externo y en el saqueo por el imperialismo.
Inexistente en muchos países, la deuda se generalizó, y en los que ya existía,
como en Europa Central, se multiplicó.

(TEXTO) La deuda es la herramienta cen-tral del imperialismo para some-ter a estos países, obligando a los gobiernos del área a aplicar duros planes de restauración capitalista para pagarla, provocando una agravación del empobrecimiento de los trabajadores y los pueblos.
El problema de la deuda viene, como en América Latina, desde los años ochenta, cuando los regímenes totalitarios comunistas de la Unión Soviética y de varios países de Europa Central como Polonia, Hungría y Yugoslavia, empezaron a aplicar planes de apertura económica al imperialismo.
A fines de los años ochenta, Polonia, de la mano de la dictadura del General Jaruzelski, debía 43.300 millones de dólares, que correspondían a un 66% de su PBI. Hungría la seguía, con 21.000 millones de dólares, el 75% de su PNB. Rusia debía 95.300 millones de dólares.
Con la caída de los regímenes totalitarios en el Este de Europa y la de-saparición de la URSS, y la llegada al poder de gobiernos abiertamente restauracionistas, la deuda externa se duplicó en el área, llegando a niveles latinoamericanos.
Esto obedeció a la aparición de grandes déficits en las finanzas estatales como resultado del colapso de la economía planificada. En la mayoría de los países la producción cayó en el orden de un 25 a un 50% en relación con 1990. Las enormes presiones de la población por mantener sus niveles de vida, la necesidad de financiar las importaciones de energía, pues antes la URSS proveía de gas y petróleo a precios subsidiados, llevó a los gobiernos a aumentar su endeudamiento con bancos y organismos internacionales. Éstos, por su parte, prestaron con ligereza, sabiendo que la deuda es un mecanismo excepcional para después exigir, a cambio de ella, la privatización de las empresas públicas y la aplicación de duros planes de austeridad y restauración capitalista.
Hablamos de los países del Este de Europa (Hungría, Checoslovaquia, Rumania, Yugoslavia, Albania, Bulgaria) y de los países de la antigua Unión Soviética (Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Lituania, Letonia, Estonia, Uzbekistán, Turkmenistán, Azer-baiján, Armenia, Georgia, Tadjikistán, Kirguistán, Kazajstán, Moldavia).
De conjunto, éstos deben alrededor de 330.000 millones de dólares, que equivale aproximadamente a un tercio de su producción total, con una población aproximada de 413 millones de personas.

El Este: patio trasero
de la Unión Europea

El problema más grave se concentra en Europa Central. Polonia, la República Checa y Hungría han sido presentados como los milagros económicos de turno y como los candidatos más probables para ingresar a la Unión Europea. Ciertamente, en los últimos años estos países tienen un crecimiento positivo de la economía, aunque sólo Polonia ha logrado superar el nivel de la producción de 1989.
Este crecimiento moderado obedece, por un lado, al aumento de las inversiones imperialistas, que prefieren estos países, con mano de obra barata y de alto nivel educativo, para trasladar sus fábricas, recortando la producción en Alemania o España. Las grandes automotrices trasladan sus fábricas a Hungría, o Polonia, para inundar de autos baratos toda Europa, aumentando el desempleo en sus propios países.
La segunda razón de este crecimiento es el gran endeudamiento. Los tres países más desarrollados de la región, Hungría, Polonia y la República Checa, deben aproximadamente 90.000 millones de dólares, un tercio del Producto Nacional de los tres países.
Tal endeudamiento está muy lejos de ayudarlos a alcanzar a los países más pobres de la Unión Europea. El ingreso per cápita de los tres países más pobres de la Unión Europea (Portugal, Grecia y España) es de 11.900 dólares, dos veces más elevado que la media de Europa Central y Oriental, 4.922 dólares, y para alcanzarlos se necesitará por lo menos una generación.

La ex Unión Soviética

Los países que formaban parte de la URSS empezaron la década sin deuda externa, pues Rusia asumió las obligaciones de la ex Unión Soviética, pero la deuda hizo su aparición. Hoy, los países que conforman la Comunidad de Estados Independientes, deben en conjunto unos 20.000 millones de dólares, sin contar Rusia. Si bien la deuda todavía no constituye una carga de peso sobre sus economías (aproximadamente el 11% de su producción anual), indica una tendencia que continuará agravándose.
Por su parte, Rusia debe actualmente 150.000 millones de dólares, que corresponden a un 50% del PBI. La deuda adquiere un peso cada vez más agobiante, luego de la gran crisis económica de 1996, cuando el dólar pasó de 6 a 28 rublos, como resultado de lo cual, si el PNB medido en dólares en 1997 era de 435.400 millones de dólares y la deuda constituía menos de un 30%, el PNB de 1998 medido en dólares cayó a 308.200, y la deuda constituye el 50% de éste. A ello se suma el peso del servicio de la deuda sobre el presupuesto ruso, que en 1998 equivalía a 15.000 millones de dólares, un 40% del presupuesto estatal de ese año.
La conclusión es que el Este europeo y los países de la ex Unión Soviética se latinoamericanizan cada vez más. En lugar de cumplir su sueño de acercarse al próspero Occidente europeo y de integrarse cada vez más a éste, están convirtiéndose en el patio trasero de la Unión Europea, creando una prosperidad ficticia, al debe, e hipotecando sus riquezas. Cuando les sea imposible pagar las deudas, el imperialismo pasará el rastrillo adueñándose de todas las riquezas de estos pueblos.

El ejemplo de Rusia

Contra los que pronostican las mayores tragedias si no se paga la deuda externa, Rusia dio un ejemplo de cómo una moratoria en su pago le permitió a los trabajadores y al país una recuperación parcial de la economía y de sus ingresos.
En agosto de 1998, el Estado ruso estaba al borde de la bancarrota. Se había constituido una verdadera pirámide financiera formada por los títulos de deuda pública interna y externa. El pago de los intereses, cada vez más altos, absorbían cada vez un mayor porcentaje del presupuesto ruso, mientras que en todo el país los trabajadores llevaban hasta dos años sin cobrar los salarios. Esto había provocado una oleada de huelgas que semiparalizó al país durante los seis meses anteriores, en cuyo centro estaba la huelga minera y el piquete que los mineros instalaron frente a la Casa Blanca en el Puente Gorbaty de Moscú. La situación era insostenible. Puesto contra la pared, el Primer Ministro Seguei Kirienko se vio obligado a optar: o continuar pagando los intereses de la deuda pública interna y externa, tensionando la situación social al máximo, o declarar el "default", devaluando, a su vez, la moneda.
Kirienko optó por lo segundo. Inmediatamente fue destituido. Al salir de su despacho se dirigió a los mineros que acampaban abajo con una botella de vodka y les dijo: "O les pagábamos a ellos, o les pagábamos a ustedes. Tuvimos que elegir".
Esta medida, parcial, limitada, tomada por un gobierno burocrático, tuvo, sin embargo, efectos inmediatos en la economía: la producción industrial subió un 8% el año siguiente, los retrasos salariales se redujeron a la mitad, y los salarios empezaron a recuperarse, llegando, en diciembre de 1999, a superar los niveles de 1995.
Si bien la moratoria no fue una solución definitiva, demuestra cuál es el camino. Por ello, toda la prensa occidental se empeñó en ocultarla.


Qué pasa si no pagamos

José Castillo


Es absolutamente imposible pagar la deuda externa sin retrotraer a la clase obrera y los sectores populares de los países deudores a un estado cercano a la esclavitud y la barbarie. Seguir pagando implicaría la desaparición casi absoluta de los aparatos productivos de estos países, impidiendo cualquier posibilidad de desarrollo futuro.
Hoy los políticos y analistas económicos burgueses ya no pueden negar el rol nefasto de la deuda y los planes de ajuste. Sin embargo, esta aceptación va acompañada de un llamado a la resignación, al "no se puede hacer nada sino seguir pagando", enumerando una serie de supuestas calamidades que le sucederían al país que intentara seguir un camino independiente por la vía del no pago.


"Nos van a declarar
un bloqueo comercial"

Siempre tendremos a quien venderle nuestros productos. La Rusia soviética en la salida de la guerra civil pudo hacerlo, Cuba lo hizo y lo hace. Las contradicciones de los capitalistas y su afán de posicionarse mejor en los mercados mundiales abren infinitas posibilidades de romper un eventual bloqueo ¿Resulta tan difícil hacer lo que hacen tantos países, e incluso empresas transnacionales, que triangulan el comercio a través de terceros, o venden cambiando etiquetas de nacionalidad?
Por otra parte los países deudores en su conjunto conforman un conglomerado capaz de resistir cualquier bloqueo con los recursos que posee. Pensemos en el uso conjunto de los cereales y la carne argentina y uruguaya, los minerales chilenos y bolivianos, el petróleo venezolano, ecuatoriano y mexicano, la industria brasilera, los recursos tropicales de Centroamérica, etc.
El no pago liberaría fondos que podrían ser utilizados para la compra de productos al contado. Se encontrarían incluso empresas transnacionales o países que no se perderían la oportunidad de vender y cobrar en el acto. Así Inglaterra y EE.UU. en su momento le vendieron armas a Sadam Hussein, y muchos países europeos e incluso empresas capitalistas americanas comercian con Cuba pese al bloqueo.

"Se van a ir los capitales"

¿Qué capitales? ¿Los que entraron a los países a comprar por monedas las empresas públicas? ¿Cuánto dinero pusieron para mejorar la calidad de los servicios o aumentar el empleo?
La inmensa mayoría de los capitales que se dirigen a los países endeudados van a los circuitos de especulación financiera y bursátil. Son capitales "golondrina", que vienen a aprovecharse de las superganancias y que luego se retiran velozmente provocando las crisis más agudas. Más aún, un país con "mala conducta", con antecedentes de moratorias, muchas veces es más "atractivo" que otro que se ha sometido prolijamente a todos los dictados del FMI, como la Argentina: simplemente el que ofrece "mejores rendimientos" es el mayor receptor.
Y a la vez, como quedó demostrado en el 94 con el efecto Tequila, en el 97 con la crisis asiática o en el 98 con la rusa, ninguna política de sometimiento incondicional garantiza que los capitales no se vayan cuando ya han hecho su diferencia y aparece la fase aguda de la crisis.
Por cierto, el no pago de la deuda puede implicar intentos de fuga en masa de capitales, generando desestabilización monetaria, peligros de devaluaciones o inflación. Por eso decimos que el no pago es la primera e imprescindible de una serie de medidas, como por ejemplo la nacionalización de la banca y el comercio exterior para evitar esos efectos.

"Nos van a embargar los bienes
en el exterior"

Después de la ola de privatiza-ciones que regaló la inmensa mayoría de las empresas públicas: ¿qué nos van a embargar? ¿Las embajadas? ¿Las reservas de los bancos centrales depositadas en Washington? Por pagar, ya nos embargaron y expropiaron todo.
Por otra parte, si ello se diera en los pocos casos de empresas públicas importantes de los países deudores en manos del Estado (como por ej. Pedevesa o Pemex) siempre nos quedaría la opción de embargar o expropiar a la vez a los bienes o empresas de los acreedores que están afincados en los países deudores. Ellos tienen mucho más para perder.

"El pago de la deuda ha sido una constante de los países exitosos"

Falso. Todas las grandes potencias crecieron y se desarrollaron a costa de repudiar su deuda externa en varias ocasiones.
Estados Unidos declaró dos veces la moratoria de sus deudas con Inglaterra. Alemania dejó la pagar la deuda impuesta por los vencedores de la Primera Guerra Mundial en 1923. En 1933 Inglaterra, Francia e Italia dejaron de pagarle a Estados Unidos. En 1971, al decretar Nixon la inconverti-bilidad del dólar, desconoció de hecho compromisos de pago por 50.000 millones de dólares. En 1947 Inglaterra decidió unilateralmente no pagarle una deuda de 150 millones de libras esterlinas a la Argentina creadas por el comercio durante la Segunda Guerra.
En el caso de la Unión Soviética, en 1905 el Soviet de San Petesburgo adoptó la resolución de no pagar la deuda externa zarista. Apoyado en esta resolución, el gobierno revolucionario en 1919 suspendió el pago de aproximadamente 19.000 millones de dólares.
Cuba, en 1959, desconoció la deuda contraída por Batista como una de las primeras medidas luego del triunfo de la Revolución.

"El no pago desencadenaría una crisis económica internacional"

Es cierto; el no pago haría temblar a la gran banca mundial, a las bolsas y a los especuladores. Se produciría probablemente una grave crisis internacional. Pero, por una vez, en beneficio de los países deudores. A los acreedores no les quedarían más que dos caminos: la quiebra o aceptar las condiciones.


(RECUADRO)
Frente de países deudores

Romper con el FMI y dejar de pagar la deuda no es un camino fácil. Es una dura lucha política de carácter antiimperialista, que en muchos casos pondrá a prueba los límites de la propiedad burguesa. Implica privaciones y sacrificios. Pero privaciones y sacrificios venimos haciendo desde hace casi 20 años para pagar, enriquecer a los especuladores, permitir los negociados y la descapitalización de los Estados. Nada puede ser peor.
Obviamente romper con esto es una pelea que no la puede dar un país aislado. Por eso proponemos la unidad en un frente por el no pago. Sabemos también que, producto de la crisis, sectores burgueses se verán, contra su voluntad, ante la realidad de la moratoria. Llamamos entonces a construir el Frente de Deudores desde la movilización de la clase trabajadora, en un gran movimiento que rodee de solidaridad a aquel que enfrente la situación del no pago, apuntando también a que sólo con la movilización y la perspectiva de un gobierno de los trabajadores el no pago puede transformarse en una política independiente consecuente.

(EPIGRAFES)
(1) 1989 , uno de los cacerolazos en Latinoamérica.
(2) Quito (Ecuador), enero de 2000.
(3) Argentina: juicio a la deuda.
(4) Fuente: Informe Banco Mundial
(5) 1999: una de las Marchas Europeas contra el desempleo.
(6) Movilización 26/8 Brasilia (Brasil)
(7) Papa Juan Pablo II


Perú

Más de 200.000 gargantas al unísono coreaban el 27 de julio este estribillo, que se ha convertido en el grito de combate del pueblo peruano por echar a Fujimori del poder.

La marcha de los Cuatro Suyos

"¡Y va a caer, y va a caer,
la dictadura va a caer!"

TITO PRADO

Así, el mitin convocado por Alejandro Toledo, en el marco de la llamada Marcha de los Cuatro Suyos, se constituyó en la mayor manifestación de protesta habida en las últimas décadas en Perú. Y en la más grande repulsa que ha recibido el gobierno de Fujimori desde 1990.
Todas las maniobras usadas por el régimen para evitar que el descontento popular se expresara con ocasión de su tercera e ilegal asunción como presidente, fueron inútiles. Decenas de miles de trabajadores, maestros, campesinos, mujeres y jóvenes, vinieron a Lima superando las trabas y obstáculos puestos por la policía en las rutas de acceso a la capital. Grandes contingentes se intalaron en parques y plazas durante los tres días que duró la protesta.
Su impacto llegó a trastocar significativamente los eventos oficiales conmemorativos del día de la independencia, el 28 de julio. Sólo dos presidentes latinoamericanos acompañaron la asunción del mando presidencial. Fujimori, acosado por la ira popular, juramentó ante sí mismo en la sede del Congreso de la República, sin esperar que la presidenta del legislativo le tomara el juramento de rigor. Señal ine-quívoca de que pretende afirmarse por encima del primer poder del Estado, según su propia Constitución, amañada a su medida. Luego, la tradicional parada militar del 29, que suele hacerse en olor de multitud, esta vez se realizó a puerta cerrada en la sede del comando conjunto de las FF.AA.
El gobierno ha sentido el golpe. La marcha ha sido un triunfo político que si bien no alcanzó a evitar que Fujimori juramentara por tercera vez -algo previsible por cierto- ha dejado muy debilitado al régimen. Fue un hecho que conmovió al país y alcanzó trascendencia internacional. Provoca un cambio en la situación, ya que abrió en concreto la lucha por la caída del régimen. Hay una nueva relación de fuerzas en la que la lucha por terminar con la dictadura se ha colocado como la tarea central, ya que sin alcanzar esta conquista democrática no hay posibilidad de resolver ninguna otra. Es una tarea para todo un período que se puede cerrar bien por una derrota de las masas -algo difícil por la dimensión del ascenso-, un triunfo de la movilización, o una salida negociada para la reforma como sucedió en México. Ciertamente que el imperialismo y la burguesía opositora quieren forzar a Fujimori para lograr una reforma, pero las masas, por el contrario, quieren voltearlo con la movilización y han abierto esta posibilidad.
Debemos sacar conclusiones de todo esto, y fundamentalmente, ver cómo seguimos la pelea en una conyuntura nueva, donde el gobierno intenta pasar a la ofensiva responsa-bilizando a los organizadores y manifestantes de los incendios y muertes ocurridas durante las movilizaciones del 28 de julio. Es una campaña muy fuerte que de momento aleja toda posibilidad de salida negociada entre el gobierno y la oposición burguesa. En buena cuenta eso significa que la política de la OEA está fracasando, que la crisis política no se ha cerrado y que la dinámica es a nuevas y mayores confrontaciones.

La crisis económica,
el telón de fondo

Hace un par de años, el 19 de julio del 98 para ser precisos, una manifestación obrera logra penetrar en las instalaciones exteriores de la casa de gobierno, en lo que constituyó una primera clarinada de que algo estaba cambiando en el país. No era para menos: después de esperar y esperar la luz al final del túnel, la patética realidad de un país saqueado por las transna-cionales, con un millón de nuevos desocupados y los salarios más bajos del continente, donde la vertiginosa prosperidad económica de los funcionarios del estado, de los banqueros y exportadores peruanos, contrasta con el aumento de la miseria en el extremo opuesto, era de esperarse que la paciencia se agotase algún día.
La crisis económica y el fracaso del modelo neoliberal socavan la credibilidad del gobierno y se convierten en fuente de un creciente descontento social. Ocho años después de que el movimiento de masas sufriera el mayor embate contra sus conquistas y derechos, volvieron las calles a ser ocupadas por sectores en lucha. Entre ellos la CGTP, la central obrera más importante; los Frente Regionales; SUTEP, el gremio de maestros; construcción civil, salud, municipales, estudiantes, etc.
Miles de empresas quiebran ante la desmedida competencia de productos importados y el acoso de la SUNAT, el organismo recolector de impuestos; como resultado de ello, un sector de la burguesía se va pasando a la oposición al régimen, y exige cambios en el rumbo económico. El agro por su parte acumula una crisis de proporciones inéditas ante la falta de incentivos del estado, la libre importación de alimentos, y la liquidación de la reforma agraria del velazquismo, lo que coloca a los campesinos ante el riesgo de perder sus tierras por los onerosos créditos de la banca privada. Las clases medias, sostén del gobierno en sus primeros años, van pasando poco a poco a la oposición en la medida que ven reducirse implacablemente sus condiciones de vida, mientras sus derechos civiles se van cercenando cada vez más, al punto que ni siquiera pueden contar con una información veráz y objetiva en la prensa del régimen.
Lo más dinámico del proceso: la juventud universitaria, que pasó a ejercer su protesta casi ininterrumpidamente, desde que el gobierno destituye a los miembros del Tribunal de Garantías Constitucionales que declaran ilegal e inconstitucional la llamada "Ley de interpretación auténtica" con la cual el Congreso busca legitimar el propósito del gobierno de perennizarse en el poder.
El intento de forzar un tercera reelección es el detonante de una nueva situación, en la que un gran sector de la clase media y la burguesía pasan a oponerse a Fujimori. Desde entonces las banderas democráticas se convierten cada vez más en el eje de la protesta antigubernamental. El telón de fondo, naturalmente, es la crisis económica con sus espeluznantes secuelas de recesión, desempleo y salarios miserables, lo que lleva a un resurgimiento de las luchas.
Sólo un sector plebeyo y marginal, adormecido por el asistencialismo estatal y despolitizado por los medios adictos al oficialismo, ofrece amparo social al régimen. En un país como Perú, con 14 millones de pobres, 6 millones de ellos por debajo de la línea de pobreza extrema, este sostén social no es desdeñable. Ello anima al gobierno a persistir en sus planes continuistas.

La crisis política

El fraude escandaloso en la primera vuelta electoral, el 9 de abril del presente año, provoca el desborde popular, y la protesta multitudinaria ocupa las plazas y calles del país, obligando al gobierno a conceder una segunda vuelta entre los dos primeros candidatos. La crisis política se instala con fuerza desde entonces. Las masas ocupan en adelante un lugar protagónico en el desenvolvimiento de la crisis, a la par que la fractura en la burguesía se manifiesta en el vuelco de un sector muy importante a favor de un cambio del régimen. Alejandro Toledo, un ex funcionario del Banco Mundial, cuyo programa electoral no se diferencia sustancialmente del modelo neoliberal fujimorista, es llevado por esta combinación de factores a ser depositario del voto popular y a convertirse en instrumento de la movilización antidictatorial. La maquinaria del fraude le obliga a radicalizarse y a ponerse al frente de la lucha democrática. Un segundo fraude en curso para la segunda vuelta del 28 de mayo, lleva a Toledo a abtenerse de postular en esas condiciones, con lo cual la crisis política pega un nuevo salto. El imperialismo toma partido en demanda de elecciones mínimamente creíbles a fin de evitar una mayor inestabilidad en el área, tomando en cuenta las convulsiones sociales que sacuden a Ecuador, Colombia y Venezuela.
Fujimori, desoyendo a la Misión de Observadores de la OEA, y a la presión nacional e internacional, se niega a introducir cambios de fondo en el proceso electoral y se opone a posponer diez días la fecha de las elecciones impidiendo así que el sistema de cómputo pueda ser fiscalizado. En el camino quedan sin resolverse las evidencias de fraude en la inscripción de la alianza oficialista Perú 2000, el robo informático en el conteo de los votos para presidente y congresistas, con el que Fujimori evitó un triunfo de Toledo en primera vuelta y se hizo de un número mayor de parlamentarios del que le correspondía.
Consumado el fraude en la segunda vuelta, el descontento y la revuelta popular crecen. Esto se manifiesta en paros regionales y gremiales que partiendo de reivindicaciones propias colocan la exigencia de nueva elecciones, sin Fujimori candidato, en el centro de las demandas. Una vez más, la juventud en primera fila. Casi a diario se producen manifestaciones y actos de repudio de los estudiantes universitarios en las plazas y ante las instituciones del estado cómplices del fraude. La creatividad aflora por doquier en las pintas, los afiches, las consignas, los cánticos. La unidad de acción antidictatorial es impuesta por la voluntad de las masas que obliga a casi todas las fuerzas de oposición al régimen a cerrar filas; primero alrededor de la candidatura de Toledo, luego ante su renuncia a convalidar con su presencia la segunda vuelta, y posteriormente con su convocatoria a la Marcha de los Cuatro Suyos.
Surgen "comités unitarios por la democracia" en muchas provincias y ciudades del interior donde el proceso de lucha es más avanzado. Participan casi todas las organizaciones gremiales, regionales, populares, estudiantiles y los partidos políticos de oposición incluyendo a Perú Posible, el movimiento de Toledo, así como sectores de izquierda. Este proceso de coordinación por abajo deja planteada la necesidad de un Comado Unitario que centralice a escala nacional la lucha antidictatorial en el terreno de la unidad de acción. Se dan algunas iniciativas en esta dirección, pero no llegan a cuajar por el temor fundado de Perú Posible de ser rebasado por la izquierda.

La marcha

Es en este contexto que Toledo convoca la Marcha de los Cuatro Suyos con acciones en Lima los días 26, 27 y 28 de julio, con el objetivo inicial de impedir la juramentación de Fujimori. Luego varían esa posición en favor de un acto de protesta que presione al gobierno para acordar una transición pactada en el marco de las resoluciones de la OEA, pero sin abandonar el planteo de nuevas elecciones.
En las dos semanas previas se van dando los preparativos concretos de la marcha, que incluye una jornada de paro y movilización el 19 de julio convocada por diversos gremios laborales. En todo el país se realizan actividades tendientes a garantizar el traslado de los manifestantes. Los días previos, desde los más diversos lugares y valiéndose de todo medio de transporte, van partiendo las caravanas a Lima. Fue un movimiento extraordinario que confluía en un propósito común: acabar con Fujimori, o por lo menos dejarlo muy golpeado. La prensa adicta al régimen intentó ocultar lo que venía sucediendo, pero las noticias se colaban en los medios de oposición y de hecho el país se mantuvo expectante de esta singular protesta. Contrarrestando la campaña de amedrantamiento del gobierno, los marchantes fueron arribando a la capital. Muchos quedaron en el camino; otros, los que no llegaron a viajar, preparan acciones en sus respectivas ciudades. Se concreta un paro regional en el Cusco y movilizaciones con mitines en Arequipa, Iquitos, Chimbote.
El 26 un par de concentraciones preanuncian lo que vendría luego. Una congregó a los gremios y estudiantes y tuvo como destino el frontis de la casa de gobierno congregando a 15.000 personas. Otra aglutinó a mujeres, sectores medios, y campesinos de la CCP, a quienes se sumarían más tarde estudiantes del primer contingente, llegando a contar también con otras 15.000 personas.
El 27, en el Paseo de los Héroes, una gigantesca plaza rectangular ubicada entre el Palacio de Justicia y el Hotel Sheraton, dio cabida a un desfile de las delegaciones venidas de los cuatro suyos del país y a una gigantesca concentración de masas que no cesaba de lanzar consignas contra la dictadura. Era un incesante ir y venir de delegaciones, de banderolas y grupos de teatro que animan a los concurrentes con sátiras al poder. Fue una manifestación eminentemente popular con participación de sectores burgueses alineados contra el régimen. El canal N del diario El Comercio, La República, Liberación y la revista Caretas, no solo cubrían con gran despliegue la marcha sino que pasaron objetivamente a ser sus más animosos impulsores.
El movimiento obrero, si bien estuvo presente con numerosas delegaciones, no mostró la fuerza de antaño porque se encuentra sumamente debilitado y reducido, como producto de la ofensiva antiobrera de todos estos años. Sin embargo su peso social y político sigue siendo importante; de ahí que varios de sus principales dirigentes hablaron esa noche, además de Toledo. El mitin es la demostración fehaciente de que Fujimori ha perdido definitivamente el apoyo social del que gozaba en años precedentes. Cuenta ciertamente, con un sector todavía permisible y pasivo ante sus planes, pero la brecha tenderá a abrirse más como consecuencia de la crisis económica sin salida que corroe la estabilidad del régimen.
Al día siguiente, el viernes 28, un contingente de 40.000 manifestantes, sin más armas que la razón y sus banderas al vuelo, se aprestaron desde tempranas horas para ir hasta el Congreso a expresar su indignación ante la juramentación de Fujimori. La policía antimotines no les dejó llegar. A lo largo de varias horas se sucedieron enfrentamientos en distintos puntos del centro de Lima, que saldaban con heridos y detenidos por la brutalidad policial. Finalmente una concentración en la plaza San Martín, bastante lejos de los objetivos de la marcha, en la que hizo uso de la palabra Alejandro Toledo, fue gaseada y dispersada por la policía. Toledo anunció allí la posibilidad de convocar un paro nacional agrario; el día anterior, en el mitin, la CGTP también lo había anunciado. Lo que siguió fue un incesante choque de la policía con piquetes de manifestantes, en su gran mayoría jóvenes. Se produjeron algunos incendios en instalaciones oficiales como el Jurado Nacional de Elecciones, el Palacio de Justicia y la sede del Banco de la Nación, que ocasionaron 6 muertos entre los vigilantes que la custodiaban. Estas acciones, según todos los indicios, son atribuibles a los servicios de inteligencia empeñados en desacreditar la protesta.

La unidad de acción, una palanca de la movilización

Siendo la lucha contra la dictadura una tarea democrática que compromete a muy diversos sectores sociales y políticos, la unidad de acción en el terreno de la movilización pasa a ser algo imprescindible para alcanzar la victoria. Es la forma de pegar juntos contra el enemigo común y en esa lucha nos distinguimos por ser los más consecuentes, por eso alentamos y propugnamos la organización propia de los trabajadores y su alianza con los sectores populares para acaudillar el proceso. En la tarea de tirar la dictadura hacemos unidad, nunca orgánica o programática porque hay proyectos diferentes y eso debemos dejarlo bien claro. Pero no podemos hacer centro en discutir las diferentes salidas programáticas sino en presentarnos en el propio terreno de la lucha democrátcia como los más consecuentes y los que defendemos en ellas los reclamos inmediatos de los sectores populares.
Esto es así porque para avanzar en nuestra propia salida obrera socialista, el primer paso pasa por tirar la dictadura. Es la primera traba que hay que vencer y por eso la unidad de acción en la movilización e iniciativas antidictatoriales, para que la clase obrera dispute la dirección de esa lucha.
Toledo en su discurso del 27 fustigó muy duro al régimen y planteó la necesidad de levantar un Frente Nacional por la Democracia, en un intento de dar cierta perspectiva a la movilización. Este llamamiento válido para la acción común, puede sin embargo llegar a ser la base de un proyecto de unidad nacional que no compartimos. Sectores de la izquierda como la dirección de la CGTP se han manifestado a favor de una salida de corte frentepopulista que también rechazamos. Hay aquí una discusión en curso respecto de los alcances que debe tener la unidad de acción, necesaria para acabar con la dictadura, pero que no debe ser utilizada como palanca para una salida que comprometa al movimiento obrero y de masas con un nuevo proyecto burgués.
Para salir al paso a este peligro, demandamos en primer lugar a las direcciones sindicales la realización de un Encuentro Nacional Obrero y Popular, el mismo que está en la agenda de la CGTP pero que ha sido postergado en numerosas oportunidades por la cúpula sindical, la última vez el 1º de julio, después de que se había anunciado a los cuatro vientos. Denunciamos que también se perdió una brillante ocasión los días de la marcha en donde se presentaron las mejores condiciones para realizar tal evento, dado que los principales dirigentes obreros y populares del país se encontraban en Lima, y además porque hubiera permitido que la clase obrera se potenciara discutiendo la salida a la crisis y las alternativas políticas y de lucha que se requieren.

La coyuntura post marcha

El gobierno intenta retomar la ofensiva perdida y pasa a una furibunda campaña tendiente a descalificar la marcha y sancionar a los organizadores. Una congresista del oficialismo ya presentó denuncia penal contra Toledo y algunos líderes de la oposición. Se ha abierto proceso a 155 manifestantes que fueron presos durante la represión, 43 todavía se encuentran desaparecidos, 180 han sido heridos, uno de ellos, Aldo Gil Crisóstomo, ingeniero mecánico, simpatizante del PST, ha perdido un ojo por el impacto de una bomba lacrimógena disparada al cuerpo con premeditación y alevosía por la policía. Un corresponsal de prensa extranjera ha sufrido igual daño aunque probablemente conserve la visión.
Toda la política del oficialismo, empezando por el propio Fujimori, va en la línea de amedrentar a la población con la prédica de que la violencia viene de la oposición y de que la protesta va contra el país. La mentira y el cinismo parecen no tener límites. Puede que esta campaña se proponga además hacer pagar la factura a la oposición, buscando con ello desmovilizar la protesta. Y puede incluso que rinda sus frutos en lo inmediato. Algunos sectores burgueses, por ejemplo, han empezado a distanciarse de Toledo y se muestran más dispuestos a colaborar con el régimen en la búsqueda de un diálogo que a éste ya no parece interesarle.
La crisis política, lejos de cerrar, se agrava. Fujimori ha perdido legitimidad porque se sustenta en el fraude y el uso de la fuerza. El Congreso carece de representatividad ante los ojos del país porque la minoría oficialista se ha dado maña para comprar conciencias y fraguar una mayoría espuria. Los tránsfugas son un nuevo condimento de la política nacional. Electos en la tiendas de oposición, no han demorado mucho en pasarse a las filas del oficialismo que les da cobijo y protección ante la justicia. Varios de ellos están acusados de malversación de fondos públicos, delitos diversos, o arrastran problemas económicos.
Ante esta situación, la OEA sigue sosteniendo la necesidad de una salida negociada a la crisis política; pero en el nuevo escenario posterior a la marcha nada parece indicar que el gobierno tenga la misma pretensión. Todo lo contrario, lo que deja a Toledo sin margen para negociar ya que si entra en estas condiciones puede perder todo el capital social que lo sustenta.
El nuevo gabinete presidido por Federico Salas, ex candidato a presidente en las filas de la oposición, tiene como ministro de Economía a Carlos Boloña, flamante adalid de las políticas neoliberales y ex ministro fuji-morista de la primera hora en la misma cartera. Esto quiere decir que la prioridad seguirá siendo el pago de la deuda externa, las privatizaciones y la reforma del estado, en el sentido que interesa al régimen. Es posible prever que en la nueva coyuntura post marcha no sólo contará la lucha democrática sino también las luchas reivindicativas del pueblo, que pasarán a ser un componente importante de la protesta política antigubernamental. Por lo pronto varios sectores, como el campesinado y los maestros, anuncian nuevas paralizacioness nacionales. También los Frentes Regionales alistan reuniones para discutir cómo seguirla.

Se necesitan nuevas
medidas de lucha

La tarea de echar a la dictadura no ha concluido; el odio al régimen se ha acrecentado. Puede haber un bajón en lo inmediato como reacción ante la arremetida del gobierno y la falta de conducción de Perú Posible. Pero el proceso de lucha democrática que ha empezado es irreversible. Un sector todavía importante de la burguesía peruana está jugada a terminar lo más pronto con Fujimori. Estas contradicciones que se manifiestan también en el plano internacional, tendrán su reflejo, más temprano que tarde, en el seno de la Iglesia y quizá en el de las FF.AA.
Por tanto es necesario darle continuidad a la marcha con nuevas acciones y un plan de lucha que contemple la preparación del Paro Nacional. Tenemos que paralizar el país, golpear donde más le pueda doler al régimen. Y hay que tener una política para los sectores más deprimidos apoyando sus demandas, así como hacia la base de las FF.AA. planteando la necesidad de que tengan derechos políticos y sindicales, llamándoles a no tirar contra el pueblo.
Al mismo tiempo resulta necesario emplazar a la dirección de la CGTP y las direcciones sindicales para concretar un Encuentro Nacional de las centrales y gremios sindicales, los frentes regionales, la juventud, el campesinado, los sectores populares, y las fuerzas políticas que se reclaman del movimiento obrero, para discutir cómo encaramos la pelea contra la dictadura, con qué medidas, y con qué política de alianzas. También para empezar a discutir un programa económico de emergencia alternativo al modelo neoliberal.
Tenemos que reafirmar las consignas democráticas que el pueblo ha hecho suyas. ¡Abajo la dictatura! ¡Nuevas Elecciones! Estas son las consignas movilizadoras que hacen posible la más amplia unidad de acción antidictaorial. Pero en la coyuntura tenemos que arrancar fuerte contra la represión del régimen a los manifestantes y la oposición: ¡Libertad a los manifestantes detenidos! ¡No a las represalias judiciales! ¡Aparición de los desaparecidos! ¡Solidaridad con Aldo Gil y los heridos! Hay que contrarrestar la infame campaña oficialista señalando que la culpa de la violencia es del gobierno ilegítimo y fraudulento. Ligado a ellas, un conjunto de demandas democráticas como destitución de Montesinos, juicio y cárcel para los asesinos y corruptos del régimen, restitución de los miembros del Tribunal de Garantías, libertad de prensa y devolución de los medios secuestrados por el régimen, cese de la comisiones interventoras en las universidades, etc.
Asimismo, debemos desplegar las más audaces iniciativas en apoyo a las luchas gremiales y en favor del desarrollo y extensión de los comités unitarios o coordinadoras antidictadura, a todo nivel, local, gremial y nacional, de tal manera que la unidad de acción pueda potenciarse y encontrar instancias de centralización. La inmensa actividad desplegada durante la Marcha de los Cuatro Suyos debe servir de punto de apoyo para nuevas y mayores jornadas de lucha, hasta acabar con la dictadura y abrir un nuevo capitulo que nos permita enfrentar en mejores condiciones los planes del FMI.

(EPIGRAFE)

1. Lima, abril de 2000.

(RECUADROS)

El régimen

En el 90, Fujimori derrota electoral-mente al célebre escritor Mario Vargas Llosa, quien al frente de una coalición de fuerzas de la derecha peruana, había postulado la necesidad de un severo ajuste económico. El "chinito" de aquel entonces levantó, en su campaña electoral, una política seudo populista que le valió para capitalizar el descontento de las masas con los viejos partidos burgueses y llenar el vacío dejado por la izquierda parlamentarista que se había desgastado por su capitulación al gobierno aprista, responsable de la mayor hiperinflación de la historia.
Pronto, quedó evidente su sometimiento a las políticas dictadas por el FMI. De ahí que, al poco de asumir su mandato, hizo todo lo contrario de lo que ofreciera en la campaña electoral. Con apoyo de sectores de la izquierda, que llegaron a integrar su primer gabinete, decretó un brutal paquete de medidas económicas que se conocieron como el "Fujishock", a partir de lo cual buscó estabilizar la economía a costa del pueblo trabajador y de las necesidades del país.
Con el autogolpe del 92, el gobierno peruano deviene en un régimen bonapartista, antidemocrático, al servicio de los planes del FMI. Se sustenta en el apoyo que le brinda la cúpula militar, el FMI, las transnacionales, y sectores importantes de la burguesía nacional, así como amplios sectores populares que ven en la guerrilla, los apagones, y los coches bomba, el problema más grave del Perú. En ese sentido, la guerrilla fue un factor fundamental para que un sector de las masas vaya a la derecha, permitiendo a Fujimori ganar apoyo a su régimen. Le ayudó a justificarse ante las masas, junto a la corrupción reinante, la crisis de los partidos políticos, y las ilusiones sembradas en la política neoliberal que ofrecía un aluvión de inversiones, como fuente de nuevos empleos y una mejora en el nivel de vida de la población.
Desde entonces Fujimori ha buscado afirmarse como garante del combate a la guerrilla y la estabilidad económica. Luego del autogolpe del 92 pasó a desmontar la Constitución del 79 y toda legislación que rep