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Presentación
El martes 11 de setiembre, cuando la revista estaba
en imprenta, se produjeron los impactantes sucesos de New York y Washington
que conmovieron al mundo.
Lógicamente hubo que parar la impresión y producir, al calor
de los acontecimientos, cambios en nuestra edición. Pero decidimos
mantener la estructura original, incorporando un suplemento
especial con nuestro análisis y postura frente al ataque que
sufrió los EE.UU., porque lo escrito mantenía su total vigencia
y ayudaba a encontrar una explicación a lo sucedido.
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Las inéditas y asombrosas imágenes que superan
a la ficción, de los aviones incrustándose en las Torres
Gemelas, del Pentagono en llamas o la nube de polvo sobre New York quedarán
marcadas en millones, por décadas. Quedará en la historia
como el día que el imperialismo yanqui fue vulnerado por primera
vez, no solo en su territorio continental sino en el centro mismo de su
poder financiero y militar. Decimos claramente que no compartimos ese
tipo de acciones y que lamentamos la pérdida de miles de vidas
inocentes. Pero también aseguramos que los responsables más
importantes de estos atentados son la política genocida y explotadora
del imperialismo y sus aliados. Estamos, incondicionalmente, junto a los
pueblos oprimidos del mundo.
Lo sucedido solo se explica en el marco de un mundo convulsionado
por el hambre y la miseria que produce la globalización capitalista.
En el marco de una radicalización del enfrentamiento de las masas
con el imperialismo y sus gobiernos aliados de todo el mundo. En el marco
de una profundización del conflicto palestino-israelí. Y
justamente esos son los temas centrales de la revista, ya elaborados cuando
se producían los sucesos de los EE.UU. Por eso se reafirma su vigencia.
En este número dedicamos muchas páginas a la
globalización y la crisis de la economía mundial capitalista
que, según la revista inglesa The Economist, ya está en
recesión mundial y cuyo epicentro serían las economías
de los EE.UU., Japón y Alemania. Crisis que ha llevado a que un
tercio de la fuerza laboral mundial (mil millones de personas) estén
desempleados; a que millones se mueran de hambre mientras crece el armamentismo
imperialista y el gobierno de Bush se niega a firmar tratados elementales
de derechos humanos en el mundo.
Pero los trabajadores y los pueblos del mundo no se quedan
de brazos cruzados y resisten, generando nuevas huelgas generales y movilizaciones.
En Génova, cerca de 200 mil personas repudiaron la Cumbre del G8,
encabezada por Bush. El pueblo palestino no cede y sostiene la heroica
Nueva Intifada que cumple un año el 28 de setiembre. Argentina
está cruzada por una grave crisis económica, política
y social. Surge un nuevo organismo de lucha como la Asamblea Piquetera
y se produce un avance político a izquierda de una amplia franja
de masas que se expresó en el logro de 9 diputados constituyentes
de Izquierda Unida, en Córdoba. Crece el movimiento antiglobalización
nacido en Seattle. En este número dedicamos muchas páginas
a todos estos procesos.
El imperialismo y sus aliados de la OTAN, van a utilizar
lo sucedido para lanzar nuevas agresiones políticas, económicas
y militares. Su dedo criminal apunta en primer lugar hacia Afganistán.
La UIT-CI repudia toda agresión y llama a la más amplia
unidad de acción a las organizaciones políticas, sindicales,
sociales, estudiantiles, de derechos humanos, del movimiento antiglobalización,
para movilizarnos contra cualquier agresión imperialista y para
seguir apoyando al pueblo palestino y a todos los pueblos en lucha por
su liberación.
Economia
Crisis Económica Mundial
La globalización y la crisis económica mundial
Miguel Sorans
Obreros despedidos de la automotriz Daewoo, de Corea del
Sur enfrentan la represión.
La economía mundial capitalista vive una profunda
crisis. Se cae la teoría de la «globalización»
como una nueva etapa de desarrollo económico y de progreso de la
humanidad. Hay una depresión en las principales economías
del mundo. Crece la ola de despidos. Un tercio de la fuerza laboral mundial
está desempleada. Avanza la miseria y el hambre de millones. Una
rebelión de masas enfrenta a la globalización capitalista.
Desde los años 90 los voceros del imperialismo y las multinacionales
viene hablando de la «globalización mundial» como de
una nueva etapa del capitalismo. Como un progreso de la humanidad, de
nuevo desarrollo y avances del capitalismo. Nueva etapa que estaría
basada por el surgimiento de nuevas ramas de la economía (informática,
telecomunicaciones en general, biogenética), a partir de la unificación
de los resultados de una revolución científico-técnica
con nuevas formas del trabajo (toyotismo, calidad total, fábrica
flexible, etc). Tanto los capitalistas como ciertas direcciones reformistas,
hablan de la «globalización» como de algo «natural»,
contra lo que no se puede ir. «Es como querer cuestionar el amanecer
o la lluvia», dicen.
La globalización = capitalismo decadente
Es indudable que se han producido cambios tecnológicos.
En las últimas décadas, por ejemplo, hubo avances espectaculares
en el procesamiento electrónico de información y en telecomunicaciones
(computación, internet, etc), en la robótica o en la biogenética.
Pero no significaron un cambio cualitativo de la producción ni
han cambiado el proceso de destrucción de las fuerzas productivas,
característico del capitalismo en decadencia. Para los marxistas
las fuerzas productivas tienen tres componentes: el hombre, la técnica
y la naturaleza. Y la principal fuerza productiva es el hombre: la clase
trabajadora y los campesinos. Por eso el avance de la técnica no
es desarrollo si no permite el progreso del hombre y de la naturaleza.
Y hoy la humanidad vive una de las crisis más graves de su historia.
Millones de trabajadores y sectores populares padecen hambre y viven en
la marginalidad (1.200 millones viven con menos de un dólar diario,
según informe del Banco Mundial); siguen las guerras; crece la
mortalidad infantil; la destrucción de la naturaleza (Amazonas,
capa de ozono); la aplicación irracional de la tecnología
produce males como el de la «vaca loca» y vuelve la aftosa
(solo Gran Bretaña sacrificó 450.000 animales este año).
En el comienzo del siglo XXI sigue predominando la destrucción
del hombre y la naturaleza.
Por eso la llamada globalización no es una etapa ni
una subetapa de progreso capitalista. Ni se ha abierto un período
de posibilidad de que el capitalismo y sus gobiernos otorguen concesiones
a las masas. Por el contrario, con la llamada "globalización"
lo que avanza es la miseria, el hambre y el ataque a las viejas conquistas
del movimiento obrero. Nunca como ahora ha crecido la diferencia entre
ricos y pobres. De ese ataque despiadado ya no se salvan ni los trabajadores
de los países imperialistas, como si ocurrió en otras etapas
históricas cuando
las burguesías de los países avanzados (EEUU, Europa) ante
las luchas podían ceder conquistas a sus proletariado en base a
la expoliación de los pueblos del mundo. El imperialismo se ve
obligado, por la crisis crónica de la economía mundial,
a atacar el nivel de vida de sus propios trabajadores, aunque aún
siga siendo superior al de los países atrasados.
Por eso la globalización no es más que una
nueva fase de la contrarrevolución económica permanente
del capitalismo. O sea, una nueva fase de la contraofensiva del imperialismo
para superexplotar a las masas del mundo.
La globalización es la confirmación de que
el sistema capitalista-imperialista es una traba absoluta para el progreso
de la humanidad. Quienes dicen que hay que aceptar la globalización
como «algo natural», y que sólo se trataría
de combatir sus «aristas injustas» o «democratizarla»,
nos están diciendo que hay que aceptar el sistema capitalista imperialista,
cuando la gran tarea es destruirlo para terminar con las injusticias sociales.
Se profundiza la crisis económica del capitalismo
La globalización también tiene una faz
política e ideológica para el impe
rialismo. Con ella han querido convencer a las masas que, después
de la caída del Muro del Berlín (1989), había triunfado
definitivamente el capitalismo. La realidad ha dado por tierra con este
argumento. Hoy ya nadie discute que existe una grave crisis de la economía
mundial capitalista.
Desde fines de la década de los 60 se vive una crisis
crónica de la economía capitalista mundial. Esta crisis
crónica ha tenido distintas fases agudas y un ritmo que ha ido
variando a lo largo de los últimos 30 años. La crisis desatada
a mediados de 1997 con la devaluación de la moneda de Tailandia
que se extendió al conjunto de los «tigres asiáticos»
(Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Corea y Taiwán) es un
nuevo capítulo de la crisis crónica del capitalismo en decadencia.
A fines de 1997 muchos analistas burgueses vaticinaron que se había
llegado «al fin de la crisis». Pero luego se produjo la crisis
de la deuda en Rusia en 1998; la moratoria ecuatoriana y la devaluación
del real de Brasil en 1999. Y a fines del 2000 y principios del 2001 reapareció
en el horizonte la posibilidad de una nueva fase aguda de crisis por los
hechos de Turquía y Argentina y por los síntomas de recesión
en los EEUU.
Se puede discutir si estamos en una nueva fase de crisis
aguda o es una continuación de la abierta en Asia en 1997. Lo nuevo
es que, mientras en las décadas del 70-80 la crisis crónica
presentaba fases agudas en ciclos con algunos años de diferencia
entre uno y otro, desde 1997 se han acelerado las apariciones de las fases
agudas. Se llega al extremo de que, a veces, no se ha cerrado una cuando
ya se abre la otra. Y la expansión de la crisis es mucho más
amplia y profunda, por eso se habla de la «globalización de
la crisis» o del «peligro de contagio».
La multinacional francesa Alcatel anunció que
cerrará 50 fábricas y sus 13.500 empleados serán
despedidos.
En marzo de 1993 el fotoperiodista sudafricano Kevin Carter
trabajaba en Sudán. Allí fotografió a una niña
hambrienta y un buitre que estaba al acecho, registrando una escena del
hambre africano que hoy se sigue reiterando por millones. La fotografía
fue premiada en 1994 y poco después Carter se suicidó.
Genocidio económico
Los niveles del hambre y la pobreza, en el mundo, son
tan altos y alarmantes que en la última asamblea de Amnesty Internacional,
realizada en Dakar (África), se abrió el debate sobre una
ampliación del concepto de derechos humanos. Eso implicaría
condenar las políticas sociales y económicas actuales.
Las cifras actualizadas de organismos
como las Naciones Unidas, la FAO, BM o la OIT son escalofriantes:
En el mundo hay 800 millones de personas
con desnutrición crónica
Según el último informe
del Banco Mundial el 20% de la población (1.200 millones) viven
en pobreza absoluta, con menos de un dólar diario.
Se calcula que para el 2020 la cantidad
de personas hambrientas crecerá a 3.000 millones.
Doscientos multinacionales poseen una
fortuna 8 veces mayor que las poblaciones de 48 países menos adelantados.
El empleo infantil abarca a 250 millones
de niños (BM, 2000)
En el mundo hay 27 millones de esclavos,
más que en 1865 cuando se cree que fue abolida la exclavitud (Informe
ONG AntiSlavery International, en La Nación 21/4/01)
Según la FAO (Organización
de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), aumenta
la malnutrición en las grandes ciudades: 50% en África,
40% en América Latina, 70% en Calcuta. 100 millones de niños
viven o trabajan en la calle de las grandes ciudades.
Según la OIT, el 80% de los
trabajadores del mundo no tiene protección social adecuada.
Según la OMS (Organización
Mundial de la Salud), casi un tercio de la población está
infectada de tuberculosis. Mueren, por esa enfermedad, 2 millones de personas
al año, el 98% en países atrasados, en primer lugar en África.
El SIDA amenaza a 16 millones de agricultores de Africa, que podrían
morir en los próximos 20 años, con lo que se reduciría
la fuerza laboral en un 26%, advirtió la FAO.
La quinta parte del suelo del globo
ha sido erosionada o dañada (FAO).
El volumen de captura de peces en casi
todos los mares del mundo ha declinado desde finales de los años
80, en parte como efecto de la pesca irracional (FAO).
Una depresión en las principales economías y la ola de
despidos
La crisis tiende a generalizarse y los propios analistas
burgueses reconocen su gravedad. La depresión ha llegado a las principales
economías del mundo. «Las tasas de crecimiento se están
reduciendo a mayor velocidad y en más países desarrollados
que en cualquier otro momento desde la crisis petrolera de 1973» (The
New York Times, reproducido por Clarín, 21/8). Cuando
hablamos del inicio de la crisis en EEUU, estamos hablando del 30% del PBI
mundial y de la mayor potencia capitalista. Japón, la segunda economía
del mundo, está estancada desde 1990 y se está agravando con
la caída del consumo, reducción de la producción, nivel
de desempleo más alto desde la posguerra y los bancos tienen créditos
«incobrables» por 282.000 millones de dólares. La economía
alemana registró una detención en el segundo trimestre de
este año; Italia y Holanda no muestran crecimiento y Francia también
tiene signos claros de crisis. En Latinoamérica el cuadro es grave.
Argentina sufre una crisis crónica y de pronóstico reservado.
México se encuentra en recesión desde abril, ligada a la crisis
norteamericana. Brasil sufre una crisis energética y está
muy atada a la crisis argentina. En Asia, Singapur sufre una recesión
de las más graves de los últimos 15 años. Un
dato contundente sobre la depresión mundial lo dio una encuesta del
World Employment Report 2001 al señalar que casi un tercio de la
fuerza de trabajo mundial (1.000 millones de personas) está desempleada.
La agudeza de la crisis también se refleja en la ola de despidos
de empresas multinacionales de los países imperialistas en distintas
ramas de la economía. El grupo de ingeniería suizo ABB Ltd.
anunció una caída de sus ganancias semestrales del 40% y un
recorte de personal de 12.000 puestos; el grupo de medios británico
Reuters registró pérdidas del 17% y 1.100 despidos; el laboratorio
alemán Bayer tuvo una caída del 45% en sus ganancias y anunció
1.800 despidos y la General Electric anunció un plan de 75.000 despidos
en los próximos dos años. Los anuncios de despidos no se detienen:
Chrysler 26.000, GM 15.000, Exxon 16.000, Whirlpool 6.000, JP Morgan-Chase
6.000, la holandesa Philips 4.000 y la sueca Scania 1.200. También
anunciaron despidos las francesas Moulinex (electrodoméstica) y Danone;
la cadena de ropa británica Marks y Spencer y la angloholandesa Unilever
con 8.000 despidos y el cierre de 30 plantas en el mundo. La suiza Sair
Group, compañía madre de Swissair, anunció pérdidas
por 1.600 millones de dólares durante el 2000, las más grandes
de su historia. Aetna, la principal firma de seguros de salud de los EEUU
anunció que sus ganancias cayeron en un 98% en el segundo trimetre
del año. Charles Schuab, principal casa de bolsa de descuento de
EEUU despide a 4.000 personas. Polaroid sufrió un duro revés
al revelarse que su auditor KPMG planteó dudas acerca de la capacidad
de continuar funcionando (The Wall Street Journal, 10/8). La crisis del
sector de transporte aéreo mundial es palpable: las norteamericanas
Delta, American, United y Continental acumulan pérdidas que oscilan
entre 50 y 300 millones de dólares; Iberia cerró con un rojo
de 65 millones; Lufthansa con 83 millones y Alitalia acumuló un lastre
de 185 millones de dólares. Las consecuencias las pagan empresas
como Aerolíneas Argentinas, en manos de la española Iberia,
con la amenaza de miles de despidos.
Las multinacionales abarcan y devoran
En el mundo crece el cuestionamiento a las multinacionales.
Lo que indica un progreso en la conciencia de una franja de masas.
Las multinacionales son el máximo
exponente de la globalización y de la etapa de putrefacción
y decadencia del sistema capitalista-imperialista. Ellas saquean y destruyen
(trabajadores y naturaleza) todo lo que tocan. Un grupo de grandes pulpos
acaparan la más avanzada tecnología, fijan sus precios a
su gusto, superexplotan a los trabajadores y destruyen a quienes se interpongan
en su camino. Son los propietarios de los bancos y de las grandes empresas
con sede en los países imperialistas.
En las últimas décadas
fue creciendo la concentración económica y la modalidad
de trasladar las fábricas o filiales a países subdesarrollados
(México, China, Corea, Taiwán, Malasia, Singapur, etc.)
donde la explotación es mayor, para aumentar la tasa de ganancia.
Según un informe de la
ONU, en la década del 60 había 7.000 firmas multinacionales
con 277.000 filiales y en el 2000 había 63.000 con 690.000 filiales.
Creció diez veces más y fundamentalmente en los últimos
15 años.
La concentración económica,
la fusión de grandes empresas, ha sido a costa de mayor desempleo
y superexplotación de los trabajadores. Lo opuesto a cualquier
«progreso». Según Naomi Klein: «Las empresas
multinacionales, que controlan más del 33% de los activos productivos
del mundo, sólo ofrecen directamente el 5% del empleo mundial.
Y aunque los activos totales de las cien mayores corporaciones aumentaron
un 288% entre 1990 y 1997, la cantidad de personas empleadas por ellas
creció menos del 9% en ese mismo período de enorme crecimiento»
(del libro No Logo).
La fusión entre los laboratorios
farmacéuticos Sandoz y Ciba-Geigy para formar Novartis consiguió
una ganancia de 19.000 millones de dólares y el despido del 10%
de la los trabajadores. La absorción en el sector aeronáutico
de McDonell Douglas por Boeing, significó la pérdida de
miles de puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos: la absorción
de una entidad financiera por el banco de inversión Goldman Sachs
supuso el despido del 20% del personal, mientras los 175 asociados del
grupo se embolsaban una prima de 200.000 dólares para celebrar
la fusión (datos de Xavier Tamayo de la página web Rebelión).
Son conocidos los casos de empresas
como Nike, Reebok (calzado de EEUU), Gap (ropa fabricada en Indonesia),
Levi's o Disney acusados de explotar la mano de obra barata de los países
subdesarrollados. Nike desarrolla el 99% de su producción en Asia
sobre la base del sistema de subcontratistas, con la condición
de que garanticen salarios de hambre y que no tengan huelgas.
Pero la crisis también
les fue llegando a estos pulpos. Por ejemplo, la multinacional francesa
de alimentación, Danone, anunció el cierre de plantas y
el despido de 3.000 obreros en Europa. El rey de la hamburguesa MacDonald's,
analiza el cierre de 250 restaurantes fuera de EEUU porque reportó
menos ganancias por tres meses consecutivos (The Wall Street Journal,
25/7).
Caen las «locomotoras» de la informática y las telecomunicaciones
Uno de los claros ejemplos de la supuesta nueva etapa
del capitalismo «globalizado» era el crecimiento sostenido
de las empresas de la informática y de las telecomunicaciones.
En especial se destacaba las plantas del Silicon Valley del norte de California.
El cambio de clima por el efecto invernadero provocará nuevas sequías.
A la izquierda, una feroz sequía que afectó al oeste de
la India.
Todo indica de que las «locomotoras» están por descarrilar.
Los últimos balances de las empresas de estas
ramas dan sistemática-mente en rojo y no sólo en las empresas
yanquis. Se ha producido una caída en sus tasas de ganancias y
salta la crisis. Por eso los capitalistas usan la clásica receta
de los despidos masivos y el cierre de plantas.
La estadounidense Motorola anunció 25.000 despidos;
Lucent entre 16.000; Xerox 5.000; Gataway 3.000; T. Warner 3.000; la PALM
(líder en computadoras de mano) anunció pérdidas
por 3.800 millones dólares; la francesa Alcatel se desprende de
50 plantas y de 13.000 empleados; Nec de Japón anunció 700
despidos en EEUU; la alemana Siemens frena su expansión en telefonía
celular y anuncia 3.500 despidos y la sueca Ericsson anuncia 22.000 despidos.
El portal de internet Yahoo! y el Puntocom Terra, de Telefónica
de España anunciaron una caída de sus acciones del 79% (datos
Financial Times, 4/2). Por otro lado, INTEL, la productora de microcircuitos
más grande del mundo, anunció también caída
de sus ganancias y despidos.
Es de destacar el incremento de las deudas de las principales
firmas vinculadas al ramo de las telecomunicaciones: Deutsche Telekom
tiene una deuda dos veces superior a la externa chilena; France Telecom
debe lo mismo que Rusia; AT&T debe como Malasia; British Telecommunications
más que Colombia y Telefónica de España casi lo mismo
que Perú (Datos del Financial Times, 15/5).
El efecto invernadero y los no de EEUU
Los científicos
alertan sobre los peligros de la suba de la temperatura del planeta a raíz
del efecto invernadero. EEUU se niega a firmar el Protocolo de Kyoto que
establece algunas medidas parciales para reducir las emisiones de gases.
También se negó a firmar el acuerdo que prohibe el desarrollo
y uso de armas biológicas. Bush le da continuidad a la negativa de
los gobiernos de los EEUU a no firmar ni respetar tratados mundiales.
Un estudio de las Naciones Unidas,
avalado por 700 científicos, pronosticó un duro panorama
de más inundaciones, sequías, ciclones, huracanes y sufrimientos
para la humanidad en las próximas décadas. Estas catástrofes
se darían como consecuencia del llamado efecto invernadero, el
proceso producido por la emisión desmedida de gases, como el dióxido
de carbono o metano, que a su vez provoca el aumento de las temperaturas
medias del planeta.
Las principales fuentes de producción
de gases son, entre otras, la producción de petróleo y gas,
aerosoles, materiales de empaque, refrigerantes, descomposición
de residuos, acerías, fundiciones de aluminio, plantas de cemento,
etc.
Según el informe, emitido desde
Ginebra, en los próximos cien años aumentará la temperatura
entre 1,4 y 5,8 grados, según las zonas. Los desastres naturales
provocarán pérdidas por unos 100.000 millones de dólares
anuales. El nivel del mar subirá hasta 88 centímetros y
se perderán muchas islas. Las lluvias aumentarán o bajarán
entre 5 y 10 por ciento, según las zonas. Las inundaciones o las
sequías provocarán desplazamientos masivos de las poblaciones
y pérdidas de vidas humanas. Desaparecerán glaciares y varias
especies de animales y plantas (datos reproducidos por Clarín,
de Argentina, 20/2/01).
El investigador alemán Schellnhuber
destacó que la única forma de reducir los efectos del cambio
climático es con la aplicación de recortes drásticos
en las emisiones de gases del efecto invernadero. El Protocolo de Kyoto,
que establecía medidas parciales, fue firmado en 1997 por 178 países,
menos por los EEUU. En julio del 2001, en la reunión de Bonn, el
gobierno de Bush volvió a ratificar el no. Con lo cual la aplicación
del acuerdo no rige y de aplicarse tendría muy poca efectividad
porque EEUU es el mayor productor de gases. De esta forma Bush, como Clinton,
sigue defendiendo los intereses de las grandes empresas petroleras e industriales
yanquis.
Pero este no es el único no
de los EEUU. Tiene muchos otros para ratificar que sigue siendo el país
imperialista hegemónico. En julio de este año se negaron
a firmar el protocolo que prohibe el desarrollo y uso de armas biológicas.
Su negativa deja el acuerdo en punto cero, que se tenía que comenzar
a aplicar a fines del 2001, ya que para su ratificación es necesario
el consenso general o que ningún país lo objete. Por otro
lado, Bush amenaza con no pagar los 532 millones de dólares que
tiene de deuda con la ONU si ésta no aprueba la llamada «Acta
de protección de miembros del servicio americano», que impediría
que los estadounidenses sean juzgados en el exterior por genocidio o crímenes
de guerra.
Tan escandalosa es la actuación
de EEUU que hasta sus aliados le tienen que hacer llamados de atención.
El 3 de mayo los EEUU perdieron su puesto en la Comisión de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas, que mantuvo por más de 50 años.
Ese mismo día también fueron excluidos de la Junta Internacional
de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).
Nada más y nada menos que la
Asociación Americana de Juristas difundió una serie de tratados
que los EEUU no acepta o no cumple sobre derechos humanos elementales:
* Los EEUU no han adherido a ninguno
de los dos Protocolos del Pacto de Derechos Civiles y Políticos;
a la Convención contra el Apartheid; a la Convención sobre
la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad;
a la eliminación de todas las formas de discriminación contra
la mujer; a la Convención sobre la supresión del tráfico
de personas y la explotación de la prostitución de terceros;
a la Convención sobre el estatuto de los refugiados; a la Convención
sobre los derechos de los trabajadores migrantes y sus familias y a la
Convención de Ottawa de 1997 que prohibe las minas antipersonales.
* Sobre las 170 convenios de la OIT,
los EEUU adhirieron sólo a 12 y no es parte de los principales,
entre ellos los números 87, sobre libertad sindical, 98 sobre el
derecho de negociación colectiva y 138 sobre la edad mínima
(trabajo de menores).
* Es uno de los dos países
( el otro es Somalía) que no ratificó la Convención
de los Derechos del Niño.
Las causas de la crisis
Nunca como ahora se ha confirmado el pronóstico
de Carlos Marx, hace más de 150 años, de que el sistema capitalista
entraría en una crisis cada vez más aguda y que hundiría
a las masas trabajadoras en la miseria creciente y originaría guerras
y revoluciones. La causa de fondo del avance de la miseria, de la marginalidad,
que amenaza la supervivencia de millones, se explica por que una masa cada
vez mayor de los bienes y las riquezas que producimos nos es arrebatada
para engrosar las ganancias de las multinacionales y los grandes banqueros.
Justamente, bajo la llamada globalización ha crecido el poder esa
oligarquía mundial.
Existe un debate en el mundo, y en especial entre los marxistas,
sobre las causas de las crisis recurrentes de la economía capitalista.
Es importante, desde nuestro punto de vista, distinguir las causas de
la crisis con sus manifestaciones. Estas son distintas en cada fase aguda
y aún diferente entre los países en una misma fase aguda.
Puede ser la suba del precio de un insumo clave como el petróleo,
una imposibilidad de pago de deuda, un ataque contra la moneda, una superproducción,
el derrumbe de una bolsa, etc. Todas esta son expresiones de la crisis,
pero no su causa. La causa es la caída de la tasa de ganancia media
de las más importantes ramas productivas. Esto produce un retiro
masivo de los capitales que buscan hacer sus ganancias en la ruleta especulativa.
La inversión en la producción deja de ser un negocio rentable.
Las fabulosas ganancias que se toman en estos mercados especulativos son
ficticios, y preanuncian las famosas caídas de las bolsas y divisas
del mundo. Por eso las fases agudas de las crisis capitalistas de los
últimos 30 años no se han encarado con mayores inversiones,
utilizando esa enorme masa de capital dinero que gira por el planeta,
sino con mayores ajustes y cuotas de explotación de los trabajadores
y de las naciones. O sea, extrayendo o intentando extraer mayor plusvalía
( mayor explotación) a los trabajadores.
Lo que impide al imperialismo salir de la crisis crónica
son las luchas del movimiento de masas. Ya que los capitalistas no pueden
lograr los niveles de explotación que precisan para recomponer
las tasas de ganancia. Es indudable que el imperialismo avanzó,
desde la década del 90, en la explotación y el saqueo de
los países atrasados y de Europa del Este, con las privatizaciones
y el mecanismo de la deuda externa. Sin embargo, no logró todos
sus objetivos para llegar a un incremento de la plusvalía absoluta
del tamaño necesario para evitar un declive en sus tasas de ganancia.
Y ello se debió a que, paralelamente con la caída del «socialismo
real» se abrió una nueva etapa revolucionaria de luchas en
todo el mundo, que trabó sus planes. Sus objetivos fueron recortados
parcialmente por las luchas de los mineros rusos, por las huelgas de Francia
de 1995 y por las del resto de Europa, por las huelgas de Corea del Sur,
por las luchas de Latinoamérica, por las huelgas en EEUU y por
las movilizaciones mundiales que se abrieron con Seattle que traban sus
proyectos de «libre comercio».
Crece el armamentismo
Mientras avanza el hambre y la pobreza
en el mundo, crece la producción y venta de armas. Según
un informe del Congreso estadounidense, publicado en el New York Times
(20/8), la venta mundial de armas aumentó un 8% en el 2000, llegando
a un volumen de 36.900 millones de dólares. EEUU es el principal
vendedor y comercia cerca de la mitad de las armas del mundo, especialmente
a países en desarrollo. De acuerdo al informe citado, Medio Oriente
es el mayor mercado de armas en el mundo subdesarrollado. EEUU provee
armas y aviones caza F16 a Israel, a los Emiratos Árabes y a Egipto.
Los otros grandes vendedores de armas son Rusia, Francia, Alemania y Gran
Bretaña.
EEUU desarrolla el armamentismo porque
quiere fortalecer su rol de gendarme mundial, para lo cual necesita sostener
su supremacía militar para seguir comandando las intervenciones
de la OTAN, los bombardeos a Irak, apoyando a Israel o la aplicación
del Plan Colombia. Pero además porque necesita sostener su complejo
militar-industrial para contrarrestrar la crisis económica y desaceleración
productiva de su país.
Bush, desde que se instaló en
la Casa Blanca, ha tenido la decisión de desarrollar el Sistema
de Defensa Antimisiles (NMD), llamado «Hijo de la Guerra de las
Galaxias», que tiene un presupuesto asignado de 60.000 millones
de dólares. Decisión que ha creado un problema político
mundial. Ya que para avanzar en dicho proyecto, los EEUU necesitan tener
el visto bueno de Rusia para modificar el Acuerdo de reducción
de armas (ABM), firmado en 1972.
Después de la disolución de la Unión
Soviética, llamativamente, el presupuesto militar de los EEUU aumentó
en 112.000 millones de dólares en 1998, bajo el gobierno de Clinton.
El total del presupuesto del Pentágono es de 320.000 millones de
dólares, superior al de todos sus países rivales juntos _una
muy buena noticia para las empresas norteamericanas como Lockheed, Raytheon
y Boeing. Con el gobierno de Bush esa tendencia no hace más que consolidarse
con el proyecto antimisiles NMD.
La contraofensiva imperialista
Ante esta hecatombe mundial, el imperialismo y sus gobiernos aliados no
tienen otra salida que intentar avanzar en la superexplotación
y saqueo permanente a los trabajadores y los pueblos del mundo. Existe
una brutal contraofensiva económica del imperialismo, que lleva
años y que se renueva ante cada pico de la crisis mundial.
La ola de despidos mundial es una de sus expresiones. Aumentando
las tasas de desempleo los capitalistas buscan presionar a los trabajadores
para rebajar los salarios y empeorar las condiciones de trabajo. En todos
los países, los gobiernos (sean liberales, conservadores, socialdemócrata
o de cualquier variante de centroizquierda) quieren imponer planes de
flexibilización laboral y de aumento en los ritmos de trabajo.
Se baja el nivel de vida atacando o liquidando el salario social: salud,
educación, jubilación (que se va entregando al negocio de
los fondos de pensión), el seguro al desempleo, a los accidentes
de trabajo, Se utiliza la inmigración de trabajadores extranjeros
para crear un proletariado sometido a mayores niveles de explotación,
como sucede con los trabajadores mexicanos y latinos en EEUU o con los
trabajadores africanos, turcos, asiáticos o latinos en Europa.
Aumenta el trabajo esclavo, infantil y los niveles de explotación
de la mujer.
Aumenta la penetración del capitalismo en el campo,
provocando más explotación (utilización de los transgénicos,
ingreso de la Monsanto en el sur de México, etc) y el traslado
de masas de ex campesinos a las ciudades, que no encuentran trabajo o
se ofrecen por cualquier paga. El imperialismo y las multinacionales saquean
a los países atrasados a través de las privatizaciones de
sus empresas y sus recursos naturales (petróleo, agua, luz, gas,
etc). Lo mismo hacen vía el proceso de restauración capitalista
en la ex URSS, los países de Europa del Este, China o Vietnam.
La otra forma de saqueo es el mecanismo de la deuda externa y los planes
del FMI. La deuda externa de todo el llamado Tercer Mundo pasó
de 1,3 billones de dólares en 1992 a 2,1 billones a fines del 2000,
mientras que el pago de intereses subió de 167.000 a 343.000 millones
(datos de Le Monde Diplomati-que, mayo del 2001).
Otra cara de la contraofensiva del imperialismo es
el intento de establecer acuerdos regionales de «libre comercio»
en donde los EEUU, y en algunos casos el imperialismo europeo, impone
sus normas comerciales de expoliación de los países atrasados.
La crisis mundial ha intensificado los roces inter-imperialistas por ganar
espacios de explotación en los países atrasados. Esto se
refleja, por ejemplo, en sus peleas en la Organización Mundial
de Comercio -OMC- y en la disputa por los mercados. El imperialismo europeo
ha creado el Plan Maastricht para imponer sus normas y atacar el nivel
de vida de sus trabajadores. En Latinoamérica, los yanquis están
centrados en imponer el ALCA, que es un pacto de rapiña con el
cual buscan eliminar las trabas que aún puedan subsistir para avasallar
las economías locales, establecer zonas de libre comercio para
el montaje de empresas bajo el sistema de maquila, garantías para
cobrar la deuda externa y las patentes farmacéuticas.
La imagen del Che Guevara en una marcha de protesta en
Taipei, capital de Taiwán.
El acuerdo China-Rusia
El 16 de julio, en Moscú, los presidentes Jiang
Zemin y Putin, de China y Rusia, firmaron un pacto de amistad que ellos
denominaron «asociación estratégica». Es el primer
acuerdo de este tipo desde 1950. ¿Qué significa este pacto?
¿Se constituye un frente antinorteamericano, que puede jugar un rol
progresivo para las masas? ¿Es un cambio de ambos gobiernos en su
creciente acercamiento a los EEUU y en la aplicación de planes de
restauración capitalista en sus países? La
declaración firmada contiene críticas al armamentismo norteamericano,
a su proyecto antimisiles y a los bombardeos de la OTAN en Yugoslavía.
Cuestiones que son correctas, pero que están lejos de significar
una preparación para enfrentarse política y económicamente
con los EEUU. En realidad, el acuerdo chino-ruso
tiene como objetivo unir fuerzas para presionar y negociar en mejores condiciones
con el imperialismo yanqui. Por la crisis económica mundial, Bush
ha salido a desconocer distintos tratados (como el de Kyoto) económicos
y militares. Bush quiere imponer nuevas ventajas para los EEUU y sus empresas.
Esta política hace que aumenten los roces del imperialismo con países
y gobiernos como los de China, Rusia, Brasil, Irán, India o Venezuela
(como país petrolero importante). Por eso casi todos estos gobiernos
han salido a hablar de la necesidad un «mundo multipolar» y
no «unipolar». Desde distintos ángulos, la mayor parte
de estos gobiernos buscan acuerdos mutuos (caso Brasil-Venezuela, en Latinoamérica)
para negociar con EEUU. Mientras, en sus países siguen aplicando
planes económicos contra sus pueblos. China ha recibido una media
anual de 35.000 millones de dólares en inversión extranjera,
para consolidar sus enclaves de restauración capitalista bajo el
régimen dictatorial de la burocracia del PC chino. Una
demostración del sentido del acuerdo China-Rusia se vio en la reunión
del G8 de Génova. Putín, uno de sus miembros, llegó
a Génova días después de haber firmado el acuerdo con
China. Y allí, Putin, que se oponía a cualquier plan antimisiles
de los EEUU, cambió drásticamente y le aceptó a Bush
discutir «una posible reducción de ojivas nucleares (en Rusia)
y la modificación del ABM» (Clarín de Argentina, 23/7).
O sea, modificar el tratado de 1972 tal como es la propuesta de Bush.
Sin embargo, estas posturas de los gobiernos chino y ruso
no nos pueden hacer dudar que, ante cualquier agresión económica,
política o militar de los EEUU, contra sus países, debemos
estar incondicionalmente del lado de esas naciones y sus pueblos contra
el imperialismo.
Una rebelión de masas contra la globalización
La aplicación de esas medidas, que son parte de la contrarrevolución
económica, no hacen más que incentivar las luchas de las masas
en todo el mundo. Los trabajadores, los desocupados, los campesinos, los
indígenas, los estudiantes y otros sectores explotados hacen semiinsurreciones,
huelgas generales, marchas multitudinarias, tomas de tierras, cortes de
rutas, derriban planes de ajuste, ministros de economía y gobiernos.
Una rebelión de masas enfrenta las consecuencias de la globalización
capitalista.
A fines de 1999, con la movilización de Seattle (EEUU)
nació un movimiento de repudio al imperialismo, al FMI, al Banco
Mundial (BM), a la OMC, al ALCA y a las multinacionales, que tendría
continuidad en Praga, Davos, Porto Alegre, en las movilizaciones contra
el ALCA (Buenos Aires y Quebec), Barcelona, Gotemburgo,y en Génova
con una movilización de más de 250.000 personas. El movimiento
antiglobalización es parte importante del conjunto de luchas obreras
y populares que cruza el mundo que también enfrenta a la globalización
capitalista. Pese a ellas, el imperialismo y las burguesías nacionales
vienen imponiendo nuevos niveles de explotación y de saqueo de
los países atrasados. Por eso se sigue agudizando, en el mundo,
la brecha entre ricos y pobres.
De todos modos, el imperialismo está lejos de lograr
una derrota de alcance mundial a los trabajadores y a los pueblos. Las
masas obstaculizan la aplicación de los planes de explotación
y por eso el imperialismo no logra superar la crisis crónica de
la economía capitalista que viene de fines de los 60 y que ha pegado
un nuevo salto desde 1997.
Por otro lado, las masas, por el rol de las direcciones reformistas y
la ausencia de una dirección revolucionaria, no logran aún
triunfos contundentes. Debido a ello el imperialismo y sus gobiernos aliados
vuelven a la carga para que la crisis la paguen los trabajadores. Por
todo eso la tendencia mundial es hacia crisis económicas, políticas
y sociales recurrentes.
La crisis la tienen que pagar los ricos. Para terminar
con este desastre que vivimos, que va a empeorar en el futuro, sólo
queda un camino: la lucha revolucionaria obrera y popular contra los planes
de hambre del imperialismo, las multinacionales, el FMI y sus gobiernos
en cada país. En la perspectiva de destruir al causante del hambre
y la explotación: el sistema imperialista capitalista que domina
al mundo.
Marcha en París, el 9 de junio, contra los despidos.
Argentina
Palestina
Israel: la fortaleza sitiada
Carmen Carrasco A un año
del comienzo de la segunda Intifada, el ocupante sionista se
revela cada vez más incapaz de sofocarla, a pesar de su brutal respuesta
represiva, y de los asesinatos selectivos de altos dirigentes palestinos.
Esta violencia ha provocado, por el contrario, la reacción del pueblo
palestino, que se movilizó por decenas de miles para despedir a su
líder Abu Alí Mustafá, máximo dirigente del
Frente Popular de Liberación Palestina asesinado el 28 de agosto
en Ramallah, y a los dirigentes del movimiento islámico Hamas asesinados
el 31 de julio en Nablús.
Cuando van 578 palestinos, 156 israelíes y 13 árabes israelíes
muertos, el régimen israelí se encuentra cada vez más
aislado internacionalmente, como lo demostró la Conferencia contra
el Racismo en Sudáfrica, y cada vez más acorralado por la
Intifada.
Ariel Sharón ocupó el cargo de Primer Ministro de Israel en
marzo de este año suspendiendo las negociaciones de paz con los palestinos
y prometiendo a los israelíes seguridad a costa de represión,
pero viene fracasando en el intento.
Su política ha sido una escalada de la represión, pero sin
llegar a la guerra abierta.
El cierre de los pasos entre Israel y Gaza y Cisjordania, generó
un desempleo de un 70%, a lo que se suma la extensión de los asentamientos
de colonos judíos en los territorios ocupados - en lo que va del
2001 ya van 17000 nuevos colonos - rompiendo todos los acuerdos firmados
desde 1993.
Sharón envió aviones F-16 a bombardear blancos en las ciudades
de Cisjordania y Gaza, y las Fuerzas Armadas israelíes ingresaron
con tanques en territorio controlado por los palestinos.
Su táctica privilegiada son los ataques a las sedes de la policía
y la Autoridad Palestina, y los asesinatos selectivos de dirigentes de las
organizaciones políticas palestinas, utilizando helicópteros,
tanques y aviones. Al día de hoy ya van más de cincuenta dirigentes
palestinos muertos, dentro de ellos altos líderes como Mustafá
y los dirigentes de Hamas.
Pero en lugar de lograr su objetivo de aplastar la Intifada la represión
de Sharón ha generado una radicalización sin precedentes.
Ante la desesperación a que los israelíes los tienen sometidos,
los jóvenes palestinos se alistan por miles como voluntarios para
realizar ataques suicidas en Israel, que causan numerosas víctimas,
como el atentado en una discoteca de Tel Aviv en junio y en una pizzería
de Jerusalén en agosto. Decenas de miles de palestinos se movilizan
en las calles, como sucedió durante el entierro de los dirigentes
de Hamas, en que 100.000 personas salieron a la calle en Nablús,
y el en tierro de Mustafá, en el que 50.000
personas desfilaron en Ramallah.
Los ataques contra los colonos y los soldados judíos se multiplican,
como sucedió el 25 de agosto, cuando dos jóvenes palestinos
se infiltraron en un puesto militar sin ser vistos mientras que los soldados
israelíes, que fueron sorprendidos durmiendo, se disparaban entre
sí. Lo más importante es que, a diferencia de la primera Intifada,
protesta de
jóvenes armados de piedras, esta vez los palestinos responden a los
ataques del ejército israelí con armas de fuego, que si bien
no son nada comparadas con la refinada maquinaria militar sionista, han
provocado a los israelíes una gran cantidad de bajas.
Tanto Israel como la Autoridad Palestina se muestran incapaces de frenar
el ingreso de armas y la fabricación casera de morteros y de bombas
con las cuales los jóvenes palestinos enfrentan al ejército
y a los colonos judíos armados hasta los dientes.
La Autoridad Palestina tampoco pudo desarmar a las corrientes de la resistencia
antisionista. A pesar de los límites establecidos en los acuerdos
de Oslo, las fuerzas de seguridad palestina, que debían tener un
límite de 30.000, llegan a 41.000 personas, fuera de las cuales se
encuentran las fuerzas de Tanzim, el brazo armado de Fatah, y las brigadas
armadas de Hamas y Jihad Islámica.
Hace unos años Amnesty International estimaba que había alrededor
de 20.000 policías en Gaza solamente, equivalente a un policía
por cada 50 residentes, y sugería que era la relación más
alta policías - población en el mundo.
El ejército en problemas
Esta resistencia indomable es la que desespera al ejército israelí,
que supo vencer a todos los ejércitos árabes unidos, y que
hoy empieza a mostrar signos de impotencia frente a los
Concentración multitudinaria en entierro de los seis
dirigentes de Hamas y
dos niños. jóvenes pobremente armados
de los territorios ocupados.
En dos ocasiones en los últimos meses Israel ingresó a poblados
de los
territorios ocupados, pero no pudo mantener su ocupación más
que unas
horas, debiendo retirarse rápidamente, debido a la gran presión
internacional en su contra.
Los errores suceden cada vez más frecuentemente, como lo demostró
la
infiltración de dos jóvenes palestinos en un puesto militar
en Gaza en
agosto, y como lo demostraron varios atentados fallidos contra dirigentes
palestinos.
Para Martín Van Creveld, experto del ejército israelí,
"el ejército
israelí ya no está en condiciones". Su conclusión
es que «lenta pero
seguramente, Israel está perdiendo la guerra" (Libération,
27-09-01).
A todo lo anterior se suma el creciente aislamiento internacional de
Israel. Durante su gira europea de mitad de año, Ariel Sharón
no pudo
visitar Bélgica, porque se ha abierto un proceso contra él
por su
responsabilidad en las masacres de los campos de refugiados palestinos de
Sabra y Shatila en el Líbano en 1982.
Estados Unidos e Israel se tuvieron que retirar de la conferencia contra
el racismo organizada por las Naciones Unidas en Sudáfrica, donde
una
impresionante movilización de 50.000 personas dio nacimiento a un
movimiento internacional antiapartheid contra Israel (ver recuadro).
En el mundo crece la idea de que sionismo es sinónimo de fascismo,
y en
todas partes aumenta la solidaridad con el pueblo palestino.
La crisis económica
A esta situación se agrega la crisis económica de Israel,
provocada tanto
por el enlentecimiento de la economía mundial como por el estallido
de la
Intifada.
El número de personas que buscan empleo en Israel llegó en
julio a su
nivel más alto desde la creación del Estado hebreo. La tasa
de desempleo,
que está en un 9%, saltó en julio un 3.7% contra un alza media
mensual de
0.4% desde el comienzo de año. En ciertas ciudades, esencialmente
aquellas
donde están concentrados los rusos (Ashdod o Ashkelon, al sur de
Tel-Aviv)
y los árabes israelíes (Oum el-Fahem, en Galilea), más
del 10% de la
población está desempleada.
Hace un año la economía israelí estaba en su mejor
momento. El sector high
- tech estaba en pleno auge y el año 2000 hacía afluir peregrinos
a Tierra
Santa. Ante la perspectiva de que el conflicto con los palestinos
terminara, los oficiales del ejército debían prometer a los
soldados
premios especiales para que no se fueran a trabajar al "Shalom Valley",
al
norte de Tel Aviv. Pero la caída del Nasdaq destruyó la industria
de alta
tecnología, haciendo desaparecer un tercio de las empresas del sector
en
menos de un año, mientras que la Intifada hizo caer
Palestina
el turismo un 50% en relación con el año anterior
y frenó el sector de la
construcción.
La tasa de crecimiento será inferior a 1% en 2001 contra 6.2% en
2000, y
la lucha contra la Intifada hace que una parte creciente de las finanzas
públicas se destine a los gastos militares. Una encuesta del periódico
Ha'aretz encontró que e |