Revista del CEI de la UIT-CI


Presentación
El martes 11 de setiembre, cuando la revista estaba en imprenta, se produjeron los impactantes sucesos de New York y Washington que conmovieron al mundo.
Lógicamente hubo que parar la impresión y producir, al calor de los acontecimientos, cambios en nuestra edición. Pero decidimos mantener la estructura original, incorporando un suplemento especial con nuestro análisis y postura frente al ataque que sufrió los EE.UU., porque lo escrito mantenía su total vigencia y ayudaba a encontrar una explicación a lo sucedido.

Las inéditas y asombrosas imágenes que superan a la ficción, de los aviones incrustándose en las Torres Gemelas, del Pentagono en llamas o la nube de polvo sobre New York quedarán marcadas en millones, por décadas. Quedará en la historia como el día que el imperialismo yanqui fue vulnerado por primera vez, no solo en su territorio continental sino en el centro mismo de su poder financiero y militar. Decimos claramente que no compartimos ese tipo de acciones y que lamentamos la pérdida de miles de vidas inocentes. Pero también aseguramos que los responsables más importantes de estos atentados son la política genocida y explotadora del imperialismo y sus aliados. Estamos, incondicionalmente, junto a los pueblos oprimidos del mundo.
Lo sucedido solo se explica en el marco de un mundo convulsionado por el hambre y la miseria que produce la globalización capitalista. En el marco de una radicalización del enfrentamiento de las masas con el imperialismo y sus gobiernos aliados de todo el mundo. En el marco de una profundización del conflicto palestino-israelí. Y justamente esos son los temas centrales de la revista, ya elaborados cuando se producían los sucesos de los EE.UU. Por eso se reafirma su vigencia.
En este número dedicamos muchas páginas a la globalización y la crisis de la economía mundial capitalista que, según la revista inglesa The Economist, ya está en recesión mundial y cuyo epicentro serían las economías de los EE.UU., Japón y Alemania. Crisis que ha llevado a que un tercio de la fuerza laboral mundial (mil millones de personas) estén desempleados; a que millones se mueran de hambre mientras crece el armamentismo imperialista y el gobierno de Bush se niega a firmar tratados elementales de derechos humanos en el mundo.
Pero los trabajadores y los pueblos del mundo no se quedan de brazos cruzados y resisten, generando nuevas huelgas generales y movilizaciones. En Génova, cerca de 200 mil personas repudiaron la Cumbre del G8, encabezada por Bush. El pueblo palestino no cede y sostiene la heroica Nueva Intifada que cumple un año el 28 de setiembre. Argentina está cruzada por una grave crisis económica, política y social. Surge un nuevo organismo de lucha como la Asamblea Piquetera y se produce un avance político a izquierda de una amplia franja de masas que se expresó en el logro de 9 diputados constituyentes de Izquierda Unida, en Córdoba. Crece el movimiento antiglobalización nacido en Seattle. En este número dedicamos muchas páginas a todos estos procesos.
El imperialismo y sus aliados de la OTAN, van a utilizar lo sucedido para lanzar nuevas agresiones políticas, económicas y militares. Su dedo criminal apunta en primer lugar hacia Afganistán. La UIT-CI repudia toda agresión y llama a la más amplia unidad de acción a las organizaciones políticas, sindicales, sociales, estudiantiles, de derechos humanos, del movimiento antiglobalización, para movilizarnos contra cualquier agresión imperialista y para seguir apoyando al pueblo palestino y a todos los pueblos en lucha por su liberación.

Economia


Crisis Económica Mundial


La globalización y la crisis económica mundial

Miguel Sorans


Obreros despedidos de la automotriz Daewoo, de Corea del Sur enfrentan la represión.

La economía mundial capitalista vive una profunda crisis. Se cae la teoría de la «globalización» como una nueva etapa de desarrollo económico y de progreso de la humanidad. Hay una depresión en las principales economías del mundo. Crece la ola de despidos. Un tercio de la fuerza laboral mundial está desempleada. Avanza la miseria y el hambre de millones. Una rebelión de masas enfrenta a la globalización capitalista.
Desde los años 90 los voceros del imperialismo y las multinacionales viene hablando de la «globalización mundial» como de una nueva etapa del capitalismo. Como un progreso de la humanidad, de nuevo desarrollo y avances del capitalismo. Nueva etapa que estaría basada por el surgimiento de nuevas ramas de la economía (informática, telecomunicaciones en general, biogenética), a partir de la unificación de los resultados de una revolución científico-técnica con nuevas formas del trabajo (toyotismo, calidad total, fábrica flexible, etc). Tanto los capitalistas como ciertas direcciones reformistas, hablan de la «globalización» como de algo «natural», contra lo que no se puede ir. «Es como querer cuestionar el amanecer o la lluvia», dicen.


La globalización = capitalismo decadente

Es indudable que se han producido cambios tecnológicos. En las últimas décadas, por ejemplo, hubo avances espectaculares en el procesamiento electrónico de información y en telecomunicaciones (computación, internet, etc), en la robótica o en la biogenética. Pero no significaron un cambio cualitativo de la producción ni han cambiado el proceso de destrucción de las fuerzas productivas, característico del capitalismo en decadencia. Para los marxistas las fuerzas productivas tienen tres componentes: el hombre, la técnica y la naturaleza. Y la principal fuerza productiva es el hombre: la clase trabajadora y los campesinos. Por eso el avance de la técnica no es desarrollo si no permite el progreso del hombre y de la naturaleza. Y hoy la humanidad vive una de las crisis más graves de su historia. Millones de trabajadores y sectores populares padecen hambre y viven en la marginalidad (1.200 millones viven con menos de un dólar diario, según informe del Banco Mundial); siguen las guerras; crece la mortalidad infantil; la destrucción de la naturaleza (Amazonas, capa de ozono); la aplicación irracional de la tecnología produce males como el de la «vaca loca» y vuelve la aftosa (solo Gran Bretaña sacrificó 450.000 animales este año). En el comienzo del siglo XXI sigue predominando la destrucción del hombre y la naturaleza.
Por eso la llamada globalización no es una etapa ni una subetapa de progreso capitalista. Ni se ha abierto un período de posibilidad de que el capitalismo y sus gobiernos otorguen concesiones a las masas. Por el contrario, con la llamada "globalización" lo que avanza es la miseria, el hambre y el ataque a las viejas conquistas del movimiento obrero. Nunca como ahora ha crecido la diferencia entre ricos y pobres. De ese ataque despiadado ya no se salvan ni los trabajadores de los países imperialistas, como si ocurrió en otras etapas históricas cuando
las burguesías de los países avanzados (EEUU, Europa) ante las luchas podían ceder conquistas a sus proletariado en base a la expoliación de los pueblos del mundo. El imperialismo se ve obligado, por la crisis crónica de la economía mundial, a atacar el nivel de vida de sus propios trabajadores, aunque aún siga siendo superior al de los países atrasados.

Por eso la globalización no es más que una nueva fase de la contrarrevolución económica permanente del capitalismo. O sea, una nueva fase de la contraofensiva del imperialismo para superexplotar a las masas del mundo.
La globalización es la confirmación de que el sistema capitalista-imperialista es una traba absoluta para el progreso de la humanidad. Quienes dicen que hay que aceptar la globalización como «algo natural», y que sólo se trataría de combatir sus «aristas injustas» o «democratizarla», nos están diciendo que hay que aceptar el sistema capitalista imperialista, cuando la gran tarea es destruirlo para terminar con las injusticias sociales.

Se profundiza la crisis económica del capitalismo

La globalización también tiene una faz política e ideológica para el impe
rialismo. Con ella han querido convencer a las masas que, después de la caída del Muro del Berlín (1989), había triunfado definitivamente el capitalismo. La realidad ha dado por tierra con este argumento. Hoy ya nadie discute que existe una grave crisis de la economía mundial capitalista.

Desde fines de la década de los 60 se vive una crisis crónica de la economía capitalista mundial. Esta crisis crónica ha tenido distintas fases agudas y un ritmo que ha ido variando a lo largo de los últimos 30 años. La crisis desatada a mediados de 1997 con la devaluación de la moneda de Tailandia que se extendió al conjunto de los «tigres asiáticos» (Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Corea y Taiwán) es un nuevo capítulo de la crisis crónica del capitalismo en decadencia. A fines de 1997 muchos analistas burgueses vaticinaron que se había llegado «al fin de la crisis». Pero luego se produjo la crisis de la deuda en Rusia en 1998; la moratoria ecuatoriana y la devaluación del real de Brasil en 1999. Y a fines del 2000 y principios del 2001 reapareció en el horizonte la posibilidad de una nueva fase aguda de crisis por los hechos de Turquía y Argentina y por los síntomas de recesión en los EEUU.


Se puede discutir si estamos en una nueva fase de crisis aguda o es una continuación de la abierta en Asia en 1997. Lo nuevo es que, mientras en las décadas del 70-80 la crisis crónica presentaba fases agudas en ciclos con algunos años de diferencia entre uno y otro, desde 1997 se han acelerado las apariciones de las fases agudas. Se llega al extremo de que, a veces, no se ha cerrado una cuando ya se abre la otra. Y la expansión de la crisis es mucho más amplia y profunda, por eso se habla de la «globalización de la crisis» o del «peligro de contagio».
La multinacional francesa Alcatel anunció que cerrará 50 fábricas y sus 13.500 empleados serán despedidos.
En marzo de 1993 el fotoperiodista sudafricano Kevin Carter trabajaba en Sudán. Allí fotografió a una niña hambrienta y un buitre que estaba al acecho, registrando una escena del hambre africano que hoy se sigue reiterando por millones. La fotografía fue premiada en 1994 y poco después Carter se suicidó.

Genocidio económico

Los niveles del hambre y la pobreza, en el mundo, son tan altos y alarmantes que en la última asamblea de Amnesty Internacional, realizada en Dakar (África), se abrió el debate sobre una ampliación del concepto de derechos humanos. Eso implicaría condenar las políticas sociales y económicas actuales.
Las cifras actualizadas de organismos como las Naciones Unidas, la FAO, BM o la OIT son escalofriantes:
En el mundo hay 800 millones de personas con desnutrición crónica
Según el último informe del Banco Mundial el 20% de la población (1.200 millones) viven en pobreza absoluta, con menos de un dólar diario.
Se calcula que para el 2020 la cantidad de personas hambrientas crecerá a 3.000 millones.
Doscientos multinacionales poseen una fortuna 8 veces mayor que las poblaciones de 48 países menos adelantados.
El empleo infantil abarca a 250 millones de niños (BM, 2000)
En el mundo hay 27 millones de esclavos, más que en 1865 cuando se cree que fue abolida la exclavitud (Informe ONG AntiSlavery International, en La Nación 21/4/01)
Según la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), aumenta la malnutrición en las grandes ciudades: 50% en África, 40% en América Latina, 70% en Calcuta. 100 millones de niños viven o trabajan en la calle de las grandes ciudades.
Según la OIT, el 80% de los trabajadores del mundo no tiene protección social adecuada.
Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), casi un tercio de la población está infectada de tuberculosis. Mueren, por esa enfermedad, 2 millones de personas al año, el 98% en países atrasados, en primer lugar en África. El SIDA amenaza a 16 millones de agricultores de Africa, que podrían morir en los próximos 20 años, con lo que se reduciría la fuerza laboral en un 26%, advirtió la FAO.
La quinta parte del suelo del globo ha sido erosionada o dañada (FAO).
El volumen de captura de peces en casi todos los mares del mundo ha declinado desde finales de los años 80, en parte como efecto de la pesca irracional (FAO).

Una depresión en las principales economías y la ola de despidos

La crisis tiende a generalizarse y los propios analistas burgueses reconocen su gravedad. La depresión ha llegado a las principales economías del mundo. «Las tasas de crecimiento se están reduciendo a mayor velocidad y en más países desarrollados que en cualquier otro momento desde la crisis petrolera de 1973» (The New York Times, reproducido por Clarín, 21/8).
Cuando hablamos del inicio de la crisis en EEUU, estamos hablando del 30% del PBI mundial y de la mayor potencia capitalista. Japón, la segunda economía del mundo, está estancada desde 1990 y se está agravando con la caída del consumo, reducción de la producción, nivel de desempleo más alto desde la posguerra y los bancos tienen créditos «incobrables» por 282.000 millones de dólares. La economía alemana registró una detención en el segundo trimestre de este año; Italia y Holanda no muestran crecimiento y Francia también tiene signos claros de crisis. En Latinoamérica el cuadro es grave. Argentina sufre una crisis crónica y de pronóstico reservado. México se encuentra en recesión desde abril, ligada a la crisis norteamericana. Brasil sufre una crisis energética y está muy atada a la crisis argentina. En Asia, Singapur sufre una recesión de las más graves de los últimos 15 años.
Un dato contundente sobre la depresión mundial lo dio una encuesta del World Employment Report 2001 al señalar que casi un tercio de la fuerza de trabajo mundial (1.000 millones de personas) está desempleada. La agudeza de la crisis también se refleja en la ola de despidos de empresas multinacionales de los países imperialistas en distintas ramas de la economía. El grupo de ingeniería suizo ABB Ltd. anunció una caída de sus ganancias semestrales del 40% y un recorte de personal de 12.000 puestos; el grupo de medios británico Reuters registró pérdidas del 17% y 1.100 despidos; el laboratorio alemán Bayer tuvo una caída del 45% en sus ganancias y anunció 1.800 despidos y la General Electric anunció un plan de 75.000 despidos en los próximos dos años. Los anuncios de despidos no se detienen: Chrysler 26.000, GM 15.000, Exxon 16.000, Whirlpool 6.000, JP Morgan-Chase 6.000, la holandesa Philips 4.000 y la sueca Scania 1.200. También anunciaron despidos las francesas Moulinex (electrodoméstica) y Danone; la cadena de ropa británica Marks y Spencer y la angloholandesa Unilever con 8.000 despidos y el cierre de 30 plantas en el mundo. La suiza Sair Group, compañía madre de Swissair, anunció pérdidas por 1.600 millones de dólares durante el 2000, las más grandes de su historia. Aetna, la principal firma de seguros de salud de los EEUU anunció que sus ganancias cayeron en un 98% en el segundo trimetre del año. Charles Schuab, principal casa de bolsa de descuento de EEUU despide a 4.000 personas. Polaroid sufrió un duro revés al revelarse que su auditor KPMG planteó dudas acerca de la capacidad de continuar funcionando (The Wall Street Journal, 10/8). La crisis del sector de transporte aéreo mundial es palpable: las norteamericanas Delta, American, United y Continental acumulan pérdidas que oscilan entre 50 y 300 millones de dólares; Iberia cerró con un rojo de 65 millones; Lufthansa con 83 millones y Alitalia acumuló un lastre de 185 millones de dólares. Las consecuencias las pagan empresas como Aerolíneas Argentinas, en manos de la española Iberia, con la amenaza de miles de despidos.

Las multinacionales abarcan y devoran

En el mundo crece el cuestionamiento a las multinacionales.
Lo que indica un progreso en la conciencia de una franja de masas. Las multinacionales son el máximo exponente de la globalización y de la etapa de putrefacción y decadencia del sistema capitalista-imperialista. Ellas saquean y destruyen (trabajadores y naturaleza) todo lo que tocan. Un grupo de grandes pulpos acaparan la más avanzada tecnología, fijan sus precios a su gusto, superexplotan a los trabajadores y destruyen a quienes se interpongan en su camino. Son los propietarios de los bancos y de las grandes empresas con sede en los países imperialistas.

En las últimas décadas fue creciendo la concentración económica y la modalidad de trasladar las fábricas o filiales a países subdesarrollados (México, China, Corea, Taiwán, Malasia, Singapur, etc.) donde la explotación es mayor, para aumentar la tasa de ganancia.
Según un informe de la ONU, en la década del 60 había 7.000 firmas multinacionales con 277.000 filiales y en el 2000 había 63.000 con 690.000 filiales. Creció diez veces más y fundamentalmente en los últimos 15 años.
La concentración económica, la fusión de grandes empresas, ha sido a costa de mayor desempleo y superexplotación de los trabajadores. Lo opuesto a cualquier «progreso». Según Naomi Klein: «Las empresas multinacionales, que controlan más del 33% de los activos productivos del mundo, sólo ofrecen directamente el 5% del empleo mundial. Y aunque los activos totales de las cien mayores corporaciones aumentaron un 288% entre 1990 y 1997, la cantidad de personas empleadas por ellas creció menos del 9% en ese mismo período de enorme crecimiento» (del libro No Logo).
La fusión entre los laboratorios farmacéuticos Sandoz y Ciba-Geigy para formar Novartis consiguió una ganancia de 19.000 millones de dólares y el despido del 10% de la los trabajadores. La absorción en el sector aeronáutico de McDonell Douglas por Boeing, significó la pérdida de miles de puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos: la absorción de una entidad financiera por el banco de inversión Goldman Sachs supuso el despido del 20% del personal, mientras los 175 asociados del grupo se embolsaban una prima de 200.000 dólares para celebrar la fusión (datos de Xavier Tamayo de la página web Rebelión).
Son conocidos los casos de empresas como Nike, Reebok (calzado de EEUU), Gap (ropa fabricada en Indonesia), Levi's o Disney acusados de explotar la mano de obra barata de los países subdesarrollados. Nike desarrolla el 99% de su producción en Asia sobre la base del sistema de subcontratistas, con la condición de que garanticen salarios de hambre y que no tengan huelgas.
Pero la crisis también les fue llegando a estos pulpos. Por ejemplo, la multinacional francesa de alimentación, Danone, anunció el cierre de plantas y el despido de 3.000 obreros en Europa. El rey de la hamburguesa MacDonald's, analiza el cierre de 250 restaurantes fuera de EEUU porque reportó menos ganancias por tres meses consecutivos (The Wall Street Journal, 25/7).


Caen las «locomotoras» de la informática y las telecomunicaciones
Uno de los claros ejemplos de la supuesta nueva etapa del capitalismo «globalizado» era el crecimiento sostenido de las empresas de la informática y de las telecomunicaciones. En especial se destacaba las plantas del Silicon Valley del norte de California.
El cambio de clima por el efecto invernadero provocará nuevas sequías. A la izquierda, una feroz sequía que afectó al oeste de la India.
Todo indica de que las «locomotoras» están por descarrilar.

Los últimos balances de las empresas de estas ramas dan sistemática-mente en rojo y no sólo en las empresas yanquis. Se ha producido una caída en sus tasas de ganancias y salta la crisis. Por eso los capitalistas usan la clásica receta de los despidos masivos y el cierre de plantas.
La estadounidense Motorola anunció 25.000 despidos; Lucent entre 16.000; Xerox 5.000; Gataway 3.000; T. Warner 3.000; la PALM (líder en computadoras de mano) anunció pérdidas por 3.800 millones dólares; la francesa Alcatel se desprende de 50 plantas y de 13.000 empleados; Nec de Japón anunció 700 despidos en EEUU; la alemana Siemens frena su expansión en telefonía celular y anuncia 3.500 despidos y la sueca Ericsson anuncia 22.000 despidos. El portal de internet Yahoo! y el Puntocom Terra, de Telefónica de España anunciaron una caída de sus acciones del 79% (datos Financial Times, 4/2). Por otro lado, INTEL, la productora de microcircuitos más grande del mundo, anunció también caída de sus ganancias y despidos.
Es de destacar el incremento de las deudas de las principales firmas vinculadas al ramo de las telecomunicaciones: Deutsche Telekom tiene una deuda dos veces superior a la externa chilena; France Telecom debe lo mismo que Rusia; AT&T debe como Malasia; British Telecommunications más que Colombia y Telefónica de España casi lo mismo que Perú (Datos del Financial Times, 15/5).
El efecto invernadero y los no de EEUU
Los científicos alertan sobre los peligros de la suba de la temperatura del planeta a raíz del efecto invernadero. EEUU se niega a firmar el Protocolo de Kyoto que establece algunas medidas parciales para reducir las emisiones de gases. También se negó a firmar el acuerdo que prohibe el desarrollo y uso de armas biológicas. Bush le da continuidad a la negativa de los gobiernos de los EEUU a no firmar ni respetar tratados mundiales.
Un estudio de las Naciones Unidas, avalado por 700 científicos, pronosticó un duro panorama de más inundaciones, sequías, ciclones, huracanes y sufrimientos para la humanidad en las próximas décadas. Estas catástrofes se darían como consecuencia del llamado efecto invernadero, el proceso producido por la emisión desmedida de gases, como el dióxido de carbono o metano, que a su vez provoca el aumento de las temperaturas medias del planeta.
Las principales fuentes de producción de gases son, entre otras, la producción de petróleo y gas, aerosoles, materiales de empaque, refrigerantes, descomposición de residuos, acerías, fundiciones de aluminio, plantas de cemento, etc.
Según el informe, emitido desde Ginebra, en los próximos cien años aumentará la temperatura entre 1,4 y 5,8 grados, según las zonas. Los desastres naturales provocarán pérdidas por unos 100.000 millones de dólares anuales. El nivel del mar subirá hasta 88 centímetros y se perderán muchas islas. Las lluvias aumentarán o bajarán entre 5 y 10 por ciento, según las zonas. Las inundaciones o las sequías provocarán desplazamientos masivos de las poblaciones y pérdidas de vidas humanas. Desaparecerán glaciares y varias especies de animales y plantas (datos reproducidos por Clarín, de Argentina, 20/2/01).
El investigador alemán Schellnhuber destacó que la única forma de reducir los efectos del cambio climático es con la aplicación de recortes drásticos en las emisiones de gases del efecto invernadero. El Protocolo de Kyoto, que establecía medidas parciales, fue firmado en 1997 por 178 países, menos por los EEUU. En julio del 2001, en la reunión de Bonn, el gobierno de Bush volvió a ratificar el no. Con lo cual la aplicación del acuerdo no rige y de aplicarse tendría muy poca efectividad porque EEUU es el mayor productor de gases. De esta forma Bush, como Clinton, sigue defendiendo los intereses de las grandes empresas petroleras e industriales yanquis.
Pero este no es el único no de los EEUU. Tiene muchos otros para ratificar que sigue siendo el país imperialista hegemónico. En julio de este año se negaron a firmar el protocolo que prohibe el desarrollo y uso de armas biológicas. Su negativa deja el acuerdo en punto cero, que se tenía que comenzar a aplicar a fines del 2001, ya que para su ratificación es necesario el consenso general o que ningún país lo objete. Por otro lado, Bush amenaza con no pagar los 532 millones de dólares que tiene de deuda con la ONU si ésta no aprueba la llamada «Acta de protección de miembros del servicio americano», que impediría que los estadounidenses sean juzgados en el exterior por genocidio o crímenes de guerra.
Tan escandalosa es la actuación de EEUU que hasta sus aliados le tienen que hacer llamados de atención. El 3 de mayo los EEUU perdieron su puesto en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que mantuvo por más de 50 años. Ese mismo día también fueron excluidos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).
Nada más y nada menos que la Asociación Americana de Juristas difundió una serie de tratados que los EEUU no acepta o no cumple sobre derechos humanos elementales:
* Los EEUU no han adherido a ninguno de los dos Protocolos del Pacto de Derechos Civiles y Políticos; a la Convención contra el Apartheid; a la Convención sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad; a la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; a la Convención sobre la supresión del tráfico de personas y la explotación de la prostitución de terceros; a la Convención sobre el estatuto de los refugiados; a la Convención sobre los derechos de los trabajadores migrantes y sus familias y a la Convención de Ottawa de 1997 que prohibe las minas antipersonales.
* Sobre las 170 convenios de la OIT, los EEUU adhirieron sólo a 12 y no es parte de los principales, entre ellos los números 87, sobre libertad sindical, 98 sobre el derecho de negociación colectiva y 138 sobre la edad mínima (trabajo de menores).
* Es uno de los dos países ( el otro es Somalía) que no ratificó la Convención de los Derechos del Niño.

Las causas de la crisis
Nunca como ahora se ha confirmado el pronóstico de Carlos Marx, hace más de 150 años, de que el sistema capitalista entraría en una crisis cada vez más aguda y que hundiría a las masas trabajadoras en la miseria creciente y originaría guerras y revoluciones. La causa de fondo del avance de la miseria, de la marginalidad, que amenaza la supervivencia de millones, se explica por que una masa cada vez mayor de los bienes y las riquezas que producimos nos es arrebatada para engrosar las ganancias de las multinacionales y los grandes banqueros. Justamente, bajo la llamada globalización ha crecido el poder esa oligarquía mundial.
Existe un debate en el mundo, y en especial entre los marxistas, sobre las causas de las crisis recurrentes de la economía capitalista. Es importante, desde nuestro punto de vista, distinguir las causas de la crisis con sus manifestaciones. Estas son distintas en cada fase aguda y aún diferente entre los países en una misma fase aguda. Puede ser la suba del precio de un insumo clave como el petróleo, una imposibilidad de pago de deuda, un ataque contra la moneda, una superproducción, el derrumbe de una bolsa, etc. Todas esta son expresiones de la crisis, pero no su causa. La causa es la caída de la tasa de ganancia media de las más importantes ramas productivas. Esto produce un retiro masivo de los capitales que buscan hacer sus ganancias en la ruleta especulativa. La inversión en la producción deja de ser un negocio rentable. Las fabulosas ganancias que se toman en estos mercados especulativos son ficticios, y preanuncian las famosas caídas de las bolsas y divisas del mundo. Por eso las fases agudas de las crisis capitalistas de los últimos 30 años no se han encarado con mayores inversiones, utilizando esa enorme masa de capital dinero que gira por el planeta, sino con mayores ajustes y cuotas de explotación de los trabajadores y de las naciones. O sea, extrayendo o intentando extraer mayor plusvalía ( mayor explotación) a los trabajadores.
Lo que impide al imperialismo salir de la crisis crónica son las luchas del movimiento de masas. Ya que los capitalistas no pueden lograr los niveles de explotación que precisan para recomponer las tasas de ganancia. Es indudable que el imperialismo avanzó, desde la década del 90, en la explotación y el saqueo de los países atrasados y de Europa del Este, con las privatizaciones y el mecanismo de la deuda externa. Sin embargo, no logró todos sus objetivos para llegar a un incremento de la plusvalía absoluta del tamaño necesario para evitar un declive en sus tasas de ganancia. Y ello se debió a que, paralelamente con la caída del «socialismo real» se abrió una nueva etapa revolucionaria de luchas en todo el mundo, que trabó sus planes. Sus objetivos fueron recortados parcialmente por las luchas de los mineros rusos, por las huelgas de Francia de 1995 y por las del resto de Europa, por las huelgas de Corea del Sur, por las luchas de Latinoamérica, por las huelgas en EEUU y por las movilizaciones mundiales que se abrieron con Seattle que traban sus proyectos de «libre comercio».

Crece el armamentismo
Mientras avanza el hambre y la pobreza en el mundo, crece la producción y venta de armas. Según un informe del Congreso estadounidense, publicado en el New York Times (20/8), la venta mundial de armas aumentó un 8% en el 2000, llegando a un volumen de 36.900 millones de dólares. EEUU es el principal vendedor y comercia cerca de la mitad de las armas del mundo, especialmente a países en desarrollo. De acuerdo al informe citado, Medio Oriente es el mayor mercado de armas en el mundo subdesarrollado. EEUU provee armas y aviones caza F16 a Israel, a los Emiratos Árabes y a Egipto. Los otros grandes vendedores de armas son Rusia, Francia, Alemania y Gran Bretaña.
EEUU desarrolla el armamentismo porque quiere fortalecer su rol de gendarme mundial, para lo cual necesita sostener su supremacía militar para seguir comandando las intervenciones de la OTAN, los bombardeos a Irak, apoyando a Israel o la aplicación del Plan Colombia. Pero además porque necesita sostener su complejo militar-industrial para contrarrestrar la crisis económica y desaceleración productiva de su país.
Bush, desde que se instaló en la Casa Blanca, ha tenido la decisión de desarrollar el Sistema de Defensa Antimisiles (NMD), llamado «Hijo de la Guerra de las Galaxias», que tiene un presupuesto asignado de 60.000 millones de dólares. Decisión que ha creado un problema político mundial. Ya que para avanzar en dicho proyecto, los EEUU necesitan tener el visto bueno de Rusia para modificar el Acuerdo de reducción de armas (ABM), firmado en 1972.
Después de la disolución de la Unión Soviética, llamativamente, el presupuesto militar de los EEUU aumentó en 112.000 millones de dólares en 1998, bajo el gobierno de Clinton. El total del presupuesto del Pentágono es de 320.000 millones de dólares, superior al de todos sus países rivales juntos _una muy buena noticia para las empresas norteamericanas como Lockheed, Raytheon y Boeing. Con el gobierno de Bush esa tendencia no hace más que consolidarse con el proyecto antimisiles NMD.

La contraofensiva imperialista

Ante esta hecatombe mundial, el imperialismo y sus gobiernos aliados no tienen otra salida que intentar avanzar en la superexplotación y saqueo permanente a los trabajadores y los pueblos del mundo. Existe una brutal contraofensiva económica del imperialismo, que lleva años y que se renueva ante cada pico de la crisis mundial.
La ola de despidos mundial es una de sus expresiones. Aumentando las tasas de desempleo los capitalistas buscan presionar a los trabajadores para rebajar los salarios y empeorar las condiciones de trabajo. En todos los países, los gobiernos (sean liberales, conservadores, socialdemócrata o de cualquier variante de centroizquierda) quieren imponer planes de flexibilización laboral y de aumento en los ritmos de trabajo. Se baja el nivel de vida atacando o liquidando el salario social: salud, educación, jubilación (que se va entregando al negocio de los fondos de pensión), el seguro al desempleo, a los accidentes de trabajo, Se utiliza la inmigración de trabajadores extranjeros para crear un proletariado sometido a mayores niveles de explotación, como sucede con los trabajadores mexicanos y latinos en EEUU o con los trabajadores africanos, turcos, asiáticos o latinos en Europa. Aumenta el trabajo esclavo, infantil y los niveles de explotación de la mujer.
Aumenta la penetración del capitalismo en el campo, provocando más explotación (utilización de los transgénicos, ingreso de la Monsanto en el sur de México, etc) y el traslado de masas de ex campesinos a las ciudades, que no encuentran trabajo o se ofrecen por cualquier paga. El imperialismo y las multinacionales saquean a los países atrasados a través de las privatizaciones de sus empresas y sus recursos naturales (petróleo, agua, luz, gas, etc). Lo mismo hacen vía el proceso de restauración capitalista en la ex URSS, los países de Europa del Este, China o Vietnam. La otra forma de saqueo es el mecanismo de la deuda externa y los planes del FMI. La deuda externa de todo el llamado Tercer Mundo pasó de 1,3 billones de dólares en 1992 a 2,1 billones a fines del 2000, mientras que el pago de intereses subió de 167.000 a 343.000 millones (datos de Le Monde Diplomati-que, mayo del 2001).
Otra cara de la contraofensiva del imperialismo es el intento de establecer acuerdos regionales de «libre comercio» en donde los EEUU, y en algunos casos el imperialismo europeo, impone sus normas comerciales de expoliación de los países atrasados. La crisis mundial ha intensificado los roces inter-imperialistas por ganar espacios de explotación en los países atrasados. Esto se refleja, por ejemplo, en sus peleas en la Organización Mundial de Comercio -OMC- y en la disputa por los mercados. El imperialismo europeo ha creado el Plan Maastricht para imponer sus normas y atacar el nivel de vida de sus trabajadores. En Latinoamérica, los yanquis están centrados en imponer el ALCA, que es un pacto de rapiña con el cual buscan eliminar las trabas que aún puedan subsistir para avasallar las economías locales, establecer zonas de libre comercio para el montaje de empresas bajo el sistema de maquila, garantías para cobrar la deuda externa y las patentes farmacéuticas.



La imagen del Che Guevara en una marcha de protesta en Taipei, capital de Taiwán.
El acuerdo China-Rusia

El 16 de julio, en Moscú, los presidentes Jiang Zemin y Putin, de China y Rusia, firmaron un pacto de amistad que ellos denominaron «asociación estratégica». Es el primer acuerdo de este tipo desde 1950. ¿Qué significa este pacto? ¿Se constituye un frente antinorteamericano, que puede jugar un rol progresivo para las masas? ¿Es un cambio de ambos gobiernos en su creciente acercamiento a los EEUU y en la aplicación de planes de restauración capitalista en sus países?
La declaración firmada contiene críticas al armamentismo norteamericano, a su proyecto antimisiles y a los bombardeos de la OTAN en Yugoslavía. Cuestiones que son correctas, pero que están lejos de significar una preparación para enfrentarse política y económicamente con los EEUU.
En realidad, el acuerdo chino-ruso tiene como objetivo unir fuerzas para presionar y negociar en mejores condiciones con el imperialismo yanqui. Por la crisis económica mundial, Bush ha salido a desconocer distintos tratados (como el de Kyoto) económicos y militares. Bush quiere imponer nuevas ventajas para los EEUU y sus empresas. Esta política hace que aumenten los roces del imperialismo con países y gobiernos como los de China, Rusia, Brasil, Irán, India o Venezuela (como país petrolero importante). Por eso casi todos estos gobiernos han salido a hablar de la necesidad un «mundo multipolar» y no «unipolar». Desde distintos ángulos, la mayor parte de estos gobiernos buscan acuerdos mutuos (caso Brasil-Venezuela, en Latinoamérica) para negociar con EEUU. Mientras, en sus países siguen aplicando planes económicos contra sus pueblos. China ha recibido una media anual de 35.000 millones de dólares en inversión extranjera, para consolidar sus enclaves de restauración capitalista bajo el régimen dictatorial de la burocracia del PC chino.
Una demostración del sentido del acuerdo China-Rusia se vio en la reunión del G8 de Génova. Putín, uno de sus miembros, llegó a Génova días después de haber firmado el acuerdo con China. Y allí, Putin, que se oponía a cualquier plan antimisiles de los EEUU, cambió drásticamente y le aceptó a Bush discutir «una posible reducción de ojivas nucleares (en Rusia) y la modificación del ABM» (Clarín de Argentina, 23/7). O sea, modificar el tratado de 1972 tal como es la propuesta de Bush.
Sin embargo, estas posturas de los gobiernos chino y ruso no nos pueden hacer dudar que, ante cualquier agresión económica, política o militar de los EEUU, contra sus países, debemos estar incondicionalmente del lado de esas naciones y sus pueblos contra el imperialismo.
Una rebelión de masas contra la globalización

La aplicación de esas medidas, que son parte de la contrarrevolución económica, no hacen más que incentivar las luchas de las masas en todo el mundo. Los trabajadores, los desocupados, los campesinos, los indígenas, los estudiantes y otros sectores explotados hacen semiinsurreciones, huelgas generales, marchas multitudinarias, tomas de tierras, cortes de rutas, derriban planes de ajuste, ministros de economía y gobiernos. Una rebelión de masas enfrenta las consecuencias de la globalización capitalista.
A fines de 1999, con la movilización de Seattle (EEUU) nació un movimiento de repudio al imperialismo, al FMI, al Banco Mundial (BM), a la OMC, al ALCA y a las multinacionales, que tendría continuidad en Praga, Davos, Porto Alegre, en las movilizaciones contra el ALCA (Buenos Aires y Quebec), Barcelona, Gotemburgo,y en Génova con una movilización de más de 250.000 personas. El movimiento antiglobalización es parte importante del conjunto de luchas obreras y populares que cruza el mundo que también enfrenta a la globalización capitalista. Pese a ellas, el imperialismo y las burguesías nacionales vienen imponiendo nuevos niveles de explotación y de saqueo de los países atrasados. Por eso se sigue agudizando, en el mundo, la brecha entre ricos y pobres.
De todos modos, el imperialismo está lejos de lograr una derrota de alcance mundial a los trabajadores y a los pueblos. Las masas obstaculizan la aplicación de los planes de explotación y por eso el imperialismo no logra superar la crisis crónica de la economía capitalista que viene de fines de los 60 y que ha pegado un nuevo salto desde 1997.
Por otro lado, las masas, por el rol de las direcciones reformistas y la ausencia de una dirección revolucionaria, no logran aún triunfos contundentes. Debido a ello el imperialismo y sus gobiernos aliados vuelven a la carga para que la crisis la paguen los trabajadores. Por todo eso la tendencia mundial es hacia crisis económicas, políticas y sociales recurrentes.

La crisis la tienen que pagar los ricos. Para terminar con este desastre que vivimos, que va a empeorar en el futuro, sólo queda un camino: la lucha revolucionaria obrera y popular contra los planes de hambre del imperialismo, las multinacionales, el FMI y sus gobiernos en cada país. En la perspectiva de destruir al causante del hambre y la explotación: el sistema imperialista capitalista que domina al mundo.



Marcha en París, el 9 de junio, contra los despidos.







Argentina


Palestina

Israel: la fortaleza sitiada
Carmen Carrasco A un año del comienzo de la segunda Intifada, el ocupante sionista se
revela cada vez más incapaz de sofocarla, a pesar de su brutal respuesta represiva, y de los asesinatos selectivos de altos dirigentes palestinos.
Esta violencia ha provocado, por el contrario, la reacción del pueblo palestino, que se movilizó por decenas de miles para despedir a su líder Abu Alí Mustafá, máximo dirigente del Frente Popular de Liberación Palestina asesinado el 28 de agosto en Ramallah, y a los dirigentes del movimiento islámico Hamas asesinados el 31 de julio en Nablús.
Cuando van 578 palestinos, 156 israelíes y 13 árabes israelíes muertos, el régimen israelí se encuentra cada vez más aislado internacionalmente, como lo demostró la Conferencia contra el Racismo en Sudáfrica, y cada vez más acorralado por la Intifada.
Ariel Sharón ocupó el cargo de Primer Ministro de Israel en marzo de este año suspendiendo las negociaciones de paz con los palestinos y prometiendo a los israelíes seguridad a costa de represión, pero viene fracasando en el intento.
Su política ha sido una escalada de la represión, pero sin llegar a la guerra abierta.
El cierre de los pasos entre Israel y Gaza y Cisjordania, generó un desempleo de un 70%, a lo que se suma la extensión de los asentamientos de colonos judíos en los territorios ocupados - en lo que va del 2001 ya van 17000 nuevos colonos - rompiendo todos los acuerdos firmados desde 1993.
Sharón envió aviones F-16 a bombardear blancos en las ciudades de Cisjordania y Gaza, y las Fuerzas Armadas israelíes ingresaron con tanques en territorio controlado por los palestinos.
Su táctica privilegiada son los ataques a las sedes de la policía y la Autoridad Palestina, y los asesinatos selectivos de dirigentes de las organizaciones políticas palestinas, utilizando helicópteros, tanques y aviones. Al día de hoy ya van más de cincuenta dirigentes palestinos muertos, dentro de ellos altos líderes como Mustafá y los dirigentes de Hamas.
Pero en lugar de lograr su objetivo de aplastar la Intifada la represión de Sharón ha generado una radicalización sin precedentes.
Ante la desesperación a que los israelíes los tienen sometidos, los jóvenes palestinos se alistan por miles como voluntarios para realizar ataques suicidas en Israel, que causan numerosas víctimas, como el atentado en una discoteca de Tel Aviv en junio y en una pizzería de Jerusalén en agosto. Decenas de miles de palestinos se movilizan en las calles, como sucedió durante el entierro de los dirigentes de Hamas, en que 100.000 personas salieron a la calle en Nablús, y el en tierro de Mustafá, en el que 50.000
personas desfilaron en Ramallah.
Los ataques contra los colonos y los soldados judíos se multiplican, como sucedió el 25 de agosto, cuando dos jóvenes palestinos se infiltraron en un puesto militar sin ser vistos mientras que los soldados israelíes, que fueron sorprendidos durmiendo, se disparaban entre sí. Lo más importante es que, a diferencia de la primera Intifada, protesta de
jóvenes armados de piedras, esta vez los palestinos responden a los ataques del ejército israelí con armas de fuego, que si bien no son nada comparadas con la refinada maquinaria militar sionista, han provocado a los israelíes una gran cantidad de bajas.
Tanto Israel como la Autoridad Palestina se muestran incapaces de frenar el ingreso de armas y la fabricación casera de morteros y de bombas con las cuales los jóvenes palestinos enfrentan al ejército y a los colonos judíos armados hasta los dientes.
La Autoridad Palestina tampoco pudo desarmar a las corrientes de la resistencia antisionista. A pesar de los límites establecidos en los acuerdos de Oslo, las fuerzas de seguridad palestina, que debían tener un límite de 30.000, llegan a 41.000 personas, fuera de las cuales se encuentran las fuerzas de Tanzim, el brazo armado de Fatah, y las brigadas armadas de Hamas y Jihad Islámica.
Hace unos años Amnesty International estimaba que había alrededor de 20.000 policías en Gaza solamente, equivalente a un policía por cada 50 residentes, y sugería que era la relación más alta policías - población en el mundo.

El ejército en problemas

Esta resistencia indomable es la que desespera al ejército israelí, que supo vencer a todos los ejércitos árabes unidos, y que hoy empieza a mostrar signos de impotencia frente a los


Concentración multitudinaria en entierro de los seis dirigentes de Hamas y
dos niños.
jóvenes pobremente armados de los territorios ocupados.
En dos ocasiones en los últimos meses Israel ingresó a poblados de los
territorios ocupados, pero no pudo mantener su ocupación más que unas
horas, debiendo retirarse rápidamente, debido a la gran presión
internacional en su contra.
Los errores suceden cada vez más frecuentemente, como lo demostró la
infiltración de dos jóvenes palestinos en un puesto militar en Gaza en
agosto, y como lo demostraron varios atentados fallidos contra dirigentes
palestinos.
Para Martín Van Creveld, experto del ejército israelí, "el ejército
israelí ya no está en condiciones". Su conclusión es que «lenta pero
seguramente, Israel está perdiendo la guerra" (Libération, 27-09-01).
A todo lo anterior se suma el creciente aislamiento internacional de
Israel. Durante su gira europea de mitad de año, Ariel Sharón no pudo
visitar Bélgica, porque se ha abierto un proceso contra él por su
responsabilidad en las masacres de los campos de refugiados palestinos de
Sabra y Shatila en el Líbano en 1982.
Estados Unidos e Israel se tuvieron que retirar de la conferencia contra
el racismo organizada por las Naciones Unidas en Sudáfrica, donde una
impresionante movilización de 50.000 personas dio nacimiento a un
movimiento internacional antiapartheid contra Israel (ver recuadro).
En el mundo crece la idea de que sionismo es sinónimo de fascismo, y en
todas partes aumenta la solidaridad con el pueblo palestino.

La crisis económica

A esta situación se agrega la crisis económica de Israel, provocada tanto
por el enlentecimiento de la economía mundial como por el estallido de la
Intifada.
El número de personas que buscan empleo en Israel llegó en julio a su
nivel más alto desde la creación del Estado hebreo. La tasa de desempleo,
que está en un 9%, saltó en julio un 3.7% contra un alza media mensual de
0.4% desde el comienzo de año. En ciertas ciudades, esencialmente aquellas
donde están concentrados los rusos (Ashdod o Ashkelon, al sur de Tel-Aviv)
y los árabes israelíes (Oum el-Fahem, en Galilea), más del 10% de la
población está desempleada.
Hace un año la economía israelí estaba en su mejor momento. El sector high
- tech estaba en pleno auge y el año 2000 hacía afluir peregrinos a Tierra
Santa. Ante la perspectiva de que el conflicto con los palestinos
terminara, los oficiales del ejército debían prometer a los soldados
premios especiales para que no se fueran a trabajar al "Shalom Valley", al
norte de Tel Aviv. Pero la caída del Nasdaq destruyó la industria de alta
tecnología, haciendo desaparecer un tercio de las empresas del sector en
menos de un año, mientras que la Intifada hizo caer




Palestina

el turismo un 50% en relación con el año anterior y frenó el sector de la
construcción.
La tasa de crecimiento será inferior a 1% en 2001 contra 6.2% en 2000, y
la lucha contra la Intifada hace que una parte creciente de las finanzas
públicas se destine a los gastos militares. Una encuesta del periódico
Ha'aretz encontró que e